Cosas bonitas que se ven en un bus

4 años compartidos con mi esposo hasta ahora me han dejado una enseñanza clave en la vida: enfocarse en lo positivo siempre es la mejor actitud. Es facil si vives en un bonito barrio en L.A. Pero hacerlo en Guayaquil es un verdadero reto. Aún cuando vivíamos en Durán, él siempre me lo recordaba. “No te fijes en lo malo, cambia tu atención a lo que está bien”. Pero ¿qué puede estar bien dentro del caos que representa la avenida Samuel Cisneros a la entrada de la Primavera 1? En ese momento no lo entendía, pero poco a poco fui moviendo mi atención. Mi actual punto de vista me hace encontrar frutos frescos en bonitos platos multicolores. Comerciantes que venden chucherías y novelerías de las que me encanta ponerme. El cincuentón es un paraíso donde encuentras baratijas que disfruto: vinchas, areticos, reposteros… el buen ojo se fija en lo útil que puede ser un trasto y por 50 centavos y mucha creatividad lograr un detalle ya sea para decorar la casa o el cabello.
Esa apreciación a las cosas más sencillas hace que cosas más lindas sucedan. Y aunque suene muy new-age, se atraen situaciones, personas y cosas sintonizadas al mismo nivel en el que tenga puesta mi atención.

My inspiration, my husband, my lover.

Últimamente estoy haciendo este ejercicio en los buses. ¡Cuánto puede cambiar un periplo en un bus con la actitud correcta! El correteo de una OCP con otra en plena avenida Kennedy se puede tornar en una emocionante escena de Rápidos y Furiosos, versión criolla, adaptada a nuestro medio, con un Paul Walker menos atractivo pero sabrosón, con vallenato incluído, sonrisa desdentada, pero es igual una sonrisa, cualquier sonrisa sirve cuando está limpia como la del salvaje bonachón que me llevó en menos de 10 minutos de Urdesa Norte a la Estatal. Es esperanzador ver mujeres cediendo el asiento a otras, hombres ayudando a otros a subir, una joven cargando con un violín, imaginé las delicadas notas que podría arrancarle a tan precioso instrumento.
Así, esos 10 minutos pasaron plácidamente. Estresarse es una decisión, y decidí simplemente dejar de fijarme en lo horripilante de los vallenatos y en vez de amargarme con eso como me sucedía en el pasado, fijarme en como la gente tararea esa música. No es de mi agrado la música, pero siempre me gusta ver gente contenta, como esa chica que vi cantar bajito esa canción que solo alcancé a escuchar que repetía incesantemente “no importa, no importa…”. No me importó, porque mientras inundaba uno de mis canales auditivos con el Exciter de Depeche Mode, no dejé que el mal gusto del chofer dañara mi tarde. Además, quizá para el resto, yo soy la que tengo mal gusto. ¿Quién sabe? Total, a mí no me importa que a nadie más le guste lo que a mí me gusta.
Vivir en una ciudad como Guayaquil, con tanto desorden, mucha gente grosera y maleducada, basura, veredas estrechas, enloquece a cualquiera. Yo decidí enloquecer también. Ya no me resisto, lo admito, enloquecí. Creo que Guayaquil tiene un lado amable, divertido, solidario, es el lado de Guayaquil al que le presto atención, toda mi loca atención. Y en medio de tanta locura aprendí a ser feliz.

© 2015, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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