Delincuencia en Guayaquil

Los niveles de inseguridad en mi queridísima Perla se han vuelto insostenibles. Lejos quedaron las épocas en que era posible contestar un sms a bordo de un bus, o en la calle, o contestar el celular en la vía pública. El exhibir el teléfono más humilde puede volvernos blanco de pillos que no tienen el mínimo respeto por las mujeres, la edad, condiciones de embarazo, o el que una lleve un bebé en brazos. El retirar dinero del banco, aunque sean cantidades relativamente pequeñas, es un acto kamikaze del cual salimos librados por designios de la suerte. Una vida no vale 800 dólares. Hasta por mucho menos que eso los sacapintas te amedrantarán. Ya no son solo los arranchadores a los cuales es posible evitar estando alerta. Ahora están los asaltantes, potenciales asesinos que encañonan, acuchillan, y a veces… matan. El sistema de rehabilitación penitenciario no funciona, constituyendo verdaderas “universidades” para especializar criminales (honrosas y escasas excepciones), y la falta de valores cívicos, de urbanidad, morales, familiares, espirituales, solo empeoran la situación.

En mi historia como guayaquileña me han robado:

  • Año 1988. En el parque San Agustín, mientras me subía al bus, me arrancaron el reloj, mi instinto hizo que lo agarrara con fuerza y de un codazo noqueara al niño que me agredió. Yo tendría 16 años, elladron 9.
  • Año 1992. En el parque San Agustín, ya trepada en un bus, un caramelero desde abajo me arrancó la cadena, una baratija de acero con un cuarzo.
  • Año 1995. Ave. Machala y Luis Urdaneta, me robaron una gorra, corri en precipitada persecusión del gomero, al cual perdí, paradójicamente en las cercanías del PAI del Parque Centenario. Los pacos presentes me dijeron “quedese fria, de gana se pone gorra”.
  • Año 1996 (a la altura del colegio Vicente Rocafuerte), dos delincuentes muy mal encarados se subieron al bus, con cuchillos en manos desvalijaron a los pasajeros quitandoles relojes y dinero. Como me encomendé a mi santo inventado, no me hicieron nada, a pesar de llevar celular, calculadora HP de 200 dolares, y dinero en efectivo para pagar la Universidad.
  • Año 2000 Colón y Seis de Marzo, una cadena Romanel que parecía de oro. Presentí el robo, entre dos pillos me rodearon y me arrancaron del cuello la cadena, dejandome heridas menores y un susto enorme.
  • Año 2002 en las inmediaciones de mi casa, un tipo me dio un puñete en la barriga despojandome de mi barato Walkman Sony donde escuchaba cassettes.

Desde entonces siempre fui sencilla en mi vestuario, nada de joyas ni de exhibición de gadgets. Siempre encomendada al santo de mi invención. Me salvé muchas, muchas veces, la última vez, en un enfrentamiento casi cuerpo a cuerpo con el delincuente cuchillo en mano. Sin embargo, no podemos seguir a merced de santos y a la piedad de los ladrones. Tratemos de seguir ciertas reglas de prudencia, y si has sido víctima de algun robo, ve a la fiscalía, asienta la denuncia, que el peso de la ley caiga sobre el delincuente. Y lo más importante, NO MALDIGAS AL MALHECHOR. El delincuente es un ser involucionado, una víctima de las circunstancias que le ha tocado vivir, seguramente sin padre ni madre, sin oportunidades de estudio, sin formación espiritual, enfermo por las drogas y demás vicios que animalizan al humano. La vibración de tu maldicion al villano solo lo hunde más, afirma su condicion de inferioridad, lo continua degradando. A ese ladrón que hoy te encañonó exigiendote tu celular, ayer tú mismo le diste una moneda mientras mendigaba en una esquina. Como ya no es un niño, ya no causa lástima. Asi que ahora busca inspirar temor. El resentimiento social del ladrón lo lleva a odiar a todos quienes hemos tenido la suerte, la ventura, la dicha de tener un vaso de agua y un pan diario fijo en nuestra mesa. Y encima, luego de robar, le llegan todas las maldiciones que solemos emitir cuando nos ocurre: “maldito desgraciado, me robó”.  En cambio, si expresas tu deseo de que dicho pillo se regenere, que encuentre la luz que le hace falta, el pan que necesita en su casa, la paz que anhela en su vida, dicha vibración te resta karma, te eleva y le llegará. La luz vence a la oscuridad.

Si crees en Dios, eleva una plegaria especialmente por quienes acechan tu bolso, tus pertenencias, quienes tu vida se ha depreciado tanto que vale los 100 dólares que te costó el celular. Si eres como yo, y crees en la energía inherente en todo ser, envía solo buena vibra a tu alrededor, imaginate a ti mismo envuelto en una capa impenetrable de amor que solo atrae amor y repele la maldad. No sé si eso me salvó la última vez. En todo caso, no vuelvo a sacar mi BlackBerry en público, nunca.

© 2009, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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Comments

  1. Me alegro de que, una vez más, todo quedara en un susto, Y como dijo la escritora española Concepción Arenal “Odia al delito y compadece al delincuente”.

  2. Diste a entender que el problema de la delincuencia radica en uno social mucho más grande y tienes la razón, uno que todos conocen pero que muy pócos o nadie hace por corregir, si a esto sumamos la corrupción del sistema judicial, las reformas a las leyes, las cuales actualmente dan prioridad al delincuente, esto crea un sentimiento de inseguridad en el ciudadano promedio que prefiere callar a denunciar pues sabe dentro de si, que en un sistema como éste ácarreá sobre si y sú familia un peligro mayor… Toca empezar a trabajar con las generaciones que recien empiezan a caminar en este mundo, pues es más fácil corregir al niño que castigar al adulto… Y a los de ahora, empezar a darles opciones, no todo está perdido.

  3. Si el ministerio de Bienestar Social (o como chucha lo hayan bautizado ahora) quisiera hacer algo verdaderamente radical para solucionar en parte estos problema, debería empezar por crear centros de formación y cuidado infantil para niños de la calle. Un día deberían salir con un camión y recoger cuanto pelado abandonado o mendigo o gomero circule por las calles.

    Algo se quiso hacer sancionando a esos padres que los mandan a mendigar, por lo verdaderamente útil sería arráncarselos. Esa gente no merece tener hijos.

    Que el estado se encargue de llevarlos por la senda del bien y luego los dé en adopción. Eso es algo en lo que yo estaría de acuerdo que se gasten mis impuestos.

    Y siendo aun más radical, si los padres se atreven a ir para reclamar la devolución de sus hijos, que sean arrestados y esterilzados para que no vuelvan a procrear. No me parece justo para un niño el que tenga que venir a este mundo a pasar miserias.

  4. Y para muchos la solucion se reduce a quejarse y maldecir al alcalde o al presidente. TODOS debemos ser parte de la solucion. El problema es un problema social ak que todos hemos contribuido.

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