Cuando las colas ofenden

El otro día denuncié a Interagua una fuga frente a mi domicilio usando la red social Twitter. Ante la rápida respuesta, enseguida tuiteé mi apreciación y agradecimiento. No sabía que era el inicio de una tremenda lección.


Interagua se comunicó conmigo por mensaje directo y me dieron un número de caso y todo. Al día siguiente vino un inspector a tomar fotos. Y al siguiente día, un sábado, ya estaba la cuadrilla revisando la tubería madre que mostraba una incipiente fuga. Con maquinarias rompieron el concreto y empezaron a excavar. Mi esposo bromeó con los trabajadores en su rudimentario español. En mi inocente felicidad por la eficiencia de la compañía de agua, me retiré a mis labores domésticas. Solo para notar que mi lavadora se había quedado sin suministro de agua.

Salí a preguntar a los del agua que continuaban los trabajos.

—Me he quedado sin agua en la lavadora. Lo raro es que todas las otras llaves de la casa sí tienen agua.

La vecina se me acercó a pedirme discresión.

—Shhhh… no diga nada más señora. Hable con él —dijo señalando a uno de los obreros.

—Ah, venga señora… mire, —dijo casi en susurros. El tono de misterio en el que la conversación adquirió disparó mis alarmas. Aquí hay algo raro.—encontramos una antigua guía clandestina.

—Guía clandes..

—Shhh… señora, esto que encontramos es ilegal. Si está en su casa, usted va a tener que pagar una multa.

—Pero yo soy inquilina… y vivo aquí apenas un año y 3 meses. Esa instalación se ve vieja.

—El dueño de casa va a tener que pagar la multa. Y nosotros debemos proceder a clausurar esa guía.

—¿Eso significa que me voy a quedar sin agua?

—No señora… —en tono más bajo— no le vamos a hacer esa maldad.

—Sí, porque yo ya le puse detergente a la ropa…

—Mire, ya mismo llega el jefe. Usted le explica.

No entendía que tengo que explicar. ¿Que soy inquilina? ¿Que no tengo nada que ver con el robo de agua? Me acerqué a la vecina para pedir consejo:

—No sea tonta vecina. Háblele bonito al jefe de la cuadrilla para que no le dejen sin agua.

—Pero qué más debo hablar, no entiendo.

—Mire, ellos ya iban a cortar eso, pero antes, me preguntaron si tenía agua en todas las llaves. Como yo sí tengo agua, ellos estaban esperando a que usted salga para hablarle. Seguramente le van a pedir para las colas. Y como ya vieron que su esposo es gringo…

—¡Eso no tiene nada que ver!

—Sí, yo sé, pero ellos han de creer que tiene plata.

Llegado el jefe, le expliqué que no tengo que ver con la instalación, a lo cual dijo no tener dudas pues esas tuberías son antiguas. Dijo que dejarían todo así porque el inspector (o fiscalizador, olvidé lo que dijo porque también hablaba susurrado) no estaba presente, así que el reporte (me lo enseñó pero yo no pude leer nada) no tiene por qué informar que encontraron la guía ilegal.

—No se preocupe señora. Si los de la cuadrilla no dicen nada, yo tampoco digo nada. Pero debe comprometerse a solicitar un medidor para esa guía.

—Eso haré en cuanto hable con los dueños de casa.

No tuve que pagar nada… puff, qué alivio. La verdad no hubiera sabido cómo y cuánto darles, eran como cuatro hombres. Bueno, no me cortaron el agua. La dueña de casa se comprometió a regularizar la situación el lunes. Creo que era justo retribuir el favor. Mi esposo fue por un par de colas y vasos plásticos.

Soy como Homero Simpson, no entiendo cuando es que hay que sacar a Señor Billetin.

Así, luego de que se tomaron las colas, el jefe de la cuadrilla me vuelve a llamar “en privado” y me dice que lamentablemente el fiscalizador debe saber todo lo que se encuentra en las excavaciones y es su deber informar y clausurar las guías clandestinas.

—Ah, pero no habíamos quedado que…

Ahí recién entendí.

MORALEJA

Siempre he sostenido que nuestros pueblos viven en el tercermundismo básicamente por la corrupción. Los sobornos, coimas, “comisiones” por debajo, son el pan de cada día en las instituciones. Nunca en mi vida he ofrecido un soborno, por tanto, no tengo idea… es tan contrario a mis principios, que he preferido llenar mi lavadora con baldes, que sumarme a dicho cáncer.

No quise hacer una denuncia formal a Interagua (a pesar de que tengo el número de caso, de modo que es fácil dar con la cuadrilla corrupta) por simple desidia. ¿Qué conseguiria? ¿Que multen a esos pobres hombres, que de su reducido sueldo se tome una parte que va a ir a ninguna parte?

Creo que di ejemplo de integridad al asumir una molestia (en este caso, quedarme sin agua a pesar de que yo no tenga nada que ver con el robo histórico de agua) en lugar de pagar valores por debajo de la mesa. Tanto para la vecina para quien me gradué de tonta al dar colas literales, como para los obreros, que se vengaron de mi inocente honestidad cortándome el agua. Espero haberles dado ejemplo de integridad. Puede que algún día, ellos mediten en la integridad, un valor perdido entre coimas, que no se limita a la vicepresidencia del Ecuador, en cada nivel, desde el más insignificante, como cuando se meten en una fila, cuando se toman el yogurt del supermercado sin pagar, cuando se pasan una luz roja porque el vigilante no está mirando… en todas estas ocasiones en que nos creemos “vivos”, perdemos un poco más de integridad.

© 2017, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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