Dinero vs. felicidad

Nuestro propósito en este mundo es ser felices. Buscamos la felicidad propia y de nuestros hijos constantemente. Solo que a veces buscamos en lugares inadecuados y de formas incorrectas o simplemente estúpidas. Pensamos que el dinero da la felicidad y por ello hipotecamos más de la mitad de nuestra vida a un trabajo agotador que aporte dinero constante para comprar esa felicidad que nadie vende. No es el trabajo lo que nos pagan. Nos pagan por nuestro tiempo, y ese tiempo es invaluable pues nunca volverá, no se puede retroceder, poner deshacer, tener otra oportunidad. Tarde nos damos cuenta de que la felicidad no la venden en ninguna parte. Que la publicidad nos ha engañado descaradamente. Que las tarjetas de crédito mintieron hablando de momentos felices a pagar en cómodas cuotas sin intereses. A ellos no les interesa la felicidad. Solo mantenernos endeudados, ese es su más alto interés. Es el sistema capitalista, que está bien, pues genera riqueza y trabajo, pero tiene una gran trampa: te hace creer que serás más feliz comprando cosas. Si te crees esa trampa capitalista, te tendrán trabajando y pagando para siempre.

No pretendo sonar como una hippie anti-capitalista, pues es absurdo echarle toda la culpa de nuestra infelicidad al dinero, a no tenerlo, o a vivir una vida de ascetismo y ayuno eterno para ir siempre en contra del sistema capitalista. Esos extremos son como ya lo dije, absurdos. ¿Quién soy yo para juzgar quién es feliz de forma auténtica? Puede que haya quienes sean felices haciendo esos trabajos que para mí son mortalmente aburridos. ¿Un abogado feliz? ¿Una contadora feliz? ¿Una cajera de supermercado feliz? ¿Un burócrata feliz? ¿Una mesera de restaurante feliz? ¡¿Por qué no!? La diversidad humana es tan rica que seguramente hay quienes son felices siendo abogados, contadoras, cajeras, burócratas, meseras… yo no entiendo cómo, pero seguramente es así.

Si todos son libres y entienden esa libertad como la libre toma de decisiones responsables, este mundo sin duda progresará. Hay condiciones adversas como la extrema pobreza, la desnutrición, enfermedades entre otros obstáculos que dificultan la felicidad, precisamente porque coartan la libertad, no permiten que la gente haga lo que desee. Por eso el dinero no es cosa satánica de la que hay que huir. Por eso no sugiero una vida de privaciones para, en meditación profunda, entender la verdadera felicidad. Porque un padre sin dinero para llevar a su hijo al hospital no puede ser feliz. Porque alguien tiene que proveer la tecnología, el conocimiento y práctica médica, la investigación farmacéutica, tantas cosas que las paga el dinero. Así que es imposible sacar el dinero de la ecuación que resulta en felicidad.


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