Crónica del Concierto de Depeche Mode en Lima

Llegar a la explanada del estadio Monumental en Lima fue una primera impresión que sobresaltó mi alma. Verme ya tan cerca, tanto en tiempo como en distancia del anhelado momento de acercarme a mis dioses. ¡Casi no lo podía creer! A las 10 am había una columna pequeña de gente que se agolpaba alrededor de un vendedor de “polos” de Depeche, a S/.15 (una verdadera ganga), y de calidad superior a las camisetas que venden aquí en Ecuador a $16 (las de Choez). Al ver los vestigios de acampamientos nocturnos, me asusté. Si otros devotos habían pasado la noche en esa fría pampa, yo, blasfemamente había dormido en una mullida y tibia cama… ¡herejía! El castigo era tener a muchos otros feligreses seguidores delante de mí, tapandome la visión maravillosa de admirar a Martin Gore tocando su guitarra. Pero no, ¡nadie lo merece más que yo! El día anterior acampé tres horas afuera del Miraflores Park a la espera de poder ver a alguno de mis ídolos y aquello mermó mis energías, el clima frío de Lima estaba matándome. Todo sacrificio era válido, había que pagar el precio de estar cerca.

llegada al estadio

Haciendo la peregrinación obligatoria que todo Depechista de corazón debe hacer alguna vez en su vida.

Primera revisión. Dentro de mi bolso, una botella de agua, algunas vituallas, ningún objeto cortopunzante, ni sustancias alucinógenas, tan solo inofensivos tabacos, el inutil celular sin señal y la cámara cuya batería estaba a full, y la tarjeta de apenas 2 GB completamente virgen. Al llegar a la reja, los chicos de los foros de club de fans de Depeche Mode se habían apostado encolumnados. Unos ecuatorianos, entre ellos Depeche Mode Ecuador, en la parte delantera de la fila, nos ubicaron en privilegiado lugar. Hablamos de nuestra compartida pasión, desde qué edad conocimos a Depeche, cuántos discos tenemos, qué canción nos lleva al trance. Casi me infarto cuando uno de aquellos compatriotas me saludó como “Pitonizza”. Bueno, era fácil reconocerme: histérica, flaca, fumando compulsivamente, tarareando A question of Lust. De ley aquella loca mujer debe ser Pitonizza.

11:00 am. El sol se compadeció de Pitonizza, brillando de forma majestuosa sobre la pequeña cordillera marrón que estaba a nuestra izquierda. Delicioso, al fin calentar mis huesos. Un compatriota con la camiseta de la selección con quien conversamos largo rato, fue a ver más comida. Cosas de picar. Había que comer antes de que nos quiten todo cuando retiren la reja. Los guardias privados de la compañía VIP, rondaban, como reconociendo a las personas para cuidar el orden de la fila. Poco a poco iban llegando personas que habían marcado territorio la noche anterior. Habían retornado a sus casas, regresaban con provisiones para sus compañeros. Aquello iba enfureciendo con justa razón a quienes estaban detrás, pues ellos se habían quedado desde la madrugada, muriendo de hambre. Pequeñas escaramuzas “¡oye!, ¡a la cola!, ¡guardia!” comandadas por un “pata” que lideraba los reclamos. En eso, una menuda peruanita me reclama “tú no dormiste aquí, ¡qué tal raza!”. Le cedí el lugar que ella decía le pertenecía y me hice más atrás, fumando, esperando.

pitonizza y depeche mode

Representando a Ecuador: Pitonizza, la Depechista más incondicional…

Los rumores de que abrirían la reja a las 3 pm puso el ambiente tenso. Aparecieron listas que supuestamente fueron hechas en la madrugada por los club de fans. Yo, obviamente no aparecía en ninguna lista, pues ninguno de dichos clubs me incluyó (a pesar de haber convenido con algunas personas vía msn que sería incluída). Parecía que cada persona estaba guardando puesto para 4 o 5 personas más, de manera que la cola “avanzaba para atrás”. Aquello enfureció a la turba, parecía que en cualquier momento parecía iban a sacar a la gente con antorchas encendidas. Por momentos, los ánimos se calmaban, para volver con más fuerza los reclamos y hasta los insultos en jerga peruana.

1:30 pm. Llegan los sagrados alimentos que nos sostendrían hasta la noche. Una funda gigante de papas fritas y una botella de agua mineral. Todos compartimos la comida, alguien me brindó un “sanguchito”, yo había escondido otro entre las tetas, que me lo devoré hambrienta. Jugo de durazno, agua, mucha agua. La deshidratación es la principal razón para desmayarse, había que guardar energías. Me acosté largo a largo en la vereda, con mi bolso como almohada. La música de Depeche que salía de los reproductores de emepetres de los presentes me arrulló. Dormí media hora.

