Educación subversiva

Siempre mantengo la postura de que como madre, debo recordar mi propia infancia y adolescencia, y entender las diferencias con el marco actual tanto social como cultural. En palabras más sencillas: que no me pase como a la vaca que se olvidó cuando fue ternera. Así por tanto, me he puesto en el lugar de mi hija y su fastidio por hacer tareas inútiles, repetitivas, absurdas (como escribir con un “tipo de letra” que le gusta a la profesora, la cual exige que la “T” o la “Z” tienen una y solo una forma de dibujarse). Yo no me siento a su lado a llenar un cuaderno que sea del total agrado de una profesora. No la obligo a coartar su creatividad forrando sus cuadernos “con papel manteca rojo y membrete sin diseños”. Ni siquiera la conmino a respetar el uniforme, pues no la estoy criando para que use uniformes nunca. Seguramente me dirán que si no me gusta la escuela, que no mande a mi hija a la escuela. Lo haría, pero que yo sepa, el homeschooling no es permitido en Ecuador.

La educación en casa me parece el sistema más efectivo para potenciar la capacidad de un niño. No hay un metodo preciso para educar en casa. No es cuestión de comprar un pupitre y poner un reloj del Gato Felix como lo hizo Marge en su momento con Bart. Es mucho mas allá. Es educarlos sin un sistema que encarcela su imaginación y que respeta sus preferencias y habilidades. Es incentivar el pensamiento critico de los niños, me parece la más maravillosa herencia que le podemos legar a nuestros hijos, esa duda constante que les lleve a investigar, a ahondar, a leer más y crearse criterios propios y amplios respaldados en sus conocimientos adquiridos desde distintas fuentes.

La educación en casa es flexible y personalizada, adaptada al individuo, lo opuesto a la educación formal oficial que impone “pensums” y evalúa con el mismo examen diferentes mentes. El curso de la educación en casa es como el de un rio en libertad. El padre o adulto a cargo no se convierte en maestro, sino en facilitador, buscando los recursos y acercando al niño a las experiencias que le sirvan para aprender.

Lamentablemente debo mandar a mi niña a la escuela, la tengo que levantar a la horrenda e inhumana hora 6:00… cuando apenas los pajarillos empiezan a cantar, yo la tengo que meter en el tráfico endemoniado rumbo a su colegio. La tengo que uniformar, cosa que detesto. Y no la tengo en casa por horas que podría pasar aprendiendo lo que a ella realmente le interesa. Como va al colegio, trae tareas sobre temas que poco le importan -ni a mí-. Es en esos momentos que me toca aplicar la educación subversiva.

La educación subversiva depende de la educación oficial. La analiza, la desbarata, le busca los huecos. Critica los temas propuestos. Lee temas antagónicos. Cuestiona las preguntas del cuestionario, algunas tan ridículas como “¿qué crees que sintió Huascar cuando se enteró de…” ¿Es en serio? Supongo que esas preguntas no tienen una respuesta “correcta”. A estas preguntas la educación subversiva les pone respuestas vandálicas. La educación subversiva es constante, no se detiene nunca. Todo significa una oportunidad para educar en rebeldía. Explicar el porqué el fútbol -por dar un ejemplo reciente- es un modo de masificar a la gente para venderles cosas de forma mas fácil. Igual que la tele, demostrarle con ejemplo a nuestros hijos como los programas de televisión no son más que modos de crear sociedades consumistas que les rindan dinero a las grandes corporaciones.

La educación subversiva es práctica, no solo teórica. Es colaborativa no confrontativa ni competitiva. No teme ensuciarse las manos si hay que crear algo. La educación subversiva enseña desde el empirismo, y de ahí -o de forma paralela-, acudir a las experiencias ajenas. La educación subversiva no subestima las técnicas, pero no se aferra a una sola. No hay aulas en la educación subversiva, pues nos tomamos como salón de clases las calles, los museos, las exposiciones, la playa, el parque, los buses. La educación subversiva es atea, no tiene divinidades ni deidades. No hay dogmas ni libros sagrados. Todo está sujeto a la crítica. No hay autoridad en la educación subversiva. Yo misma puedo estar equivocada, y si es mi hija quien me lo señala, no hay problema. Ella puede ser subversiva conmigo.

La educación subversiva no conoce censuras ni prohibiciones, pero deposita una inmensa responsabilidad en el adulto encargado de dirigir al niño en un ambiente sin censuras, pero siempre conociendo las consecuencias de los actos irreflexivos. El adulto a cargo no es prescindible. Un niño es un niño y necesita la guía responsable y experimentada de su padre, que se debería convertir en mentor elegido por el niño. Que el niño te siga a ti como ejemplo es una responsabilidad y un privilegio que hay que tener siempre en mente al educar subversivamente.

Mi idea es evitar a toda costa que la educación oficial haga mella en mi hija convirtiéndola en futura burócrata o cualquier rol gris con aristas definidas que ocupe un hueco que cualquiera pueda llenar en una plantilla de un negocio, compañía o institución que nunca le va a llenar como ser humano. Que aprenda a desarrollar sus habilidades para generarse un sustento que no dependa de nadie mas que de ella misma. Mi idea es que mi hija aprenda a conocerse a fondo para identificar qué es lo que le gusta hacer, donde quisiera pasar la mayor parte de su tiempo. No me interesa en lo más mínimo que mi hija sea abanderada, becada, de puros “10”, porque en la vida nadie saca diez en todo, es el profesor que le pone los 10. Mi idea es que mi hija sea feliz por eso de su educación me encargo yo.

Nota aparte:
subversivo, subversiva
adjetivo
Que pretende alterar el orden social o destruir la estabilidad política de un país.

No pretendo destruir nada. Lo que busco es alterar el orden preestablecido, pues admitámoslo, no estamos bien, el sistema educativo actual no forma profesionales. Además, se enfatiza el hecho de estudiar para obtener un buen trabajo que pague bien. Nunca se hace hincapie en divertirse, en hacer lo que te gusta. Debes sacar 10 en ciencias aunque no te interese. Conseguirás un buen empleo que pague bien, aunque lo odies, lo soportas porque paga bien. Ese orden social si que busco alterarlo.

© 2015, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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