Cómo me recuperé de la anorexia

Todos me recuerdan como la más flaca de todo lugar. Donde quiera que fuera, yo era la más alta y delgada, pero una delgadez extrema que ya no se veía bien. Desde adolescente luché contra mis huesos, probé de todo para subir de peso, nada funcionó. El gimnasio ayudó un poco a ganar músculo. Siempre he sido saludable, jamás me he desmayado, mis niveles de glóbulos rojos siempre estuvieron bien, nada de anemias ni parásitos intestinales, períodos menstruales regulares y normales. Pero seguía muy flaca.

Ahora que lo veo en perspectiva, yo padecía de anorexia. Simplemente, falta de apetito, inapetencia. Nunca tuve una visión distorsionada de mi imagen: sabía que estaba flaca, sin poder hacer nada para revertirlo.

El cambio de vida que he tenido en los últimos años desde que mi madre pasó a mejor vida, ha sido tan rotundo que no puedo definir qué fue lo que detonó que al fin pudiera subir 40 libras hasta alcanzar las 150 saludables libras que peso actualmente, 150 vs 175 cm de estatura dan lugar a un cuerpo todavía estilizado, pero con carne donde debe haberla. Y también donde no debería, pues tengo una pancita y unos rollitos que estoy ahora eliminando a base de ejercicios. Bien pudo haber sido la disolución de mi primer matrimonio, mi nueva vida con mi segundo marido, el método que usamos para evitar tener hijos, el cambio de alimentación a uno más agringado que incluye platos fuertes en las noches y bocadillos a lo largo del día, el “buen bajo” de mi marido… no sé a qué atribuirselo. ¡Pero ya no estoy flaca y soy feliz!

 

Si tú padeces de los siguientes síntomas, ve corriendo donde tu nutricionista.

  • peso más bajo de lo normal (10 libras o menos de lo que una tabla te sugiere)
  • deseos de vomitar al ver la comida, o al ver a otras personas comer.
  • inapetencia ante cualquier plato, sea dulce, snacks, platos fuertes. Nada llama tu atención.
  • has hecho de todo por subir de peso, logrando aumentar un par de gramos que a la primera gripe desaparecen.
  • sientes mucho frío (por la ausencia de grasa corporal)
  • supresión del apetito de manera total ante emociones extremas: alegrías, preocupaciones, tristezas te llevan a sobrevivir con galletitas y café.

La gente con sobrepeso a veces dice envidiar la situación de los flacos. Solo quienes vivimos en los huesos sabemos lo duro que es intentar ganar algo de carne para esconder esternón, clavículas y hasta el antiestético hueso de la cadera que escapa de los pantalones y grita que estás enferma, aunque no lo estés. Vemos las llantitas de las mujeres con ganas de poder transferirlas inutilmente. Ve a tu doctor y descarta desordenes de tiroides, sida, cáncer, tuberculosis o cualquier enfermedad desastrosa que mina tu capacidad de subir de peso. Alimentate con lo que te gusta, sin embargo, de igual manera debes evitar grasas saturadas para no sobrecargar tu corazón. Sé responsable con tu cuerpo.

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Comments

  1. Buenos días,

    Desde Infosalud nos gustaría poder ponernos en contacto con ustedes a través de correo electrónico para hacerles llegar una propuesta de colaboración que hemos elaborado.

    Gracias por su colaboración

    Un saludo

    Laura Fernández

    • Sí era anoréxica. E histérica. No es drama. Es un llamado de atención para que las chicas detecten cuando tienen un problema.

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