Inutilidades superadas
Sep 30th, 2007 | By Pitonizza | Category: algo personal
Con la necesidad de sobrevivir he ido superando ciertas banalidades en las cuales era una incapaz:
Con la necesidad de sobrevivir he ido superando ciertas banalidades en las cuales era una incapaz:
Siempre te amé, hermosa, desde que eras mugrienta y apestosa, ahora luces moderna y maquillada. Siempre te amé, siempre te amaré.*
Si te dejara, dejar tus calles que me vieron crecer, que vieron mi felicidad y mi actual pobreza. Ese malecón que te adorna, las mansas aguas del río Guayas, majestuoso, con cuya brisa peleo al encender mi tabaco. Los brazos de mar que te abrazan de este a oeste, los puentes, los cerros, las avenidas transitadas, aquella bahía donde confluyen todos los comercios, donde nunca aprendí a regatear. Tu corazón palpitante, tu bandera celeste blanco…
Conociendo tu debilidad, y dadas tus miradas furtivas a mi escote, reciclo este post de la extinta e.s.o.t.e.r.i.c.c.a solo para que tú leas.
Con el libro del colombiano Gustavo Bolívar Moreno “Sin tetas no hay paraíso”, salió de la oscuridad la palabrita tabú, así como nuestro presi nos recordo la acepción de la otra palabrita tabú. Bueno, yo nunca uso el horrible eufemismo “chichis” para referirme a mis tetas… me suena a palabra de farandulera rosa. Tampoco me refiero a ellas como “senos” (muy Trigonométrico). En ninguna circunstancia les digo así a mis hermosas tetas.
La inspiración no me ha dejado… los post siguen ebullendo en mi cabeza y pugnan por salir por las yemas de mis dedos… sin embargo, empiezo esta sección “Recicled post” dedicándosela a alguien muy especial que conoce mi alter ego, sin haber tenido la oportunidad de leer a la e.s.o.t.e.r.i.c.c.a.
Algo de mí va implícito en estas palabras… tú sí sabes leer entre lineas. Me conocerás mejor…
Si te gustó mi post, invítame un café.Requisitos físicos:
Alto (ya me duele el cuello de mirar hacia abajo).
Abundante vello corporal y facial.
Fornido, para que me defienda.
Requisitos varios:
Rockero antiregetonero.
Que no le importe el humo de mi tabaco.
Que le gusten los niños (no para procrearlos, para cuidar a mi hija).
Estabilidad económica y emocional.
Sin madre (¡no quiero suegra!) o por lo menos, sin cordón umbilical.
No mujeriego.
Sin vicios más graves que los mios.
Que cumpla su palabra.
“Ganarás el pan con el sudor de la frente” Esta frase bíblica me cae de maravillas. Ayer casi me tuve que subir al bus, saltando el sensor para cantar y ganarme unas monedas. Esculcando mi viejo y adorado bolso encontré 50 centavos, así que pude venir al trabajo. Una vez aquí, de casualidad se hizo una venta, y se salvó mi merienda, consistente en pan con salchichas y ice-tea. Como no soy una madre desnaturalizada, ya había previsto la comida de mi hija, ella se dio su festin con una nutritiva sopa de choclos con papitas y huevo… En ella no me mido, está creciendo, debe comer bien todos los días, en cambio yo ya no creceré, aunque no tengo reservas adiposas para aguantar estas hambres, puedo engañar a mi estómago más fácilmente. Hoy debo cobrar un dinero, con eso podré cumplir mi promesa de pago a la tarjeta de crédito.
Mientras fumaba un cigarrillo en una banca de un paradero, accidentalmente entablé conversación con Eloísa (nombre protegido). Se acercó a mí por mi encendedor. Ella, frágil como yo, casi de mi edad, madre soltera de un niño de diez años. No recuerdo bien como comenzamos a conversar. Para efectos del post, convertiré dicha conversación en entrevista.
Quiero dejar por sentado que soy la mayor detractora de aquella bazofia conocida como regeton, más aún que la loquita esa que ustedes recuerdan. Desconozco quienes han venido por aqui sin haber conocido a mi precedente loquita. Si hay algo en lo que coincido con ella es en el odio desmesurado por esos ruidos insoportables. Explico mi postura al respecto, que no quede la menor duda sobre mi abierta repulsión.
¿Porque el regeton es peor que la basura?*
Estoy escribiendo a mano por primera vez en quince años*. Mi palm está sin baterías, mi computadora en el local y francamente escribir en el celular resulta bastante engorroso hasta para mí. En mi cuarto de 2×3 intento aislarme de mi hija, quien insiste en jugar con los gatitos. Con música new age de fondo y el leve susurro del ventilador me enfrento a mis pensamientos interrumpidos de tanto en tanto por las exigencias de mi tirana a quien intento someter a mi dictadura. Por fin no más intromisiones en la forma como la educo. Por fin su padre y yo empujamos en la misma dirección. Por fin tengo paz. Estoy aquí, sola, meditando sobre el futuro que nos espera… ¡tanto trabajo por hacer! A veces, la energía me abandona, es difícil trabajar con hambre. Tantas necesidades insatisfechas. Un anhelado microondas, una refrigeradora, un closet desplazaron a la laptop y el Iphone con los que soñaba meses atrás. Mis deseos sexuales también han decrecido. No tengo ánimos de tocar a nadie (a excepción del hermoso amigo sexual con quien me topé el otro día en 9 de Octubre y Chile. Aparte de eso, nada. El mundo que ahora es mio se me vuelve tan inhóspito. Las calles, la gente que pasa por mi lado, los cigarrillos que fumo uno tras otro mientras veo asomar mis huesos sacros de manera antiestética. ¡Tanto por hacer! Supongo que en cuanto organice detalles como mi almuerzo, la resistencia de mi hija en comer lo que le ofrezco, saldar la horrible cuenta con las tarjetas de crédito, supongo que entonces mis caderas volveran a redondearse, a ocultar esas horribles aristas dando paso a la mujer deseada que solía ser. Aunque eso no es lo que me preocupa. ¿Deseada por quién? No me interesa atraer a nadie. Mi amigo sexual siempre encontró jugosos mis huesos. Sé que él siempre está cautivo y él podrá desestresarme en cuanto lo arregle. Lo que en realidad me preocupa es cuánto durará esta transición. Esta libertad a medias, pues sin los medios económicos suficientes estoy negada a hacer muchas cosas. Le pido a Dios luz para dirigir mi negocio. Fuerza para soportar el hambre. Sabiduría para educar a mi hija. Olfato para esquivar a los lobos vestidos de oveja. Fe para creer lo que no se ve. Aquel departamento privado donde pondré mi microondas, mi refrigeradora, mi ropa en mi closet, no en cartones o maletas. Libertad de poder comer un helado sin peligrar el almuerzo del día siguiente. Y la armonía perdida en casa, donde aún no entienden las razones de mi emancipación, precipitada segun ellos, tardía según yo.
Cuando una se las ve sola por ahí, sin la comodidad y la certeza de que todo está al alcance de la mano, solo resta mirar alrededor y ver qué puede ser útil para qué. Al estilo Mac Gyver.
Descubrí varios hechos antes desconocidos por mí. Les traspaso mis tips cuando se vive sola en casa ajena.