La maldición del poeta

Yo era una estudiante traviesa de 15 años. Me encantaba escuchar Information Society, a mi mochila le colgaban 324 llaveros de colores fosforescentes. Me pintaba los ojos a escondidas en el colegio, siempre llevaba un espejo en el bolsillo del uniforme. Mis experiencias con los chicos se limitaban a llamadas telefónicas e idas a verme a la salida de clases, pese a que era prohibido. Era vírgen, ingenua… pero pícara e inquieta.

En una fiesta del colegio, se colaron chicos de cierta centenaria institución masculina. Todas nosotras nos pusimos alertas… “¡llegaron los chicos…!!”… Mientras yo bailaba sola en una esquina (sí, a mediados de los ochenta yo bailaba) vino un chico muy flaquito, escondido tras unos lentes, y con la corbata del uniforme escapando de su bolsillo trasero.

– ¿Bailamos, hermosa dama?

– ¿¿¡¡Qué!!??

Bueno, entendí el ademán y salí a bailar con él… intentó hacerme conversación, pero yo bailaba absorta. Cuando hubo oportunidad, se me acercó y me pidió mi número de teléfono, que, no sé por qué oscura razón del destino le dí. Al día siguiente me llamó. Yo, seca como el desierto, escuchaba los versos que según el escribía para mi, traté de cortarlo rápido. Una compañera de colegio, quien vivía frente a la cancha donde venían a jugar volley los chicos, me fue a buscar a casa presurosa: “ví a Juan Carlos… anda con una pantaloneta azul y camiseta blanca, apúrate, te espero en mi casa”…

Juan Carlos (música de Doña Florinda y el Profesor Jirafales), lindo elemento masculino. Estaba en quinto curso fima 9 del colegio aquel… guapérrimo, a pesar de sus dieciseis años, sus hombros eran anchos, sus brazos tenían vellos dorados, su pelo crespo brillaba bajo el sol. Ojos castaños claros como las nueces, nariz recta, labios rojos que enmarcaban dientes perfectamente blancos y alineados. Un adonis de camisa caqui. Siempre lo veía parado en San Agustín mientras esperaba el bus que nos llevaría a Duran city. Usaba una mochila negra o azul, no recuerdo muy bien, pero siempre llevaba un cuaderno en la mano… más alto que yo, el día que se paró a mi lado en el bus me sentí una princesa junto con su príncipe… su conversación, más bien fofa me elevaba a las nubes… Juan Carlos… estaba en la cancha… debo cerrar el teléfono…

Salí. Me pinté los ojos como acostumbraba en esa época, (rimel negro en cantidades industriales, sombra azul cruzando los parpados, y delineador negro al estilo egipcio), me vestí cuidadosamente y salí con un pretexto inventado que no recuerdo. Al llegar, mi amiga, quien me habia esperado ansiosamente, me inquirió:

– ¿Por qué te demoraste? Juan Carlos ya se fue…

– No puede ser.. chuta, por hablar con ese bobo..

– ¿Cual bobo, el poeta? La boba eres tú por haberle dado tu número a ese man.

– Ya, vamos a ver si alcanzamos a Juan Carlos.

Le dimos la vuelta a la ciudadela, no una, ni dos, si no tres veces.. mi príncipe azul de rizos dorados se había ido… No tenía caso regresar a mi casa. Recuerdo claramente que aquel día aprendí a fumar en casa de mi amiga. Tosí quince minutos seguidos después de la primera pitada, pero aprendí a fumar.

Los días transcurrieron… en las tardes, a la salida del colegio, mis amigas y yo ibamos a esperar toparnos “por casualidad” con los chicos del colegio de varones. Yo, siempre trataba de destacar, de sobresalir entre todas, llamar su atención, y lo logré… Me decía “palomita”, “mariposita”… yo lo miraba extasiada… entre suspiros y charlas me comentó que conocía a mi admirador… el chico insignificante que me sacó a bailar en la fiesta del colegio… me comentó que sus poemas habían ganado premios, que era famoso, y que estaba enamorado de una chica de mi colegio, a la cual le escribía poemas dedicados a “la bella dama de blanco”… lo que el hermoso Juan Carlos ignoraba es que esa bella dama ERA YO.

En una ocasión que me llamó el poeta, me porté más educada, pues sabía que era una posibilidad de acercamiento a mi hermoso adonis.. fue a buscarme a mi casa, me llevó más poemas escritos, con flores y demás cursilerías dibujadas en los margenes de las hojas. Yo miré sin interés los poemas y empecé a sacar información vital…

– Tú eres sociales, verdad, pero ¿conoces a la gente de fima…?

– Sí, yo conozco a todo el colegio… conozco a los chicos que viven a la vuelta de tu casa, además, yo siempre publico en las carteleras de todos los cursos mis poemas.

– Ah… es que a mi amiga le gusta un chico de quinto fima nueve… se llama Juan Carlos

– ¡Ah sí, un colorado…! Si lo conozco, vive aquí en Sauces.

Mi corazón dio un vuelco… es el mismo, MI Juan Carlos.. traté de disimular la emoción y comencé a tratar de sacarle algo.

