Cuando muere un niño…

Una noticia desoladora apareció hoy en el diario. Una niña de aproximadamente 2 años y medio fue arrollada por un carro en la puerta del garaje de su casa. Su cuerpecito quedó destrozado en la vereda. Lo que más me ha conmovido es que aquella niña era compañera de aula de mi sobrino. La recuerdo vagamente, era la más chiquitita de toda la escuela, usaba tirantes pues de otro modo su faldita de tablones se caería. Recuerdo a su padre esperarla en la puerta de la escuela, mientras ella corría a su encuentro. La recuerdo de lejos y aunque de su voz no me acuerdo, no pude contener las lágrimas. ¿Porqué muere un niño de una forma tan absurda? ¿Porque apenas al abrir los ojos al mundo tiene que suceder?

No me puedo imaginar la magnitud del dolor de aquella madre. Yo renegaría de Dios, mataría al chofer, me mataría. Esa pena debe ser inconmensurable, la impotencia, la frustración, el ver los trazos que apenas estaba aprendiendo a hacer, sus muñecas, su cama vacía.

Mas tarde, una predicadora en el bus pregonaba a viva voz: “El Señor da larga vida a quienes siguen su palabra”. Quise pararme y arrancarle la Biblia de las manos. Sacar las palabras de contexto para demagógicamente ofrecer una vida larga a cambio de una bendición y, como no, unos caramelos que vendía, más la promesa de “larga vida”. Según esa lógica rudimentaria, si me hago bendecir, me garantizo una larga vida a mi, a mis hijos, viviré como Matusalén y seré invulnerable a los carros y al cancer al pulmon. Hablar de Dios para vender caramelos, panfletos, pedir limosnas u ofrendas para construir templos, a cambio de “parar de sufrir” equivale a una prostitución sacra. No creo que Dios esté tras esas sucias transacciones.

Ahora, aquella niña “es un angelito”. O sea, mientras vivió, ¿no lo era de cierta manera? Todos lo somos. Cuando tenemos esa inocencia somos ángeles creadores, clarividentes, limpios de corazón. Es la vida la que nos va “manchando”. Y nuestra condición de humanos que nos va dominando. Dudo en la existencia de cielos a los que se va a vagar o infiernos a los que se va a pagar. Dudo que Dios sea un ente vengativo, que castiga a aquella madre arrancándole el fruto de sus entrañas, por muy pecadora que haya sido.

Mis creencias tienen más tendencia oriental. Creo en la reencarnación, como esperanza y respuesta a estas interrogantes. Un niño que nace y muere a los pocos años, tal vez cumplió una misión, quizá encarnó para unir a sus padres de cierta manera, qué se yo. Y queda la esperanza de un reencuentro, no en un utópico cielo, sino en otra vida, para seguir aprendiendo hasta quemar el karma y evolucionar juntos. Puede ser una “religión a mi medida”, por eso prefiero ser espiritual, no religiosa y educar a mi hija en principios no en dogmas. Quién sabe hasta cuando estemos juntas.

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Comments

  1. Es una pena lo sucedido, como sea los Padres de esa niña deben estar destrozados en este momento, me solidarizo con ellos en su dolor.

    Tampoco yo creo en las religiones convencionales, fui educado en una escuela de curas y logré desarrollar una habilidad increíble para eludir la misa de los Miércoles.

    Me dijeron que me iría al Infierno, acaso existe tal sitio???, no se ofendan, es solo mi punto de vista, respeto como el que mas el de quienes piensan lo contrario, pero, de acuerdo a las religiones del mundo, hay tantas, pero coinciden en una cosa, solo esa específica religión te hará salvo, es decir, que para alguna religión tú no estás a salvo, me explico, si eres Católico para los Mormones tu estas condenado, bajo esa teoría todos iremos al infierno, excepto los que escogieron la religión acertada, algo así como una ruleta.

    Eso querría decir que el Infierno estará a reventar y más vale que tenga una capacidad de expansión infinita porque al paso que vamos de no ser así explotara, de ser cierto que existe, algunos como yo hemos hecho meritos suficientes como para llegar en calidad de Supervisores, nunca me ha gustado ser uno más del montón :=).

    Si por otro lado, se cumplen las palabras de mis amigas: “Se congelara el infierno antes que yo me vaya a la cama contigo”, y dado que hasta ahora no lo han hecho, se que no va a estar tan caliente como dicen (consuelo de bobos).

