La ex contraataca (II parte)

Como recordarán…

Sí, yo soy, en qué puedo servirle, le dije a Peggy fingiendo que no sabía quién era. Con una arrogancia única, ella cierra la puerta del privado para asegurarse que nadie escucharía las palabras que pretendía dirigirme. Aproveché para analizarla, es aún más linda de lo que mostraban las fotos, el pecho mosqueado, el pelo rojo natural, los ojos verdes, patucha pero “buena”, nada “gordita”. No pude evitar fijarme en su rolex y su cartera YSL que lucía muy original. Ella tomó el portaretrato con la foto que Eustaquio y yo nos tomamos la noche que formalizamos nuestro compromiso. Peggy, desafiante, pone el portaretrato boca abajo sobre la mesa, tomando el otro portaretrato donde estamos mis padres, la madre de Eustaquio, él y yo. Yo estaba llena de furia, no me salían las palabras para impedirle a esa mujer que examine nuestras fotos.

Todo se me puso rojo. Di un par de pasos y le quité el portaretrato de la mano: “lo estás manchando, dime qué quieres conmigo.”

Nada, solo advertirte. Eustaquio también me ofreció matrimonio. Me llevó a vivir a su casa, me llevó a su casa de la playa, me dio su carro, me puso a trabajar aquí, con él… y cuando se aburrió, me dejó. Se fue de viaje, como lo ha hecho ahora, seguro ya lo aburriste, y por eso te dejó, vestida y alborotada. Por solidaridad femenina te lo digo.

En ese momento, la furia se transformó en lástima. Yo sé las razones por las cuales mi novio se marchó, sé que es mentira que Eustaquio la haya llevado a vivir a su casa. Realmente era difícil de creer que una chica tan hermosa, joven, profesional, aparentemente culta, sea tan loca.

Como digas… ahora, por favor, retirate que tengo mucho trabajo que hacer. No admito que nadie venga a darme consejos no solicitados, menos alguien que no es bienvenido aquí.

Espera Pitonizza, Eustaquio te dijo que fue a culminar un masterado, ¿verdad? Te puso aquí a supervisarle todo, ¿verdad? Te llama todos los días, ¿aún te pone la musiquita para que te quedes dormida? Ah, conmigo lo hacía y eso me tenía embobada…

Eso fue suficiente, tomé el teléfono y llamé a seguridad para que se la lleven.

Aquello haría tambalear mi relación. Con Eustaquio tan lejos, no podría ver en sus ojos su versión. Apenas me quedé sola, tomé el teléfono y lo llamé, no me importó interrumpirlo, admito, yo estaba muy alterada, lo de la “musiquita” fue una puñalada. Como lo supuse, me contestó la grabadora. Debía esperar hasta la noche para poder aclararlo todo.

Cuando esa noche Eustaquio me llamó, yo no pude evitar estar evasiva, fría, distante. Como es la costumbre de mi novio, empezó a hacerme cosquillas virtuales, con chistes agrios para hacerme reir, ardid que no funcionó. Ante esto, Eustaquio entendió que algo sucedía y me dice directamente -como todo hombre-

– Si te pasa algo, hablamos mañana.

– No, no me pasa nada.., y como mujer di vueltas intentando que él adivine la causa de mi rabia. Pronto detecté ese patrón, y rompí el círculo:

– Es que llegó Peggy a la oficina y me dijo que la llevaste a tu casa de la playa y que tú le ponías música para que se quede dormida…

Eustaquio nunca se enoja, es el tipo de persona con una sonrisa tatuada, de voz firme pero apacible y juguetona. Jamás lo había escuchado realmente enojado, hasta ese momento:

– ¿¡Y TU LE CREES!?

– Pero, ¿ella fue tu enamorada?

– No fue mi enamorada, llegó a la oficina a hacer una auditoria externa, se quedó sin trabajo y yo la contraté, luego salimos un par de veces, pero no me gustó para nada, ella se metió en mi casa, es un karma, no la resistiría ni como vacile. Ni siquiera conocí su casa, no soporto que una mujer me busque, que esté atrás de mí.

– ¿Pero cómo ella dice que le ponías música, que la llevaste a la casa de la playa?

– No se la ponía a ella, es más, la música que le puse era para ahuyentarla, no para que se quede dormida, Judas Priest a todo volumen, pues ella odia el heavy metal. Y ella conoció la casa de la playa pues ese año invité a los empleados a celebrar mi cumpleaños allá, todos fueron, pregúntales. Ahora, si no me crees, no tengo como demostrarte nada, si le crees a esa loca y no a mí…

(el típico recurso de jugarse el todo por el todo creando una disyuntiva dejandole a uno la decisión)

Pues le creí. Noté que Peggy me había estudiado previamente, había detectado mi punto débil, supo jugar sus “cartas” y atacar mis debilidades.

Esta ha sido una de las pruebas más difíciles que ha soportado mi relación con Eustaquio. Sin confianza no hay amor, además, Eustaquio está al tanto de que la obra que estoy llevando a cabo está dirigida por el arquitecto del filtreo, y no me está poniendo espías confiando en mí.

© 2009, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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Comments

  1. Gran ****a, el tipo es un bacan, buena Eustaquio, ¿quien estaba antes de Peggy…? ¿a cuantas habra mandado a dormir con musica?, leanlo proximamente…

  2. Ninguna relación es miel sobre hojuelas al 100%. Sé que superarás la prueba. Son dos personas maduras, hechas, derechas, e inteligentes y por palabras dichas por alguien superficial no se estropeará todo.

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