– Y ¿qué sabes de él?, ¿tiene enamorada?, ¿dónde vive?, ¿qué tal es en el colegio?, ¿tiene muchos amigos?

– El colorado es tranquilo, que yo sepa no tiene novia, anda con un chico morenito que vive también por aquí… no sé si sacará buenas notas, porque nunca ha salido en el cuadro de honor…

Poco me importaba.. la frase “que yo sepa no tiene novia” retumbaba en mi cerebro… ¡¡NO tiene pelada!! Tengo oportunidad.. Estoy feliz…

El poeta cambió de tema, volvió a declamar algo, yo era su musa, y cada vez que me veía se inspiraba… puso la rodilla en el suelo, tomo mi mano.. yo sin entender nada (pues mi mente seguía en la frase “que yo sepa no tiene novia” lo miré extrañada…

– Preciosa damisela de manos largas y ojos profundos (cursi)… ¿Quieres ser mi novia?

– Esteee, bueno…

No sé qué demonio me impulsó a decirle que sí. Nunca antes nadie se me había declarado. No permití que me besara en los labios (para entonces, nadie lo había hecho)..

No le di mayor importancia… me importaba que ahora, cada vez que me llamaba por teléfono, yo podría saber como estaba mi adonis de rizos dorados… el poeta nunca sospechó, el creer que era mi enamorado lo tenía inmune a los “cachos” inocentes que le ponía todas las noches, y las tardes cuando veía al hermoso Juan Carlos subirse en mi buseta, y despedirse de mí de la mano…

Mientras tanto, yo no imaginé que en su delirio, el poeta había empapelado su colegio con poemas de amor dedicados a la “linda dama de blanco, su novia pura y virginal con la que se iba a casar…” Me volví famosa en aquel colegio centenario. Todos sabían que existía una chica “afortunada” por ser la novia del poeta. Y el poeta no perdía oportunidad de decirlo a todos. Hasta que se lo dijo a mi hermoso Juan Carlos…

Supongo que Juan Carlos le dijo que no confíe en mí, pues yo era una coqueta que “me le iba de bola”. El poeta se ofendió. Limpió mi honor con palabras y me llamó a decírmelo. Y “aclaró la situación” como después supe.

– El colorado, el que le gusta a tu amiga, me dijo que has estado coqueteando con él, pero no te preocupes, damisela, yo defendí tu honra y tu honor. Ahi le expliqué que tú eres mi novia y la que realmente está interesada en él es tu amiga…

Mi mundo se derrumbó… ¡Qué estúpida!… ¡dañé todo…! ¡qué haré!

Le cerré el teléfono abruptamente y me puse a llorar. No podía hacer nada. El teléfono empezó a sonar insistentemente por horas. No contesté. Solo lloraba.

Al día siguiente, el poeta me fue a ver al colegio, quiso besarme, por enésima vez se lo impedí.. y le dije, sin piedad y compasión, las palabras que arrancaron su corazón de cuajo:

“mira, yo nunca te he querido, no me gustas, no te quiero, me das pena, y si te acepté fue solo para que me des información de Juan Carlos porque yo soy la que está enamorada de él… ahora ándate y no regreses”…

Como final de novela mejicana, comenzó a llover.. él agachó la cabeza, sus ojos se llenaron de lágrimas, (hice llorar a un hombre)… y se fue, arrastrando los pies y el alma… no me importó.. quería saber que pensaría Juan Carlos…

Pronto lo supe. El poeta le contó la verdad. Que yo no era su dulce novia, sino una arpía psicópata que usaba los más oscuros ardides con tal de conseguir sus objetivos, sin importar con quien arrase. Juan Carlos me llamó y me lo dijo.

– tú sí me gustabas, pero cuando supe que eras enamorada del poeta decidí alejarme. No pensé que estabas jugando con él…

Enmudecí. No pude defenderme, no tenía defensa… de pronto, otra voz en el teléfono, el poeta…

– discúlpame, Juan Carlos quiso llamarte, no fue idea mía, él quiso aclarar esto.

Empecé como loba herida a insultarlo y derramar mi odio adolescente. “Yo amo a Juan Carlos, porqué me hiciste esto”

Fue entonces que el poeta me hechó su maldición:

“NUNCA SERÁS FELIZ, PORQUE JUEGAS CON LOS SENTIMIENTOS DE LOS HOMBRE… NO SOLO LA SAPIENCIA ES IMPORTANTE, EL CORAZON LO ES MÁS…”

No sabía que significaba la palabra “sapiencia”… pero la esencia estaba clara..

Desde entonces, cuando se daña una relación, recuerdo la maldición del poeta.

“NUNCA SERÁS FELIZ, PORQUE JUEGAS CON LOS SENTIMIENTOS DE LOS HOMBRES… NO SOLO LA SAPIENCIA ES IMPORTANTE, EL CORAZON LO ES MÁS…”

Historia real, algunos nombres y lugares han sido cambiados.

© 2007 – 2008, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

Si gustas, deja una propina para este artículo.

Mis libros

© 2007 – 2008, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

Si gustas, deja una propina para este artículo.

(Visited 85 times, 1 visits today)

(Visited 85 times, 1 visits today)

Comments Closed

Comments

Los comentarios se han cerrado.