    Ya en serio, si, también yo creo que vamos y volvemos, somos seres espirituales en evolución, aunque a Charon se le olvido y ya se manda como 40 cirugías a su masa corporal manteniendo intacta su parte evolutiva, pero, a lo que vinimos, cada quien hace su parte antes de volver a casa.

  2. Había escrito un post que habla sobre las religiones, especificamente sobre la religión católica, pero me indignó tanto el “testimonio” de la ex-fornicadora vendedora de caramelos, que escribí el artículo que acaban de leer y pospuse el post en el que hablo sobre el catolicismo, para el jueves. Y para dar mayor variedad a Pitonizzaland, mañana (hoy) aparecerá un artículo nada que ver con el asunto. No me gusta ser reiterativa, no quiero cansar a nadie.

  3. Estuve mucho pensando en esta nota tuya Pitonizza, queria expresar de mi, no sabia bien como dar la otra mirada a este dolor.
    Pero hoy me llego un mail de un amigo qe tu conoces por otro lado, y me envio esto de Bucay:

    Una vez, una mujer que visitó mi consulta lloraba por lo que, como médico psiquiatra, considero que es el mayor dolor que puede sufrir una persona: la muerte de un hijo. Se le había muerto un hijo muy pequeño en un accidente; y a pesar de que hacía meses y meses que había sucedido, ella me confesaba que no podía parar de llorar. Yo, que muchas veces me quedo sin palabras, le conté un cuento que había leído mucho tiempo atrás. Habla de un señor que había perdido un hijo de cinco años y que no podía dejar de llorar. Cada noche, cuando se acostaba, lloraba; y se quedaba dormido mientras lloraba; y se despertaba al poco rato y seguía llorando y llorando.

    Una noche, su ángel de la guarda se le aparece; le acaricia la cabeza y le pregunta qué pasa. Entonces responde: “No puedo seguir. No puedo vivir más. Necesito verlo; aunque sea sólo una vez más, necesito verlo”.

    Entonces, el ángel de la guarda lo coge de la mano y lo eleva hasta el cielo. Y cuando llegan a él, van a una calle con paredes muy blancas y un adoquinado de oro, y el hombre pregunta: “¿Qué hacemos aquí?”. Y el ángel de la guarda le responde: “Espera y verás”. De repente, dando vueltas a la esquina empiezan a aparecer un montón de niños y niñas de entre tres y seis años, todos pequeños. Cada uno de ellos viste de blanco y tiene un par de alitas muy pequeñas y una aureola en la cabeza. Desfilan frente a ellos. Llevan una larga vela encendida en su mano. Caminan en columnas de a cinco y empiezan a pasar delante del hombre. Éste pregunta: “¿Qué es esto?”.

    “Éste es el desfile de todos los que han muerto siendo niños. Pasan por aquí cada día y desfilan para nosotros. Es una de nuestras alegrías”, responde el ángel. Y entonces el hombre dice: “¿Y mi hijo?”. “Está entre ellos. Ya lo verás”, contesta. Y de repente el padre ve venir a su hijo; lo ve venir como todos, con su vestimenta blanca, sus alitas y su aureola, su vela en la mano. Sin embargo, le sorprende ver que la vela de su hijo es la única que permanece apagada, la única que no tiene luz. Él respira profundo. El nene lo ve, lo saluda, se acerca a él, lo abraza. Él llora otra vez. Y le pregunta nada más que esto: “¿Cómo estás?”. El hijo le dice: “Bien, papá”. Y el padre le pregunta: “¿Por qué tú no tienes luz? ¿Por qué no encienden tu vela como encienden la de los otros?”. Entonces el niño le explica: “La encienden igual que la de los demás, cada día. Pero de noche, tus lágrimas apagan mi vela. Deja ya de llorar”.

    Esta mujer me confesó que encontró en este cuento una excusa para poder retomar su camino, para poder darse cuenta de que quizá una manera de homenajear a los que no estaban no era quedarse llorando compungidamente, sino encontrar la posibilidad de hacer del duelo algo fecundo.

