Intenciones, molestias y daños

Los seres vivos actuamos por una intención, ya sea instintiva, ya sea más racional, pero siempre hay una intención en nuestros actos. Reconocer que algo fue sin mala intención a veces es difícil, pues significaría dudar de nuestra propia capacidad para interpretar a los demás. Pero ¿somos capaces de interpretar a los demás? ¿O lo más frecuente es que los malinterpretamos?

Es posible que haya quienes intencionalmente actúan de manera que afecte al prójimo. Estas personas tóxicas simplemente es mejor ignorarlas, a no ser que se tengan las técnicas correctas para hacerla recapacitar de sus intenciones, y esa labor titánica a veces puede resultar en tiempo perdido si es que no nace del malintencionado el deseo de cambio.

Si una intención se queda en intención y no genera una acción concreta, es estéril. Una intención por muy buena que sea es posible que genere molestias o daños a terceros. El daño o molestia fue un efecto colateral que no tiene que ver con la intención, pero que a veces también lamentablemente puede ser irreparable.

Para vivir en sociedad civilizadamente lo óptimo es vivir sin afectar a nadie. Se afecta algo cuando se lo obliga a dejar una situación de bienestar. Se afecta a alguien cuando se le quita un privilegio, pero en este caso sería recompensado al entender que la renuncia de dicho privilegio resulta en justicia para otro grupo humano, en restarle molestias. También se afecta algo cuando se lo daña, daño que puede ser físico o moral. Las molestias simplemente interrumpen, fastidian… pero no dañan. Las molestian obligan a cambiar. A veces, estas molestias son pasajeras y el cambio es positivo, como cuando nos molestan las agujetas al día siguiente de entrenar duro. En cambio otras veces las molestias recurrentes terminan haciendo daño. El daño  implica recuperar recursos a veces escasos, como el tiempo o el dinero, o el más delicado de todos: la salud. El daño a veces es irrecuperable, como el acabar con una vida.

¿Molestias o daños?

Importunar es molestar. No cumplir una promesa es molestar. Irrespetar el sueño ajeno es molestar. No pagar deudas es molestar. Pedir “favores” constantemente es molestar. Imponer el pensamiento propio sobre los demás es molestar. Hacer ruido es molestar. Ser impuntual es molestar. Ser irresponsable es molestar. Ser desconsiderado es molestar. Coimar es irrespetar. La “viveza criolla” es molestar.

Contaminar es dañar. Chismosear es dañar. Estafar es dañar. Vandalizar es dañar. Sembrar cizaña es dañar. Propagar odio es dañar. Adoctrinar es dañar. Discriminar es dañar. Acosar a alguien es dañar. A veces nos hacemos daño a nosotros mismos: cuando no comemos a horas, nos dañamos a nosotros mismos. Cuando tenemos una dieta desadecuada nos dañamos a nosotros mismos. Cuando no salimos de relaciones disfuncionales nos hacemos daño a nosotros mismos. Cuando vivimos a través de nuestros hijos nos dañamos a nosotros mismos. Cuando nuestra vida social se limita a Internet nos dañamos a nosotros mismos. Cuando nos victimizamos nos dañamos a nosotros mismos.

¡Hagan algo!

alguien haga algo Hay cosas que molestan, pero que se solucionan simplemente ignorándolas. No voy a ir por ahí pidiendo que se prohíba todo lo que molesta o no me gusta a mí. Es diferente en cambio pedir acción por algo que causa daño, aunque sea el menospreciado activismo de escritorio, que al menos sirve de alerta para mostrar que algo está pasando. Las intenciones que no llevan a ninguna acción son simplemente buenas intenciones de las que dicen está empedrado el camino al infierno. Pero si la intención no es resolver de primera mano el problema sino pedirselo a alguien más, alertar, informar. Eso es mejor que no hacer nada de nada. Y también es mucho mejor que ir lanzando negatividad sobre las cómodas campañas virtuales. Siempre hay alguien que deja el teclado, levanta las posaderas de la silla y hace algo, porque lo vio en redes sociales. Pues, si todos dejamos de compartir nuestra indignación por el daño que se infringe a terceros, nos volvemos cómplices y encubridores de dicho daño. No lo veo como lloriqueo esteril si una campaña que empieza en change.org mueve a personas de sus escritorios hacia los campos de batalla donde se libran estos daños.

© 2015, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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