Para que un hombre tome la decisión de casarse, lo consulta con sus amigos, su almohada, su madre. Al menos, la mayoría de los hombres que he conocido han actuado así. Por mi facilidad de convertirme en confesora de mis amigos en varias oportunidades he aconsejado a algunos a lanzarse o a evitar un matrimonio. Cuando ya el hombre se ha casado, se mantiene en esa posición y solo excepcionalmente permanece casado contra su voluntad.




¿Quién no se conmueve con la noticia de que un bebé necesita una transfusión urgente de sangre para salvar su vida? ¿Quién no usaría su cuenta de Twitter para tratar de conseguir dicha sangre para ese bebé? A lo mejor es muy cómodo simplemente retwittear aquello como autocomplacencia y no sentir que Twitter es una completa pérdida de tiempo. Puede ser cómodo simplemente dar forward a un email que pide ayuda, sin embargo, para evitar ser herramienta de gente inescrupulosa que por jugar una mala pasada a otra persona enviando su nombre junto con su número de teléfono, es imprescindible dejar dicha “comodidad” de reenviar lo que nos llega y tomarnos el tiempo de verificar la información. 





