Escenarios para hacer el amor

PrisAndDanSay

No podemos estar cerca sin tocarnos.

¿Cualquier lugar puede ser testigo mudo de la concupiscencia humana? Supongo que no para mí, pero lo puede ser para otra persona, en cuyo caso, la respuesta a esta cuestión sería que sí, cualquier lugar se puede prestar para hacer el amor. O al menos tener sexo, que no es lo mismo. En mi caso, yo prefiero la intimidad, la discreción y seguridad que me da mi alcoba, donde cuido de cada detalle para que el espacio sea el marco perfecto para dar y recibir amor. Sin embargo, la diversidad humana es tan amplia que lo que para mí constituye un “matapasiones” a otros no les apaga la llama. No podría “ponerme en el mood” en un lugar ruidoso como una salsoteca, que supongo cobijó a más de una pareja calenturienta.

La mente abierta se predispone al sexo. Y si te predispones al sexo, lo obtienes. Todo depende de cómo te sintonices. Así que te propongo un juego mental para ejercitar tu imaginación sexual. Durante un día promedio visitamos diversos lugares que YA han sido escenario de una escena sexual. No me refiero a moteles o demás lugares obvios y relacionados al sexo. Qué tal si recorres con tu mente los lugares cotidianos, donde el sexo no es lo primero que en lo que piensas cuando acudes a ellos. Lugares comunes, no tan encantadores, incluso sitios asquerosos en los que has estado alguna vez. Piensa en los lugares comunes de la vida. Empecemos:

De camino al trabajo o a la universidad tomas un bus. ¿es posible que en ese bus en el que viajas alguien le haya hecho sexo oral a otra persona? Imagino esos buses por las noches ofreciendo refugio a amantes furtivos. Si viajas en tu propio vehículo, recuerda ¿has hecho algo perverso en él? -Si no lo has hecho ¿qué esperas?-. Tu destino puede ser la universidad -nota mental ¡ya la!-, el trabajo -¡ya la también!, el colegio de tu hijo -no la :(- El centro comercial -¡ya la!-. Y así.

Usa tu imaginación. ¿Cómo habrán maquinado esos osados amantes que hicieron el amor en el trabajo? Escapando de supervisores. ¿O en esa bodega que nadie utiliza? Tal vez inventaron una excusa para quedarse a la hora de almuerzo cuando todos los demás salen. Se me ocurre que lo hicieron en la sala de juntas, que debería cambiar de nombre por “matadero” o mejor “salón del sexo clandestino e irresistible”.

Imaginemos ahora el ambiente en la Universidad. Depende del campus, siempre hay recovecos que parecen haber sido ideados precisamente para exploraciones, fellatios y rapiditos. Ese banco en el que el tiempo parece detenerse, quién sabe, sirvió de escenario para que, en medio del cálculo de un balance general, dos compañeros de trabajo decidan aligerar la jornada saboreándose entre sí. Y en la farmacia a la hora de cerrar, con la puerta enrollable cerrada hasta la mitad. O en la panadería. El gimnasio. Me gusta pensar así de cada lugar al que voy.

Sin embargo, hay otros escenarios que también prestan su cómplice soledad para encuentros no consentidos y violentos. Incluso las iglesias, sus “santas” sacristías han presenciado miles de violaciones, ante los ojos inertes de figuras de yeso que no lloran ante este gran dolor. Salones de clases donde se chantajea a una jovencita que por no quedarse de año tiene que regalar su tierno cuerpo a un profesor pervertido. Una morgue o crematorio donde coincide una pareja con extrañas necroparafilias que profanan restos ajenos.

No me parece menos perturbador el tener sexo en lugares como las cárceles que acondicionan para los días de visita conyugal improvisados privados, sin la mínima dignidad. Lo más descabellado es que a veces hasta se engendran hijos en estas condiciones. Así como en ambientes donde el hacinamiento le ha negado el mínimo secreto a las relaciones sexuales de parejas que se ven obligadas a hacerlo en frente de sus hijos, o simplemente que no saben que hay otras formas.

Palabras finales:

Si este ejercicio de imaginación sexual te pone en modo paranóico y empiezas como efecto secundario a desconfiar de tu pareja pues en tu mente en vez de ir a la tienda fue a tener sexo casual con la tendera, es hora de que empieces a trabajar en tu amor propio. Y si te encuentras en una relación en la cual sabes que tu pareja te es infiel hasta con su sombra, es hora de que trabajes aún más en tu amor propio, pues nadie merece una vida así.

Palabras finales finales:

Si no te han botado al menos una vez de una zona regenerada de Guayaquil por lo ardiente de tus besos, te hace falta más práctica. Ya no doy esos espectáculos en el Malecón 2000, pero al menos sí que le demostré a la guardia engorilada que nos correteó, lo que es el casi sexo exhibicionista callejero y lo bien que le hace a mi piel. Actos que para algunos son inmorales, no lo son para mí. Porque no hallo la vergüenza en el amor ni el sexo. El sexo consentido entre adultos a los que los une el amor.


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