Aceptación

Por casi toda mi vida, el término “aceptación” me recordaba al conformismo del que siempre he huído. La acción o efecto de aceptar me sonaba a conformarse. Lo sentía como una actitud resignada, que no espera una mejora pues acepta. Qué tan lejos de la verdad estuve… Aceptar es vital para tener una actitud en la vida que sea positiva y no vaya contra la expansión a la que deberíamos todos apuntar. Pero ¿qué es lo que diferencia a una persona que acepta una situación que no puede cambiar de una persona conformista?

Aceptación no como conformismo.

Nuestro camino por la vida es una constante toma de decisiones. Es prioridad tener siempre presente que en la misma medida que ejercemos nuestra libertad debemos recordar nuestras responsabilidades y aceptar las consecuencias de dichas decisiones. Como individuos libres deberíamos respetar la libertad de los demás, siempre evitando a toda costa hacer daño, y que nos lo hagan a nosotros. Para evitar ese daño, hay que actuar, movernos en otra dirección. Si no hay nada que esté entre nuestro abanico de decisiones para cambiar la situación, lo que mejor cabe es la aceptación, es lo más sabio. Si no se detecta el daño y se permite por inactividad o negligencia, hablamos de conformismo.

El conformismo es el estancamiento en un estado, ya sea por comodidad, pereza o represiones, el que se conforma acepta su estado aunque este sea no tan bueno o directamente malo. Por ejemplo, una mujer que vive a la sombra de su marido, sufre en silencio y aguanta, ella cree que la vida es así, que debe mantener las apariencias, o teme no poder enfrentar el mundo sola, ya sea por dependencia o interés económico o por no poder vivir una relación que no sea disfuncional. Esta mujer acepta los golpes, los cree inevitables. Por lo que sea, este es el caso típico de conformismo, que tanto limita el desarrollo personal y que lamentablemente se irradia a las sociedades que se vuelven conformistas. No es una aceptación sana, pues se permite un daño que se podría evitar saliendo de esa situación tomando la decisión correcta para lograrlo.

Cuando solo queda aceptar

Aceptar es entender el aquí y ahora. 

Hay circunstancias que son lo que son, luchar contra ellas solo resulta en desgaste. Siempre debemos buscar como sentirnos bien en el lugar en el que estamos, usar los recursos que tenemos a mano y seguir.

Aceptar como parte de amar

El amar implica aceptar a la otra persona, no querer cambiarla, adaptarla, modelarla, manipularla. Aceptar la libertad de la otra persona es parte de vivir en armonía.

La aceptación más complicada es hacia uno mismo. Para aceptarse, primero hay que conocerse, para lograrlo hay que emprender un camino de introspección y reflexión diaria de modo que nos volvamos conscientes de nuestras falencias, defectos y debilidades para no exigirnos demasiado y caer en la frustración, sin dejar de cultivar nuestras fortalezas y habilidades. Eso construye una fuerte autoestima que es la base para una vida plena y feliz.

Aceptar para seguir viviendo

A veces aceptar es resignarse. Muchas otras es entender que toca cambiar de rumbo. Aceptar los cambios, comprender que todo puede cambiar, que la inmutabilidad no existe. Aceptar es apreciar. Aceptar también es una decisión y está en nuestras manos tomarla. La actitud con la que se acepta es el filtro por el cual se ve la realidad.

© 2016, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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