La culpa es de la escuela

Es comprobado que la gran mayoría de los niños menores de 4 años tienen mayor curiosidad, creatividad y pensamiento divergente que los adultos en general. Son de mente abierta. A esas cortas edades los niños no son racistas, no discriminan, colaboran, comparten. No les interesan las marcas de los juguetes que se les da. Experimentan todo. Son pequeños científicos, investigadores, agricultores, astronautas, soñadores sin límites. Las cualidades de curiosidad, creatividad y pensamiento divergente se presentan en las personas catalogadas como “genios”.

Sin embargo, si tomamos a un adolescente al azar, veremos como ha perdido interés por investigar, ya no es creativo, se encandelilla con marcas. Es un borrego sin pensamiento independiente. ¿Qué creen es lo que mata a esos genios? ¿Por qué vemos cada vez más jóvenes sumidos en la brutalidad, la insensibilidad, la rivalidad? Los altos índices de alfabetización no son sinónimos de sociedades más cultas. Se supone que la educación es un derecho público y garantizado por el Estado. En otras palabras, hoy más que nunca:

TODO MUNDO VA A LA ESCUELA

Eso es, ¡la escuela! Con sus filas y uniformes que esconden la diversidad. “Las personas no tienen pelo verde, sacaste carita triste”. Siéntate ahí por 6 horas. Hora de comer. Hacer silencio. El título va con rojo. No te salgas de la línea. “Son el peor curso del colegio”. “Así no se hace esa letra, hazla como yo digo”. Escuchar lo que dice el profesor y repetirlo luego. Les pedí acuarelas marca “YoVendoEso”. Solo media hora para jugar, el resto, a callar.

Pawel-Kuczynski

Ilustración de Pawel-Kuczynski

Aprender como un loro datos inútiles que olvidará tras aprobar un test de opción múltiple para luego ser comparado con una escala rígida. Aislarse al ser disgregado de compañeros más rápidos en hacer cálculos, convirtiéndose en persona de segunda, por un profesor que le martilla que será un adulto mediocre por no haberse sabido adaptar a la plantilla que dicta el sistema educativo-adoctrinador-robotizante, generador de esclavos, futuros peones, trabajadores de tareas repetitivas. Mentes secuestradas por el dogma de quien inventa los pénsum, los únicos libros a los que deben regirse, los que dictamina el sistema. El fomento al materialismo al otorgar reconocimientos medallas y oropeles a los “estudiantes destacados”, los que portan la bandera, los que son ejemplo, los que recitan de memoria lo que dictó la autoridad, los obedientes, los que rivalizan por posiciones de honor que a la larga no significan absolutamente nada.

Con un mal sistema educativo, la escolarización es una irresponsabilidad.

No deleguemos la importantísima misión de la educación de nuestros hijos ciegamente a la escuela. Saca de tu tiempo el necesario para incentivar en tu hijo la lectura, la investigación en libros impresos que complementen su investigación online, guíalo, enséñale a dudar. Desmitifica la autoridad del profesor. Confronta lo que tu hijo está estudiando. Apóyalo en actividades extra colegiales, como el deporte o el arte. Dale a tu hijo el ejemplo de la lectura, lee en su presencia, comenta los libros que estás leyendo. Fomenten un hobbie o pasatiempo. Salgan de excursión, sumérjanse en la naturaleza. Sé amigo de sus amigos. Permite a tu hijo ser un niño, déjalo que juegue, que con eso aprende a colaborar, a usar herramientas. El tiempo que pase alejado de las aulas es oro para ti.

No creas que con mandar a tu hijo a la escuela y exigirle que saque buenas notas, con un cuaderno hecho mayormente por ti, estás apoyando en la educación de tu hijo. Si tu hijo odia la escuela, escúchalo. No le digas vago por no querer repetir hasta el cansancio una plana. No lo obligues a usar un uniforme que lo asfixie poniendo las “reglas de la institución” sobre su comodidad corporal. Tal vez por todo eso los niños asociarán a los libros con tortura. Y los jóvenes no se acercan a un libro ni por error. Lo más lamentable es verlos celebrar “no volver a abrir un libro” cuando se gradúan del colegio. ¡Con apenas 17 años a cuestas creen que han leído lo suficiente!


Sé que mis propuestas son controversiales. Dejar de mandar a los niños a la escuela se tacha de negligencia. No interesarse en las notas del hijo es juzgado cosa de “malos padres”. Pienso que más mal padre es aquel que no reflexiona en la verdadera educación que debe brindar a su hijo, sin despreocuparse al creer ingenuamente que tener buenas notas en la escuela garantizará la felicidad y autorrealización de tu hijo como ser humano. Sin embargo, como están las cosas, y para quienes seguimos obligados a mandar a los chicos al sistema adoctrinador llamado escuela: estemos alerta. Ya lo dije antes y es tan vital que voy a repetirlo:

Aprovecha cada minuto. Ya he dado algunas ideas. A quien se le ocurran más, lo invito a participar en los comentarios. Porque el conocimiento es vivo, constante, fluído, flexible, cambiante, dinámico. Nada que ver con cualquier libro de texto.

© 2016 – 2017, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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