2 pm. Siento la mirada llena de odio de un chico que empieza a señalarme ante su grupo como una “metida” que no pasó la noche. Pero yo acababa de verlo llegar. Se lo notaba recién duchado, llegó con su carro hasta ahi, donde esperaba cómodamente su esposa e hija. O sea, él pudo haber tomado un puesto anoche, pero como decimos en Ecuador “el que se fue a Quito perdió su banquito y el que llegó a Lima, se sentó encima”. Traté de hacerme patucha, y me escondí entre mis compatriotas, rogandoles que no me dejen salir.

3 pm. Los guardias nos colocan arrimados a la polvorienta malla, para empezar a dejar a pasar a las personas, creo que de cien en cien. Pasé en el primer grupo. Debíamos terminar de comer los últimos bocados. La revisión se hizo más estricta. Tuve que echarme el agua que quedaba en mi botella en la cabeza. Una mujer que seguramente no aguantaba las ganas de orinar, improvisó un baño en una esquina, con un cartón, frente al abultado público que la vitoreaba. Desconozco si orinó o no, detesto los espectáculos escatológicos, voltié mi cara hacia otra parte.

3:15 pm. La columna se dividió, hombres a la derecha, mujeres a la izquierda. Aquello me colocó mucho más adelante. Una guardia me revisó por todas partes. Como yo estaba limpia de cualquier objeto prohibido pasé la revisión y entré a la Zona Faith and Devotion, en un lugar privilegiado, justo a la izquierda, donde Martin Gore se apuesta durante todo el show. Bendije mi puesto. Fui a una de las baterías sanitarias, alternando con la chica con quien tuve el “altercado” al medio dia. Para esas alturas, ella y yo ya habíamos entablado conversación, pues ella también fue victima de algún sabido, pues la viveza criolla no es exclusiva de los guayacos. Cuando regresé del sanitario, una gordita gótica peliroja estaba en mi lugar, ante mi reclamo, ella me reclamó aún más enojada, lo cual me bajó los humos. Ella se fue hacia atrás, pues yo, glamorosa pero firme, no iba a moverme de mi lugar al pie de las botas de Gore.

faith and devotion entrada

La entrada al Paraíso. It’s a question of time…

A mi derecha, se ubicó un simpático Arequipense (corrijanme el gentilicio), quien, talvez al verme flaca y desvalida, me brindo chocolatinas y galletas para mantenerme con vida. Así, entre galletas y tabacos, de pie, esperé. Hasta que el cansancio me venció, y me senté, en medio de un mar de gente. No había forma de moverse. Atrás mio, una pareja de argentinos me usó de almohada, lo cual no me importaba, nada me importaba en ese momento.

6 pm. La gordita gótica peliroja empezó un intercambio de insultos con otra chica de atrás, quien al parecer, la empujaba insoportablemente. Me sentí como en medio del set de Laura en América. “¡Qué pase el colaaaado!”.  Traté de mantenerme lo más alejada posible de la trifulca, hasta que llegaron los guardias y detuvieron la pelea en el lodo de aquellas lindas, pero agresivas niñas.

6:30 pm. Otra pelea. Esta vez, dos sabidas recién llegadas pensaron hacerse de un buen lugar “al toque”. Cientos de almas empezaron a corear “fuera, fuera, fuera”. Y las sacaron, ante el aplauso de la muchedumbre.

La gente de Nextcell (corríjanme) empezó a regalar pulseras fosforescentes que luego eran vendidas por los guardias a 5 soles. Con ello me quedó confirmado que la ” sabiduría popular” es generalizada. Ecuatorianos y peruanos somos igualmente tirados a sabidos.

7 pm. Las pantallas gigantes empezaron a mostrar imagenes de nuestros dioses. Aquello fue el primer detonante para las primeras manifestaciones de euforia. Estabamos tan cerca. La cuenta regresiva había comenzado. Empecé a charlar sobre la causa peruana y seviches con mi compañera de junto. Le conté como se hace la guatita y el viche de pescado. Hasta que se apagaron las luces del escenario.

8 pm. Los teloneros. Ni idea de quienes eran, un trío de Dj que hacían música electrónica del tipo trance-house que definitivamente no es mi estilo (el que sea electrónico no significa que me guste). Sus Mac resplandecían, la música calmó por un momento a las masas, pero todos queríamos Depeche. Algunas pifias. Pasaron los 60 minutos.

9 pm. Hora británica. Sabemos que los ingleses son puntuales. La multitud empezó a gritar “Depeche, Depeche, Depeche”. Aparece la bola en medio de la pantalla con las características DM anaranjadas. Todos renacimos en ese momento.

Esperen mañana. Cómo viví el concierto de mi vida.

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Comments

  1. Dijiste Arequipence y era Arequipeño. Dijiste Nextcell y es Nextel (empresa gringa de radio telecomunicaciones) Por cierto el criollismo y la viveza de ese sector existe en el Peru hace poco menos de 500 años mucho antes que existiera el guayas. Fui al concierto y la pase genial, me alegro que hayas cumplido con tu sueño.

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