    Sigo yo, Cristina. La no comprension, normal y muy humana ante semejante dolor, afecta directamente al alma de quien partio.
    Uno no llora jamás por el otro que ha partido, sino, por si mismo.
    Un gran abrazo Pitonizza !!!
    Cris

  4. Cuando muere un niño, un hijo… aún sin haber nacido… solo de imaginármelo se me lagunan los ojos, el 3 de julio se cayó mi hijo, se rompió el brazo en Bahía de Caráquez, yo estaba en el oriente… que impotencia… que coraje porque lo atendió un “carpintero”, uno de los que hacen de la salud un negocio… pero está vivo… leer tu blog y los comentarios me han hecho sacarme ese coraje… sin mi hijo no sé que sería de mí…
    La vida es de etapas, de objetivos, de metas… quiero creer que si alguien se va es porque ya cumplió su cometido… “que solo los buenos se mueren”, escuché alguna vez, pero “no existe muerto malo”… entonces todos somos buenos al morir…
    La muerte no es castigo, es la puerta… todos vamos hacia ella

  5. De verdad que es muy conmovedor y dolorosa leer las experiencias ajenas.

    Dios quiere y nunca nadie pase por el dolor de perder un hijo. Pero nadie esta exento de estas desgracias. Solo le pido al Señor, que me quite la mía en lugar de la de él.

    Ojala y algún día (cuando sea necesario) asi sea.

    Muy buen Post Pito.

  6. Hace 25 días mi hija de un año 11 meses murió a causa de una enfermedad muy grave; que le diagnosticaron hace aproximadamente 3 meses; antes de esto ella era una niña aparentemente sana; Despues de su muerte mi vida quedo vacía, sin sentido y con muchas dudas acerca de lo que paso con ella; me refiero a su alma y espirtu, hasta ahorita no obtengo respuestas; y creo que nunca las voy a tener hasta el día en que a mi me pase lo mismo. Otra duda que tengo es que donde quedan tantas cosas bonitas de ella; su inteligencia, su memoria, su aprendizage; por que ella era una niña muy linda y muy inteligente, tenía una memoria imprecionante; yo me siento muy triste y muy desilucionada con la vida.

  7. qAlexandra: No puedo imaginar la magnitud del dolor que debes sentir y el horrendo vacío que debe haber quedado en tu vida. Sin embargo, nada pasa por casualidad, sin duda no comprendemos el por qué de aquella prematura partida de tu pequeña.

    Su inteligencia, su memoria, su aprendizaje, todo eso se lo llevó tu nena en su alma, el alma va cargando con todo lo que recopilamos en las vidas que vivimos, estoy convencida de ello. Toda esa energía no pudo desaparecer. Te resta resignarte, suena hueco decirlo, no tengo más palabras de consuelo para ofrecerte.

  8. mi nina de 2 anos cumplidos murio hace 8 meses, no fue enfermiza, solo le dadan las clasicas gripitas no tuvo nada cronico hasta ese dia en el qeu comenzo respirar agitadamente, me siento muy triste y culpable porque la lleve al hospital al que tenia derecho por parte d emi trabajo, la lleve con la esperanza de que me le dieran algo que la pudiera curar pero poco a poco todo se complico y al principio comenzaron dandole nebulizaciones, me la internaron,pasaban las horas, y me dijeron que tenia que entubarse porque no respiraba bien, nunca jamas pense o crei que no la volveria a ver salir de alli, despues de entubarla ni siquiera podia cargarla o moverla, no puedo dejar de sentir ira hacia la vida y hacia mi misma porque fui un fracaso como madre, porque no supe cuidarla porque de haberlo hecho ella seguiria conmigo, me siento vacia y seca por dentro, ella era mi mundo y era completamente feliz mientras ella vivia, dia a dia vivo recordandola yy no se como he hecho para vivir sin ella. Lo unico que puedo decir de bueno que he aprendido de esto es que el amor no termina cuando mueres, que este va mas alla de la vida. Creo en Dios y no se porque se la haya llevado pero confio en que este con el esperando. Esta prueba es la mas dura de la vida y no se si algun dia la supere.

  9. Acabo de perder a mi madre, y yo sí, aún siento rabia, ira, frustración. No puedo imaginar ni de cerca lo que se puede sentir al perder un hijo. Tengo una niña de 6 años que es mi todo, no sabría qué haría si la llegara a perder. Tienes mi entera solidaridad y si de algo te puedo servir, no dudes en escribirme. Un fuerte abrazo.

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