Flirteo inesperado

Entre las múltiples cosas que salí a hacer ayer, debía ir de un extremo a otro de la ciudad. Mi negativa de usar el carro de mi novio se debe a motivos meramente camaronisticos -no distingo la izquierda de la derecha- y me niego a tener chofer. Así que prefiero usar buses -no metrovia-. Estaba yo en la 42, que la tomé casi cerca de la estación, en la Victor Emilio Estrada y Costanera, así que ventajosamente alcancé a acomodar mis largos fémures en los estrechos asientos. Junto a mi se sentó un Daryllanqui guayaco, con cejas depiladas y aretes de brillos que deslumbran más que los míos, que incluso son más discretos. Iba yo absorta escuchando obviamente Depeche Mode, pues estoy aprendiendo de memoria las canciones del SOTU cuando, a la altura de Plaza Triángulo se sube un ejemplar masculino de esos que me infartan: barba incipiente, cejas pobladas, pelo lacio cayendo en la frente y lo más excitante, brazos gruesos que rematan en unos antebrazos también gruesos. Usaba camiseta amarilla -feo color que le quedaba de lujo en su sonrosada piel-, jean ajustado justo como me gusta ver a un hombre. Sin querer, lancé una mirada braguetera… humm… bastante agradable el especimen. Seguramente fue esa mirada lo que hizo que el tipo se fije en mi. De reojo miré a Darillanqui, que de forma por demás normal tarareaba el “rakata, rakata” que sonaba en la buseta. Nada podría acabar con mi buen humor, iba disfrutando música en mis oídos y deleitandome mirando la manzana de adán de ese machito. A la altura del Policentro el bus parecia explotar, se bajaron 15 personas y subieron 68. El hombre hermoso se colocó justo frente a mi, y clavó su mirada en mi blusa, esa ajustada celeste que a más de mostrar clavículas, muestra tetas, que venturosamente no se han desvanecido a pesar de lo flaca que estoy. Me sonrojé. Quise disimular y twittear algo, pero no solo porque Darillanqui iba a mi lado, ya no confío en ningún ser humano, y no es inteligente sacar una Blackberry en medio de un bus atestado de gente. Además, recordé, la bola se me había atorado, el teléfono solo sirve para hablar por teléfono, y el foco rojo me gritaba que tenía muchos mails que leer. Más adelante, el bus quedó menos repleto, ubicandose el hombre hermoso diagonal a mi. Desde su perspectiva ya no se veían mis tetas ni mis clavículas y demás huesos. Y su sonrisa de medio lado delataba que si, que el coqueteo era conmigo, no con la gordita de audífonos negros, ni con Darillanqui -los hombres bellos a veces pueden ser gays-. Pero este no lo era, pues el descaro de su filtreo me intimidaba. Dejé de mirarlo. ¡Qué subidón al autoestima! Realmente sirve que una belleza masculina pose los ojos en nuestras tetas de vez en cuando. ¿Será conmigo? Alzo la mirada, y vuelvo a tropezarme con la suya. ¡Comprobado, es conmigo! En un momento sacó un Nokia de esos serie N -creo- y escribe algo. Mis fantasías me llevaron a imaginar que dicho portentoso macho es uno de mis followers de twitter, esos que tienen por avatar una caricatura, y que me mandaba un DM diciendo “Te reconocí @Pitonizza, estás en la 42 y estás usando un sostén celeste”. Llegado a mi destino, actúe como siempre actúo en los casos de coqueteos imprevistos con desconocidos. Le lancé la última mirada braguetera como despidiendome y me fui sin mirar atrás. Ahi se quedó aquel Adonis, rumbo al sur.

Ya en serio, este tipo de cosas no me pasaba hace décadas. Creí había perdido el atractivo, rozando los cuarenta una mujer no está para estas cosas. Sobretodo una mujer comprometida. Sin embargo, dada la inocencia del acto, lo improbable de volver a tropezarme con un hombre tan guapo en una buseta, y lo lejos que está mi novio como para que se enoje conmigo -de hecho, nunca se enoja, ¿será que no le importo?-, seguí el jueguito consciente de que no se vuelve a repetir. Como muchas cosas no se volverán a dar en mi vida:

  • nunca más tendré una cita a ciegas
  • jamás le daré mi tarjeta a un desconocido por muy rico que se vea por encima de la bragueta
  • nunca volveré a dar un primer beso
  • no tendré una primera vez con nadie nunca más, nunca

El no sentir esos nervios de las primeras veces se compensa con esa paz, esa felicidad que solo la da la pareja estable, ese hombre que espera por mi y que sabe que un coqueteo de buseta no tiene la mínima importancia, como yo tampoco le haría una escena si él coquetea con la dependiente de la perfumería, pues los perfumes los compra para mi.

© 2009, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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Comments

  1. La 42 mmmm… yo solo me acuerdo de la linea 12 (que pasaba en frente de mi ex-colegio) y de la 54 …. y nunca vi algun especimen con tus caracteristicas!! sera que los tiempos cambian?..

  2. Esos subidones de autoestima son lo maximo… sobre todo asi, cuando captas la mirada de un buen especimen masculino sin proponertelo.. Te felicito pitonizza.. como dirian algunos.. no has pasado de moda…

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