La era de la información irrelevante

Cada segundo miles de vídeos son subidos a miles de servidores. Se generan millones de tweets en un día. Millones de fotos son subidas a diario. Otros tantos de miles abren sus cuentas en redes sociales para entrar a formar parte de los que suben información a Internet. Ellos también quieren consumir información irrelevante.

Las redes sociales nos envolvieron, nos atraparon. Capturaron nuestros datos, con complejos algoritmos predicen sobre nuestros intereses, convirtiéndonos en target de anuncios y ofertantes que a su vez esperan volvernos consumidores de sus páginas de fans. Nos seducen tuiteros influyentes a los que les pagan o hacen canjes para hablar bien de algún producto, captando un beneficio personal a costa de (mal) informar o exagerar. Esa era la trampa, así fueron comercializando con Twitter, con Facebook, con todo lo que parece ser “gratis y siempre lo será”.

Mentira, nada es gratis

Mentira, nada es gratis en la vida.

¿Y cómo es que nos cobra Facebook? Con nuestro tiempo, el recurso más preciado que tenemos y que se está consumiendo segundo a segundo, sin parar. Para algunas personas, Facebook ya ha reemplazado en su totalidad a la televisión en términos de entretenimiento, dada la flexibilidad y personalización que se puede crear con el contenido que uno prefiere ver -para los ojos profanos contenido gratuito-, que ya sabemos que se paga con tiempo.

 

Desintoxicándome de Facebook

Al principio yo tuve una cuenta de Twitter, la abrí en el 2007 y fue muy activa hasta el 2010, recuerdo claramente, una chica de farándula fue atropellada se convirtió en la burla de los tuiteros. Ese ambiente burlesco ante la desgracia ajena de la tuitera más seguida del Ecuador tornó esa red social en algo ya no tan grato para mí. Desde entonces, limito mi presencia en Twitter a pocos minutos al día por si recibo algún mensaje por ahí. Y fue entonces también cuando Facebook atrapó el tiempo que antes yo se lo dedicaba a Twittter. Me volví Facebook adicta. Hasta hoy.

Este carnaval lo he dedicado a investigar más sobre recetas de cocina, elaboración de jabones artesanales y otros experimentos caseros. También estamos planeando un cambio de estrategia con mi esposo para la publicación de mis libros. Estoy enfocando mi energía en puntos específicos y tener abierta la cuenta de Facebook diluye mis esfuerzos.

No es necesario estar al tanto de los sucesos cotidianos y a veces hasta vulgares que se exponen por ahí. O las consabidas “peleas virtuales” cuando juega X o Y equipo. O como no, las opiniones extremistas de personas fanáticas ya sea sobre religión, ateísmo, política, veganismo, crossfiteros y conspiranóicos. O los memes que caen en el hartazgo. O las faltas de ortografía que pretenden ser memes. Y como no es necesario estar al tanto del último chiste que circula en FB, por el momento lo tengo cerrado o hasta ver si puedo quitar todas las notificaciones.

El contenido que podemos conseguir en Internet puede ser de muchísima validez, podemos encontrar documentales sobre variadísimos temas, tutoriales con ilustraciones paso a paso, incluso vídeos que próximamente serán en 360 grados, ¡algo insoñable hace pocos años! Así, los internautas podríamos aprovechar nuestro tiempo en nutrir el campo de nuestro interés, aprender sobre culturas lejanas, practicar un idioma extranjero, descubrir nueva música. ¡Hay muchas cosas valiosas en línea! Hay que saber buscar.

La irrelevancia no es exclusiva de Facebook. Hay mucho material irrelevante en otros formatos, vídeos muy malos, viñetas antiestéticas circulando en YouTube, Whatsapp, Instagram, en fin. Mi fijación con Facebook se debe a mi dificultad de apartarme de los temas de conversación que los otros proponen, Facebook es la tierra de “cada loco con su tema”, es muy difícil concentrarse estando ahí. Estar en Facebook mantiene mi atención dispersa y así no me doy cuenta de que estoy pagando con demasiado tiempo por información que en general no es trascendente. A diferencia de otros sitios webs donde podemos enfocar más fijamente un tema, por ejemplo al navegar en YouTube, donde podría pasar horas viendo vídeos sobre X tema y profundizar en eso.

Como corolario quisiera recalcar que sí existe material que vale la pena en Internet, es cuestión de disciplinarse para no entretenerse demasiado en las trampas que nos ofrece la información irrelevante.


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