Se me hizo tardísimo. El cielo estaba más gris que anaranjado, la gente copaba las calles saliendo apresuradas de sus trabajos, tropezandose unas con otras, la 9 de octubre se volvía estrecha. Mujeres de bancos, oficinas, hombres enternados, chicas y chicos de colegios. Yo debía trotar, pero se me vería ridícula, y lo más seguro es que atropellaría a más de un transeúnte despistado y lento. Así que simplemente avanzaba a paso rápido. Como cada paso que doy equivale a 3 pasos de una persona normal, puedo reducir el tiempo que me toma atravesar la avenida hasta llegar a mi destino. En la intersección de Escobedo y 9 de octubre, se me ocurrió ver la hora en mi celular, mi humilde nokia 5310. Al sacarlo del bolso, una bicicleta con dos mozalbetes se aparece de la nada y pasa rozandome. En fracciones de segundos, cual gacela atacada por una fiera, di un brinco y me inmiscuí entre dos mujeres y un hombre que esperaban el cambio de luz del semáforo.
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