Casualidades no casuales

A veces el universo conspira para que ciertas cosas sucedan. Como ese día que yo iba a salir apuradamente a hacer arreglar mi computadora. Mi gurú, el técnico que tan solícitamente siempre me salva de dichas calamidades, me había citado a las 2 de la tarde. Ya estaba arreglandome cuando de pronto, Firefox me alerta de un email reciente. ¡Imposible de creer, pero cierto! Mi técnico me cancela la cita, el arreglo de mi máquina queda postergado. Resignada a seguir trabajando con una computadora lenta y agripada, me vuelvo a sentar frente a ella, a seguir mi trabajo. De pronto, por la ventana, veo una silueta masculina. Mi miopia me impidió discernir quién era, fui a donde mi madre a que ella abriera la puerta, pues seguro no era para mi. La timbrada voz de hombre pregunta por mí. Al salir eras tú. Lindo verte, y pensar que casi no nos encontramos, tras diez años de habernos separado…

Sí, mi hija es de otro, pudiste ser tú, pero no fue así. No eres estupido por no haberme retenido entonces, las cosas pasan por algo, talvez debí vivir las malas experiencias que posteriormente tuve, esos fracasos aparatosos, esos romances de los cuales me arrepiento más que nadie (si hay algo de lo que me arrepiento es de “eso”). Talvez también aquella loca de tu pasado servirá para algo, te habrá dejado lecciones, nadie es tan inutil aunque lo parezca. Pero en fin. No importa. Estamos juntos. Aunque estes lejos. Sé que pronto estarás cerca, para poder yacer en tus amplios hombros como siempre me gustó.

© 2009, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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