Internet, la ciencia y la espiritualidad

Adentrarse al conocimiento esotérico no tiene final, el aprendizaje es constante y las epifanías, frecuentes. Así había sido hasta mi llegada a Internet en el 2007 más o menos, antes de eso, mi vida online era inexistente. Las investigaciones entonces las hacía en campo, visitando bibliotecas o quedándome en la casa de alguna amiga que ostente libreros llenos de material no comercial. Antes de Internet leía muchísimo y experimentaba con mi psique. Hasta que un día me conecté a la red, y así permití que un programa se instalase en mi sistema de creencias.

En Internet aprendí que lo esotérico es superstición o cosas de conspiraónicos. En la zona de la Internet donde yo navegué, muchos juzgan a los libros de autoayuda como basura. Ahí aseveran que lo ancestral es primitivismo anti progreso. Y esos “internet warriors of reason and logic” catalogan a todo lo que no sea validado por el método científico como magufadas.

Me creí ese discurso. Incluso llegué a sentirme mal por haberme ganado la vida como consultora de Feng Shui, ¡pseudociencia! Hasta renuncié a mi trabajo como facilitadora en la Universidad donde formaba a estudiantes de diseño en el arte del Feng Shui. Todo sea por la honestidad intelectual. Me dejé seducir por el ateísmo racionalista de Internet que tachaba algunos de mis viejos posts como “new age crap”.

Así convencida, a pesar de haber negado una inmensa parte de mi vida, quise vivir abiertamente ese recientemente adquirido ateísmo ultra racional, materialista y divulgador científico. ¡Hasta abrí un blog del más rancio ateísmo de Internet! Como ya borré todo el contenido de dicho blog, y como muestra de lo lejos que me hallaba de la Priscilla de siempre, expongo un comentario que escribí en un blog de esos que dedican su existencia a la exposición y denuncia a todas las magufadas de los new ages. —todas esas artes de las que en mi pasado me había servido y que en mi etapa atea negué y difamé.

Hay que cuidar de tener siempre palabras dulces, por si acaso algún día tenemos que tragarlas.

Hoy veo toda esa etapa de mi vida en retrospectiva y me doy risa. Me doy mucha risa por haber puesto los argumentos de desconocidos de Internet por sobre mis experiencias y epifanías, las que tan frecuentemente llegaban a mí en mi adolescencia, esa hermosa época de brujerías de colegio. Me doy risa porque negué los testimonios de mis pacientes de reiki, todo porque leí en una página en Internet que el Reiki es una estafa. Olvidé todas las evidencias que mis clientes recurrentes de Feng Shui por el racional, crítico y letal argumento:

“La evidencia anecdótica no es prueba según el método científico.”

Ajá. No tengo pruebas. He entendido que no tengo que probar nada de forma científica, porque el mundo espiritual no se puede medir con los artilugios de la ciencia.

Mi arrogancia me hizo creerme superior que cualquier persona que siga métodos para sentirse mejor que no pasen la prueba del doble ciego que es la santa verdad revelada para la analítica voz de la razón. Mi ateísmo, —y le llamo mío porque no quiero generalizar con que todos los ateos son como lo fui yo: arrogantes y de mente cerrada. Ese ateísmo me hizo olvidar mi esencia. Eso sumado al temor de aparecer retratada como deshonesta o estafadora por una de las páginas web de los guardianes de la razón, divulgadores de la ciencia y talibanes anti-espiritualidad. Se me olvidó quien era yo, me vestí de otra. Se me había olvidado la magia de la que me serví siempre. Y solo aquel que busca la magia está destinado a encontrarla.

Es hora de recordar.

Acuatic Tarot por Andreas Schröter

El haber sacado mis viejos libros de las cajas donde las había confinado durante mi fase nihilista fue un acto simbólico que redundó en recordar todo ese conocimiento que había consumido durante mi juventud. Reencontrarme conmigo, con mis antiguos escritos en esos cuadernos que llené con letras inspiradas por esa guía interior que el ateo niega. Eso junto con otras prácticas espirituales como la meditación diaria y la contemplación de la naturaleza me ha regresado a un estado de inocencia espiritual donde ni juzgo a nadie ni me importa lo que piensen de mí. Así como la carta de El Loco, uno de los arcanos mayores del Tarot, el arquetipo de inocencia y osadía propia de los que están fuera del sistema y convenciones social y políticamente aceptadas. Al Loco no le importa lo que digan de él. Es amigo del viento y de los animales. Su equipaje es ligero porque su horizonte está muy lejos.

Estando en este estado de consciencia me siento con deseos de comerme al mundo. Sí. Estoy dispuesta a seguir el camino del loco y atravesar los veinte y dos Arcanos Mayores. Veinte y dos lecciones para llegar a ese dominio del mundo. El aceptar que un camino va a ser un reto largo es uno de los fundamentos para alcanzar una meta.

El Merkaba que construí ayer para mis meditaciones cuando debo recobrar el balance psiquico – material. La fusión entre lo racional y lo irracional. El tetrahedrón es util durante las transiciones. Ayuda a ver los patrones que nos limitan.

Y es todo este conocimiento esotérico al que he reconectado los últimos años al que accedo ahora para entender todo eso que el materialismo se resiste a aceptar. Como por ejemplo, que el espíritu se opone a la materia, y la contiene. Pero para la materia se le complica comprender algo carente de mesurabilidad. Si no se puede medir no existe. No hace consensos. Por eso la ciencia y la religion no se deberían mezclar. La ciencia sirve para un propósito, nos ha mejorado las condiciones de vida en innumerables aspectos. La tecnología es otra evidencia de lo positivo de la ciencia. Pero mientras la ciencia no descubra la tecnología que muestre pruebas medibles de los campos sutiles de energía va a seguir negándolos. Por encima de las evidencias personales que nos llegan por medio de nuestro Ser Superior.

Esta vez, el conocimiento que me llega es recibido con humildad. No es mi interés escuchar elogios hacia mi ego, mas, mi propósito será orientar a otras personas por medio de las artes que son la razón de mi nick name de Internet: la Pitonizza, la que consulta al oráculo entre los infinitos posibles caminos cual es el que recibe las mejores energías. La que hace cartas astrales y mapas geománticos para mejorar la vida de los demás. Con humildad y honestidad, atendiendo la voz de mi guía interior en lugar de inevitables críticas. Mi conexión a mi guía interior es ahora más importante que mi conexión a Internet.

© 2018, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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Mis libros

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