La información irrelevante

Siglos atrás, la información era limitada. Resultaba bastante complicado encontrar libros, pues eran escritos a mano. Cuando un libro contenía información que contradice a lo que la iglesia enseña, el libro se reducía a cenizas. Eso pasó con bibliotecas enteras. La información viajaba a caballo, por caminos borrascosos. Las cartas tardaban meses en llegar. Qué diferente es ahora: cualquiera con conexión a Internet puede publicar lo que piensa, ya sea en un libro, un blog, o en redes sociales. Nos enteramos prácticamente en tiempo real de lo que pasa en cualquier punto del planeta. Eso nos ha llevado al otro extremo: la información se desborda, y un gran porcentaje de esta es simple y llana basura.

Celebridades y sus intrascendencias

Por alguna extraña razón, es noticia cuando alguna celebridad se casa, tiene hijos, se tropieza y se quiebra una uña. Se arman grandes debates en Twitter sobre si el vestido que usó Mengana no le luce, o si la sesión de fotos de Sutanita ha sido retocada antiestéticamente. Estos asuntos llegan a los trending topics. No entiendo por qué.

En alguna parte del mundo asesinaron a alguien

…y necesitamos saber los detalles sangrientos. Hay que escarbar en el FB de las víctimas y los victimarios. Entrevistar a los familiares. Y publicar las fotos en periódicos con letras de molde, en el rojo más violento, para que no quede la menor duda de que hubo mucha sangre, y que la tortura fue {inserte descripción lo más gráfica posible}.

Memes, memes, memes para pasar el tiempo*

Imágenes que se sacan de su contexto y se usan en circunstancias diferentes. ¡Qué buena idea! ¡Qué gran aporte para futuras generaciones! Usamos situaciones que sucedieron en el set de Caso Cerrado de formas ingeniosas, nos burlamos de todo, ¡qué irreverentes somos! Aunque en ocasiones los memes de Internet denuncian temas haciendo símiles ocurrentes, quitándole severidad, en general estos son descartables, ergo, irrelevantes.

* Debo confesar que esta es mi forma preferida de enterarme del acontecer nacional de mi paisito.

Política nacional e internacional

La prensa tradicional le pertenece a los que tienen el mando. Punto. Por tanto, es una herramienta para guiar a las masas hacia donde estas élites quieran dirigirlas. En nuestro medio, la libertad de prensa no existe. Punto a favor de jamás comprar un periódico, encender un televisor o seguirlos en redes sociales. La información procedente de estas fuentes es manipulada, se oculta a conveniencia, se publica lo que aprueba algún directorio diabólico con oscuras intenciones.

Mi equipo es mejor que el tuyo

Gane o pierda un equipo de fútbol, los hinchas siempre buscarán la manera de imponer su “superioridad” sobre el resto. Hasta los casos más violentos luego se toman como burla, como los horribles sucesos acontecidos en un estadio donde delincuentes fueron infiltrados para dañar a otros a diestra y siniestra. El espíritu de camaradería que debería primar en un juego se diluye, desaparece, se asesina con la burla, mofa, y ahora incluso, a punta de cuchillo. Lamentablemente ser fanático de un equipo es excusa para hacer gala de homofobia, sexismo, regionalismo y otros cánceres.

Lo que dijiste me ofende

Resulta casi imposible opinar algo sin ofender los sentimientos de alguien más. Así, los temas intrascendentes se analizan por semanas, los grupos progresistas rebaten cada intento individual que no les dé la razón. Resulta titánico ejercer verdadera libertad de expresión, si ante cada opinión que tenga habrá un colectivo ofendido que lloriquee por una disculpa.

La única salida: Ser selectivo con la información que se consume

Es completamente posible vivir sin enterarse de estos sucesos. Incluso y con riesgo de ser lapidada en redes sociales por opinar mi apatía hacia la política y los álgidos momentos que atravesamos en el Ecuador y en Estados Unidos, estoy convencida de que tenemos el gran poder de crear nuestra realidad, moldearla de lo que es hacia lo que queremos. La información irrelevante actúa como un elemento artificial, que tapona el aura y la contamina con las bajas vibraciones que esta ofrece.

Los chistes de Internet tampoco se expían de culpa, aunque menos dañinos en cierto grado con la información sobre chismes del espectáculo o resultados deportivos, tienen a su haber miles y miles de horas desperdiciadas, horas muertas. Una sonrisa efímera no vale la pena si la comparo con algo productivo que podría estar haciendo. Es verdad, compartir un chiste en Internet no hace daño a nadie. Solo a mí misma, pues me distrae de lo que debería estar haciendo para conseguir mis metas.

La información irrelevante florece porque nos hemos convertido en una masa que busca gratificación instantánea. Las redes sociales se llaman precisamente redes porque cumplen con el propósito de atrapar sociedades. Nos enredamos ahí. Y son diseñadas a propósito para ser adictivas, fáciles de usar. En sí solo buscan conseguir nuestros datos, información que nosotros creemos irrelevante, pero que para Facebook es valiosa, pues así es como nos segmentan para vendernos cosas. No es gratis estar en Facebook como ellos dicen. Cuesta algo mucho más importante que el dinero. Cuesta tiempo. Y el tiempo es oro.

Tan solo luego de una semana de no revisar mi muro de Facebook ni mi time line en Twitter, me ha dejado un tesoro valiosísimo: horas que invertí en mis sueños más acariciados. He terminado tareas que había pospuesto por meses, ¡en una semana! Pensé que dejar esas adicciones iba a ser más difícil, pero el tiempo de elecciones me lo ha hecho fácil. Leer lo que se publica en FB o Tw me deja un sabor de boca tan malo, como si intentara entablar conversación con los borrachos de cualquier esquina. Las redes sociales hacen mucho ruido. Prefiero disfrutar el silencio.

Ahora trabajo enfocada, sin revisar continuamente esa pestaña que parpardea insistente por mi tiempo. Ya no caigo en la trampa. Entendí que eso de ser “multitasking” es un mito, es mentira que podamos hacer dos cosas a la vez. Mi tiempo es mío y no lo contamino con datos fútiles como los que minuto a minuto se publican en redes sociales. La única voz que se oye dentro de mi cabeza es la mía (o la de Thom Yorke).

© 2017, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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