Crónica de #MMMGuayaquil2015

La convocatoria se hizo a las 3 de la tarde. Llegué ahí puntual, 3:03 pm me estaba bajando de la OCP junto con dos chicos con traza hippie. En el lugar estaban pocas personas, pero se las reconocía de inmediato. O tenían expandidos los lóbulos, o tatuajes artísticos preciosos, o cabello de colores. Por primera vez yo pasaba desapercibida. Bueno, no tanto, creo que era la persona más adulta ahí presente. De momento fue así. Los organizadores de Guayaquil Cannabico me hicieron la entrega de las volantes promocionales que fueron dadas a todos los presentes. Me senté en la vereda relajada, escuchando en mi iPod las sagradas notas de Depeche Mode, como siempre. La gente empezó a llegar en oleajes, muchas más personas, chicos y chicas estrafalarios. Pero esos no me impresionaron. Me impacté con un chico que lucía como testigo de Jehová, listo para ir a predicar de casa en casa. Muy bien presentado, pulcro, discreto. Pero luego lo vi gritar por el autocultivo. mmmguayaquil2015

No llevé mi cámara de fotos, así que no tengo una sola gráfica que me muestre en el lugar. La foto que ilustra este artículo la tomé de Twitter. Y la otra foto, del muro de Guayaquil Cannabico.

Me llenó mucho la energía presente, eramos personas muy diversas todas con el mismo fin. Estaban los típicos skaters, los que lucían parada surfer con la piel requemada, en contraste con chicas góticas tan pálidas y blancas que parecían de porcelana. También vi a los libertarios ahí presentes, con sus pancartas y camisetas que los identifican. Gente dark. Gente cool. El rey Camarón, con quien tuve el gusto de compartir vereda. Los ateos de la Asociación Ateísta Ecuatoriana en sus bicicletas. Lo que no habían eran justamente los típicos “batracios”, los pantalonudos con camisetas gigantes y gorras de vicera plana. Ellos NO SON MARIGUANOS.

Avanzamos hasta la Consep para la entrega del manifiesto de la marcha, donde se expresan nuestras exigencias como miembros de la cultura cannabica. Un joven de raza negra que se acercó a mí a preguntarme mi edad -ya señalé que yo era la mujer más anciana del lugar- y lejos de enojarme, me enterneció pues dijo que nunca pensó encontrarse ahí a una mujer mayor. Él estudia Jurisprudencia en la Estatal, y ha sufrido discriminación por tenencia de menos de 5 gramos de marihuana.

Es justamente eso lo que buscabamos. Todo ese colorido variado de gente en busca de que se quite el estigma a la marihuana como si fuera un crimen. Como si los consumidores de marihuana fueran un peso para la sociedad, un lastre al que hay que rehabilitar. No señores. Profesionales, estudiantes, padres y madres de familia, gente creativa y amable. No me sentí ni por un minuto, ni por un segundo, amenazada entre tanto marihuanero. ¡Más peligro siento en un bus! Todos ahí, mientras prendían sus porros, sonreían, cantaban, tocaban sus tambores, pasaban sus pipas. Un connato de violencia que no duró ni un minuto de parte de unos infiltrados fue totalmente ignorado por la mayoría ahí presente, unos 500 stoners que no ibamos a permitir que la paz y relajación que produce la hierba sagrada se vea destruída por dos mozalbetes malcriados. Aquello pasó tan desapercibido, que no alteró el progreso de la marcha. Al final todos nos fuimos tranquilos, algunos al after, yo, como toda señorona de su casa, regresé a mi hogar donde soy tan feliz.

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