El arte de amar

El Arte de amar” es el título de la obra de ensayo de Erich Fromm acerca del amor en la sociedad contemporánea. Ya me había referido a esta obra en Amor: ni se compra ni se vende.  En esta secuela abordaré nuevamente algunos lugares comunes acerca de lo que es o debe ser la relación de pareja y que al parecer son cargas culturales, en muchos casos resultado de una cosmovisión machista, las cuales perjudican el desarrollo saludable de la convivencia de los amantes.

pareja

Fromm parte de la premisa de que la capacidad de amar, el talento para amar, es un arte que debe desarrollarse de la misma manera en que el aprendiz se entrena en una nueva disciplina científica, técnica, artística o deportiva: requiere conocimiento y esfuerzo.  En consecuencia, no todos los seres humanos tienen la misma capacidad de amar.  A continuación se destacan unas cuantas “falsas creencias” respecto al amor, de acuerdo con Fromm, y unos breves comentarios que me permito agregar:

  • Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar. Efectivamente, muy poco nos hemos preocupado de comprender cuál es la mejor manera de amar a alguien, y sin embargo nos pasamos la vida “cultivándonos” para ser amados: sea cuidando nuestra apariencia, aprendiendo a coquetear, a bailar, a seducir.  Queremos encantar para que nos acepten y nos quieran, lo cual no es un problema en sí, el problema es que esa sea la prioridad o incluso el único objetivo.  En eso caso estamos ante una variante del narcisismo.
  • Lo que para la mayoría de la gente de nuestra cultura equivale a digno de ser amado es, en esencia, una mezcla de popularidad y sex-appeal. Entendiendo la afirmación en el contexto de la cultura occidental, creo que es evidente que el éxito económico y la apariencia son los “valores” fundamentales en el momento de escoger pareja, de hacerse con un “buen partido”. Como ninguno de ellos tiene qué ver con las cosmovisiones y temperamentos de las partes, el convivir puede producir insospechados choques que en última instancia llevarán al fracaso.
  • La gente cree que amar es sencillo y lo difícil encontrar un objeto apropiado para amar. Probablemente uno de los errores más comunes entre nosotros, y en todo caso el que reconozco como más frecuente en mi vida: buscamos el amor como un sabueso que rastrea a la presa. Husmeamos por ahi y nunca terminamos de sentirnos satisfechos con lo que aparece.  Nada es suficiente, todos terminan por desilusionarnos, ya nadie vale la pena.  El tiempo pasa sin que encontremos “el amor” o desengañándonos cada vez que hemos creído encontrarlo; nunca pensamos que que amar requiere dedicación, aprendizaje, procesos.  A lo mejor esto obedezca a la jerarquización de valores propia de occidente y la divinización del consumo por encima de la creatividad, lo que desemboca en una enajenación de uno mismo: los autómatas no pueden amar.
  • Dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los límites impuestos por sus propios valores de intercambio. Continuando en el escenario de la civilización occidental, el modelo a seguir es la transancción conmutativa, el contrato “justo”.  No podemos encontrar el placer de dar, de servir, de ser útil, si no es a cambio de algo.  Si la relación funciona con la dinámica de un intercambio continuo, nos encontramos frente a una suerte de simbiosis utilitaria, no frente al amor.
  • Confusión entre la experiencia inicial del “enamorarse” y la situación permanente de estar enamorado. El amor suele iniciar con una carga fuertísima de ilusiones y esperanzas, y al fracasar se convierte en fuente de angustias y rencores.  El índice de matrimonios exitosos o de gente que comparte muchos años de su vida es cada vez menor.  Eso se debe a que una vez alcanzadas las metas, poco hacemos por conservar lo obtenido: si el pianista requiere prácticas diarias y el atleta de continuo entrenamiento para no perder sus habilidades, igualmente es necesario trabajar permanentemente por saber cada día más del otro y celebrar su personalidad; nunca se termina de conocer a un ser humano, el verdadero amor no tiene por qué terminar.
  • El amor no es el resultado de la satisfacción sexual adecuada; por el contrario, la felicidad sexual -y aun el conocimiento de la llamada técnica sexual- es el resultado del amor. Los medios nos presentan innumerables “tips” para optimizar las relaciones íntimas, libros completos ofrecen enseñarnos “cómo hacer el amor”, ellos y ellas se ufanan de ser unos expertos, de ser capaces de satisfacer a cualquiera.  En realidad no puede haber intimidad sin comunicación, comunicarse es explorarse, es revelarle al otro el mapa de uno mismo y querer conocer el suyo.  No se ama a alguien porque nos satisfaga, sino que ese alguien nos satisface porque lo amamos.  La cúspide del placer sólo puede encontrarse, como los tesoros, cuando se ha obtenido el mapa que revela cuáles son los caminos.
  • Así como la gente cree que el dolor y la tristeza deben evitarse en todas las circunstancias, supone también que el amor significa la ausencia de todo conflicto. Los conflictos no deben enmascararse sino enfrentarse con honestidad, es decir, buscando la raíz existencial del problema, pues entonces serán constructivos.  Sólo el conflicto puede llevar al descubrimiento de la verdad, a conocerse mutuamente y a experimentar en carne propia la identidad del otro.  Nada se soluciona con el silencio o la indiferencia, ni con fingir que un problema latente no se está ahí.  Se aprende cayendo, pero las caídas no tienen por qué ser presagios de tragedia, son más bien oportunidades para analizar y medir, para madurar, para conocer la naturaleza de las heridas y encontrarles el mejor antídoto.

Para concluir, una de las ideas que han persistido en mi memoria después de leer a Fromm: El polo opuesto del narcisismo es la objetividad; la capacidad de ver  las cosas tal como son y poder separar esa imagen objetiva de la imagen formada por los propios deseos y temores. El amor se fundamenta en la superación del narcisismo, por lo tanto requiere desarrollar humildad, objetividad y razón. La vida debe dedicarse a esa finalidad.

Este artículo fue una contribución de Silvi de Lunas Azules, blog recomendado por Pitonizza que trata temas diversos desde un punto de vista analítico y bien fundamentado.

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Comments

  1. Creo que un libro que es tambien muy bueno sería los hombres son de marte las mujeres de Venus de John Gray, sería un gran complemento a tu lectura porque nos presenta una forma de como satisfacer a nuestra pareja y entenderla mejor, porque a veces no importa cuanto intentamos dar si no damos en el clavo no sirve de mucho.
    Buen Post.

  2. La verdad bastante interesante el post, aunque también tiene algo que me llama l atención y es que resulta sumamente difícil tener objetividad y utilizar la razón a l hora de amar, eso para mí es un misterio más difícil de desenmaráñar que el mismo genoma humano, bueno felicitaciones por el tema muy interesante

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