El Papa vino y se fue

Hace 30 años vi a un Papa. Lo vi ilusionada, ilusión que fue abonada en el colegio de monjas al que acudía, que nos hablaba del amor y el mensaje de paz que traería Juan Pablo II. Nos hablaron de un Papa peregrino, de un vocero del mismo Dios, un hombre de paz, Su Santidad, el Pedro de nuestros días. En ese momento, con doce años a cuestas, estaba hinchada de deseos de ver a ese Papa que seguramente afianzaría mi fe. Pues por mucho que quise ver en la Eucaristía al cuerpo de Cristo, y nunca lo vi, mi infantil mente de ese entonces pensó que ver al Papa afianzaría mi fe. Recuerdo vívidamente cuando el avión aterrizó y Karol Wojtyla se arrodilló y besó el suelo ecuatoriano. “Ahora estamos benditos” pensé. “No nos volverá a pasar nada malo, no más inundaciones o terremotos o gente muerta”, tal vez mi mente infantil se espantó con lo del Fenómeno del Niño y cosas así. Dios no permitirá eso en Ecuador, ya el Papa nos besó el suelo del aeropuerto.

Papa Francisco en Ecuador

30 años pasaron. Y valga la ironía, Dios sabe cuánto quise afianzar mi fe, pues veía a mi madre con tanta fe encender velas. El trozo de madera de plywood con el rostro del papa nunca hizo magia alguna. 3o años más tarde, otro papa vino. Otras cruces de plywood se comercializaron. Y nuestro país sigue atribulado. De un fiero león ahora nos domina una correa, seguimos de tumbo en tumbo, pensando que botando a un presidente solucionaríamos las cosas. Claro esta vez no me interesó ir a ver al nuevo papa, por muy argentino, buena onda y cool que parezca. Por muy humilde que sea, humildad que costó 10 millones de dólares al país. No me interesó porque cuando leí la verdadera historia del papa viajero, leí todo lo nauseabundo de su reinado, los asquerosos pactos con Agnes Gonxha Bojaxhiu alias Teresa de Calcuta, para acarrear más dinero al Vaticano, horrores que parecen pocos al revisar la historia como Karol Wojtyla protegió a su amigo el cura pederasta Marcial Maciel que violó a cientos de niños… si ciertamente hay justicia divina, hoy ese papa debería estar besando el suelo ardiente del infierno.

Pero la gente no tiene memoria. Olvidan. Hoy idolatran a un hombre. A Bergoglio. Al miserable que elevó a los altares al otro miserable, al encubridor de pederastas. La gente no recuerda eso. Le llaman “el mensajero de paz”. Mientras su “mensaje de paz” se saca de contexto para alabar a otro mesías: al mashi. El que pretende poner una ley que “redistribuye la riqueza” y de la forma más oronda y caretuca se limpia el trasero con la Constitución que dice que el Estado es Laico, y usa recursos estatales para la propaganda papal.

Traté de entender la euforia, la mala noche de las personas que pernoctaron en el Parque Samanes o las que aguantaron la lluvia capitalina para ver a una persona normal, que ostenta mucho poder, pero que es una persona corriente, sin poderes mágicos peor divinos. Me pareció tan irracional como hacer cola para ver un concierto de “cuando los acordeones lloran”, igual de absurdo que hacer cola para ver un Barcelona – Emelec… igual de inútil que peregrinar en suelo ajeno para ver a Depeche Mode. Sí, porque yo admito que también actúo irracionalmente. Pero la diferencia estriba en que, sí, es cierto, gasté dinero y tiempo para ver a Depeche. Sin embargo, yo no pongo la esperanza de mi futuro en las manos de Martin Gore. No le rezo a Dave Gahan para que sane mis dolores. Mi irracionalidad no llega hasta allá. Un concierto de Depeche Mode y su mala noche para poder estar en primera fila me valió la pena porque estoy consciente de que fue una evasión a la realidad, un acercamiento a mis ídolos que sé que son humanos y no tienen poderes especiales, solo han creado la música más maravillosa de este mundo. Nada más.

Sigo sin entender al creyente que emocionado coloca las fotos que logró tomar de un papa lejano. Que por muy cercano que pudo haber estado, sigue siendo lejano. No va a redistribuir la riqueza del Vaticano, cuyos tesoros muchos de ellos no pueden ser vendidos de lo valiosos que son. Sigo sin entender la renuncia al análisis, la elevación a los altares personales que endiosan al hombre que endiosó al hombre que encubrió al hombre que mancilló la intimidad de muchos niños. Sigo sin entender.

© 2015, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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