Cuando un chico no te llama

Imagina el cuadro. Recuerdo que a los 16 años más o menos, era una chiquilla coqueta y picarona que gustaba de filtrear en fiestas y bailes de ese entonces, cuando los bailes no incluían roces genitales, las chicas usábamos copete y los chicos se abotonaban la camisa totalmente, rematando con un broche, una corbata de 3 cm de ancho, y pantalones con pinzas. Ahora que lo pienso, no entiendo porqué coqueteaba con un chico vestido como Zack Morris, pero admito que lo hacía.
Zack Morris
De esos cruces de miradas, sonrisitas y demás señales de mujer lanzada cosmopolita de 16 años, inexperta pero con muchas ganas de jugar con fuego, siempre salía con una lista de números de teléfono. Yo también daba mi teléfono. Pero siempre he sido orgullosa, luego de haber receptado muchos números, me salía con la mía y nunca llamaba. Me “desinteresaba”, esos números de teléfono eran mi trofeo, nunca pasé de ahi. Y aquella recompensa era mayor cuando los implicados llamaban al día siguiente, preguntando por Lorena, quien no existía: “número equivocado” decía mi mamá, y yo totalmente triunfante miraba a mi amiga diciéndole “ese es Juanca, el de la fiesta de anoche”.

Pero el destino siempre se cobra esas jugarretas que hacemos las mujeres malvadas que usamos a los hombres, por muy pequeños que sean. Pues un niño de 17 años también tiene sentimientos. Son sus primeros intentos con una mujer. Ese rechazo que les hice seguramente de forma kármica me ha sido cobrado con algunas tonterías que me pasaron años después. Sin embargo, ese no es el tema de este post. La reacción inmediata de sentirme rechazada yo, cuando un chico no me llamaba, sentía lesionado mi orgullo, y comenzaba una serie de eventos que me torturaban entonces.

El teléfono sonaba mientras esperaba que Jean Pierre me llame. Jean Pierre era el más cotizado de la fiesta. Estaba vestido igual que Jordan Knight, ídolo de mi adolescencia, cuando yo adolecía de falta de buen gusto, pues ese chico me gustaba, ese peinado de gallo, esa camisa rimbombante, esa sonrisa de medio lado. Bien, cuando el teléfono sonó, yo segura de que Jean Pierre cayó ante mis encantos de chica vestida de Flans, esa simpática flaquita que le estuvo coqueteando toda la noche hasta intercambiar números de teléfono. Dejé sonar el teléfono siete veces, un número cabalístico que indique que no estaba desesperada por la llamada.

– ¿Alo? – dije poniendo voz de actriz de los cincuenta.
– Hola mijita, ¿está tu mamá?
– Mi abuelitaaa, mami, contesta, pero no te demores que estoy esperando una llamada.

Sin decepcionarme aún, estaba segura de que Jean Pierre sucumbiría ante mis encantos. Yo había bailado con él toda la noche sin soltar palabras, el parecía interesado por mí, estaba en 6to curso, fima. Un físico matemático, me encantan los físicos matemáticos, me enseñaría a resolver los problemas del Webster Wells. Suena nuevamente el teléfono. Contesto antes de la quinta timbrada:

– ¡Hola! – esta vez, poniendo voz de chica fresca y desinhibida.
– Buenas tardes, estamos haciendo una encuesta que solo le tomará 5 minutos…
– Disculpe, estoy esperando una llamada, gracias.

Y cerré. Empecé a comerme las uñas mientras recordaba a Jean Pierre. Seguro mi estrategia de hacerme la misteriosa había fallado por primera vez. Estaría pensando que soy una idiota, creída, aniñada que no vale la pena llamar. Busqué en mi cartera el número de Jean Pierre, deba llamarlo. ¡No! A lo mejor se le dañó el teléfono, en esas épocas de IETEL los daños telefónicos eran lo más común en Ecuador. No, no lo llamé. Seguí esperando, cuando suena el teléfono, y lo contesto a la 2da timbrada.

– ¿¿Alo?? – Dije sin fingir la voz.
– ¿Qué fue loca, ya te llamó Jean Pierre, qué te dijo, cuéntame?

Mi primera derrota. Nunca me llamó Jean Pierre. Nunca lo llamé, no caí en el juego infantil de llamar y cerrar. Supongo que mis errores fueron tratar de ser quien no soy, desesperarme tanto por una llamada de un simple chico, y sobre todo, haberme creído tan diva, error que hasta la actualidad he pagado y con intereses.

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Comments

  1. jajaja…. buenos tiempos… los pelados de ahora hubieran vacilado y de seguro se veian un par de veces para vacilar.. jajaja
    Pero igual no cambio los tiempos que vivimos…

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