Como a la mayoría de las féminas, me impactó su varonil porte, su coqueta sonrisa, su garbo al caminar… Atraída por esas cualidades obvias, me interesé en su discurso alentador, cargado de innovadoras ideas, para algunos, un champu de ideologías algunas caducas, otras controversiales. Desoyo a quienes con escepticismo consideran arriesgadas y “ahuyenta-inversión-extranjera” sus políticas. Perdono sus desatinos, malas palabras, enfrentamientos con periodistas y diputados.. ¿Será que sigo enamorada? ¿Hasta cuándo me durará el amor? No he salido directamente favorecida con ninguno de sus regalos (como por ejemplo, bonos paternalistas a madres solteras, a cuyo beneficio no puedo acceder por contar con tarjetas de crédito copadas.) Encareció mis tabacos. Porta sigue subiendo de precio los celulares. Subió el impuesto a la televisión por cable. Igual sigo enamorada… creo en la revolución bolivariana, aunque a veces me confundan los términos… creo en la constitución que nacerá de Montecristi… creo en ud. Sr. Presidente, me enamoró desde ministro, me conquistó en las cuatro vueltas electorales, sigo creyendo y disculpando los aletazos, subida de aranceles, entre otras acciones que mi mente no-economista no logra comprender (yo solo llegué a segundo año de economía en la Católica). Sigo enamorada, y me aferro a ese amor para tener la esperanza de mejores días, la fe de que se reactive el sector de la construcción y tener contratos mes a mes como antes. Sigo ciega enamorada. Creo. Confío. Espero.