Benditas redes

Siempre fui marginada en la escuela. Era muy torpe, no distinguía izquierda de derecha -aún no lo logro, por eso me abstengo de conducir vehículos motorizados-. Aparte era fragil, asmática, delgaducha y temerosa de mirar a los ojos a nadie. Obvio este comportamiento mató toda mi vida social en mi adolescencia, por motivos de “lejanía” nunca nadie me invitaba a sus fiestas, pues era un calvario encontrar un taxi que me lleve a Durán, aparte de la guardianía de mi madre que era bastante estricta e inflexible.

Me gustaban cosas que a nadie de mis compañeras de colegio o vecinas o primas o cualquier persona cercana a mí, le gustaban. Por ejemplo, música en inglés, thrash rock. Para mis amigas eso era “música de hombre”. Pero a mí me gustaba, ¡me gusta! En la Universidad se acentuaron las diferencias. Mientras todas suspiraban por Alejandro Sanz, yo lo aborrecía, a él y a toda la música cursi que se suponía escuchaba el género femenino. Y nadie apreciaba las baladas en inglés que yo escuchaba. Incluso una de mis compañeras de clase en la U. Católica me dijo que Metallica era música satánica y que ella estaba preocupada porque su hermano había comprado ese mismo discoque yo tenía. Y para colmo, yo en esa época me vestía como varón rockero, con jeanes anchos, chalecos, pulseras punk y anillos de calavera, pues ¡el satanismo se está implantando en la U. Católica! ¡Recemos por sus almas atormentadas por el rock! Y yo siempre me quedaba con ese sabor de boca de “da fuck”, de nuevo no encajo aquí.

Mi época de trabajo más estable y normal, donde debía acudir uniformada y disfrazada de persona adulta estandar de la clase media trabajadora, también fue escenario de momentos en los que me sentí desfasada totalmente, incluso peor que en mi época universitaria. Mis compañeras de trabajo eran todas señoras casadas, con hijos, con marido, pagando casa, cuya única diversión constituyen los domingos, día libre para ir a comer al mall. ¡Funesto! Es que nada en común. Yo era soltera, mis hormonas no se hubieran podido atar a un hombre estable a esas alturas de mi vida, tenía semi-libertad para hacer lo que yo quisiera, ¡no iba a desperdiciar esa libertad comiendo en un Burguer King! Todas mis amigas estaban casadas. De pronto me noté solitaria nuevamente.

Hasta que llegó la Internet para quedarse… y así comenzar a ahondar en información que proviene de otras personas alrededor del mundo que de otra manera no habriamos conocido. Entendiendo poco a poco en esa jungla de salas de chat, hi5 y blogs. Me creé una “persona” de Internet llamada Pitonizza Gore, y uds ya saben el resto. Y si por primera vez llegas a uno de mis artículos, cuando empecé como Pitonizza (Esotericca) no tenía ni la más remota idea de cuántas personas leían mis escritos, donde me desnudaba hasta quedar totalmente vulnerable e indefensa. Fui modificando mis escritos, mezclando ficción con realidad, apartando más mi vida privada y sentimental de las redes. Fue en ese momento en que apareció en mi vida el gringo que me cambió el apellido. Y la vida.

Por eso benditas sean las redes sociales. Porque fue así que él, “stalkeandome” en todas ellas captó mi interés y me enamoró. Y las redes siguen sorprendiendome, esta vez cambiando el elenco de amigas y amigos en las dos grandes facetas de mi vida que me apasionan: el arte y el conocimiento. Mis contactos están llenos de intelectuales, actrices, filósofos, pintores, fotógrafos, cantantes, drag queens, expertos en informática, escritores, librepensadores, clowns, malabaristas, ingenieros, teatreros, expertos en e-marketing, emprendedores… la lista es así de variada y rica. Al fin encuentro esa gente con mis mismas pasiones, mis mismos gustos, los talentos que admiro. Y ahora estoy regalandole mi corazón a la última joya que me trajeron las redes. Benditas redes.

© 2015, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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