Defensa personal

La evidente ola de delincuencia que azota a Guayaquil y en general al Ecuador ha quitado al parecer la tranquilidad de todos allá en mi pequeño y entrañable país. No son percepciones ni amarillismo de la prensa, para demostrarlo, a pesar de ser una muestra reducida, casi todos los twitters que sigo últimamente han sido víctimas del hampa: @Pitonizza, @Guillermex, @Dhanna, entre otros cuyos nicks no recuerdo, reportaron en su momento las diversas formas en que han sido robados, intimidados con armas de fuego o armas blancas, a cualquier hora del día, en sitios antes no considerados zonas rojas. Como una forma de ganar seguridad, aunque sea mínima, está la defensa personal, recurso al que hay que acudir en caso de ser necesario.

La defensa personal requiere un gran entrenamiento físico, pero sobre todo mental y emocional. Los reflejos deben estar muy despiertos, el cuerpo debe reaccionar con rapidez y celeridad, la mente nunca se debe nublar y las emociones de temor, totalmente comprensibles, deben controlarse como se domestica un animal fiero. Sin suficiente preparación, es mejor dejarse robar, pues nunca es buena idea enfrentarse con un delicuente que tal vez ya haya matado, que posiblemente tenga cómplices cerca, gente con la sangre fría e insensibilidad que raye en la crueldad. Para quienes se animen a seguir un entrenamiento, ya sea artes marciales hasta defensa personal militar, es importante conocer bien el método para ganar la suficiente confianza y evitar ser una víctima, internalizando perfectamente las técnicas pues si hay que aplicarlas, no habrá tiempo de pensar, solo reaccionar.

Sin embargo, es vital recalcar que no existe infabilidad en ningún método, hay circunstancias y factores que pueden volverse impredecibles, y en esos casos, como dije antes, es preferible sacrificar lo material. La clave de cualquier método es permanecer en un estado de constante alerta, sin llegar a la paranoia, para poder reaccionar ante la eventualidad de un ataque. Mantenerse alejado del peligro como la prudencia dictaría en cualquier caso, una distancia preventiva en la cual no tendríamos contacto con agresores, por ejemplo, evitar acercarse a grupos de pandilleros que pudieran rodearte; ya si hablamos de una distancia verbal, tendremos oportunidad de “convencer” al agresor de no hacernos daño, y por último, la distancia de contacto, en la cual ya hemos sido invadidos. Siempre debemos considerar las vías de escape a los alrededores de donde nos hallamos, posibles objetos que pudieran servirnos de defensa o que por el contrario serían usados para atacarnos, y cualquier hecho que pudiera servir de distracción para emprender la huida de la escena de peligro.

Con esta brevísima introducción, les dejo un par de vídeos para que “el gusanillo” les pique y tomen clases profesionales de defensa personal, sobretodo las mujeres, principales víctimas por su apariencia de vulnerabilidad y debilidad. ¡Demuestren que no es asi! ¡Hay mujeres muy fuertes, decididas y capaces de salir avante de un ataque! Como mi Pitonizza, que enfrentó valientemente a su agresor y escapó ilesa y con sus pertenencias completas, con tan solo una clase que llegué a darle de cómo escapar de un auto en movimiento.


Espero que aprendan estas técnicas y que nunca tengan necesidad de aplicarlas.

© 2009, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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Comments

  1. Yo procuro mantener la “serena alerta”, como la que tienen los cánidos por excelencia. Al parecer mi mirada asesina me evita confrontaciones con estas basuras humanas, pero si vienen unos cinco o seis armados (como es usual con esta gentuza), no habrá defensa posible.
    Muerte a la gentuza en general, comenzando con los “humanistas perceptivos” que los defienden a capa y espada… curas incluidos.

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