Enfrentando a tus demonios

¿Cuántos de nosotros nos pusimos el avatar de arcoiris en FB para mostrarnos abiertos y liberales, pero no contemplamos la posibilidad de que un ser querido se manifieste abiertamente gay? ¿Cuántos de nosotros condenamos la tala de árboles pero apoyamos la destrucción de plantaciones de cannabis? ¿Cuántas personas cambian de posición en cuanto al aborto cuando una de sus hijas adolescentes sale embarazada? ¿Cuántos nos decimos tolerantes siempre y cuando no nos toque a nuestras puertas uno de nuestros demonios?

Todos tenemos un demonio, un prejuicio insalvable que lo ocultamos debajo de la alfombra que dice “bienvenidos” a los pasajeros de nuestra vida. Esos demonios siempre cobran vida y un día llegan a mostrarnos su magnitud, más demoníaca, más insalvable entre más arraigado sea ese prejuicio. Y si dejamos que ese demonio nos domine, le estamos cediendo el control de nuestra vida, le estamos hipotecando nuestra libertad a costa de guardar las apariencias, o por cumplir un mandato o prohibición absurda, o simplemente para no salirnos de esa zona de confort que aunque limitada, es conocida, no es arriesgada.

Sin libertad, somos prisioneros. Prisioneros de nuestros demonios. El peor prisionero es el que no sabe que lo está, se ha acostumbrado tanto a sus rejas que ya no las ve, y vive cómodamente en ese encierro, esa limitación, no sabe que afuera del decorado en el que vive hay todo un mundo por conocer, experiencias nuevas que vivir, aventuras para contar en la ancianidad. Y esa libertad se obtiene justamente limpiando debajo de la alfombra de “bienvenidos”, eliminando esos demonios.

He descubierto que para mantener mi alfombra libre de demonios, lo más eficaz es deshacerme de la necesidad de aprobación ajena, desarrollar un completo quemeimportismo hacia las opiniones de los demás; además de tener el atrevimiento a arriesgarse a ir contra lo establecido, lo “correcto”, porque ningún cambio fue hecho respetando el status quo. Mientras menos me importe lo que otros piensen de mí, puedo mantener mis convicciones y no solo hacerme una careta de “open mind” o mantener un punto de vista conservador y tradicional aunque a todas luces esté equivocado. Es una forma de ser honesto intelectualmente y actuar en consecuencia. No hacer solo activismo en redes sociales, sino con hechos concretos, ponerle el pecho a las balas por lo que uno cree. Dar la cara. Así, los demonios por si solos se extinguen. Y puedo con orgullo decir que soy quien soy; puedo defender mis ideales, siempre y cuando, con el ejercicio de mis derechos no esté atropellando los derechos de alguien más.

© 2015, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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