Quiero expresar mi agradecimiento público al reportaje que Luisa Cuesta @luisacuestav hiciera sobre mi trabajo en Twitter para la columna Mi Facha de La Revista de Diario El Universo. Y le digo “trabajo” a pesar de que los ingresos económicos producto de los esporádicos tweets patrocinados son ínfimos, pues es para mí un compromiso cuando sobrepasé N cantidad de seguidores que personalmente consideraba un número elevado. Hay muchísima gente con muchos más seguidores que yo, gente que sobrepasa muchísimo los 10K seguidores. Para mí, una persona común y corriente con una profesión alejada de lo mediático, fue una sorpresa tener más de mil personas pendientes de lo que escribo en Twitter.



¿Quién no se conmueve con la noticia de que un bebé necesita una transfusión urgente de sangre para salvar su vida? ¿Quién no usaría su cuenta de Twitter para tratar de conseguir dicha sangre para ese bebé? A lo mejor es muy cómodo simplemente retwittear aquello como autocomplacencia y no sentir que Twitter es una completa pérdida de tiempo. Puede ser cómodo simplemente dar forward a un email que pide ayuda, sin embargo, para evitar ser herramienta de gente inescrupulosa que por jugar una mala pasada a otra persona enviando su nombre junto con su número de teléfono, es imprescindible dejar dicha “comodidad” de reenviar lo que nos llega y tomarnos el tiempo de verificar la información. 





