Los no fumadores también mueren

Yo detesto el alcohol. Más de una cerveza me parece un abuso, la conversación de borrachos me parece absurda y detestable, considero que el vino debe ser tomado con moderación para poder disfrutar sus matices. Sin embargo, no me dedico a juzgar a quienes toman y buscan pretextos para “chumarse”, no evito que levanten su copa ni les hablo de los horrores de la cirrosis hepática. A los fumadores, muchos no fumadores, nos tachan casi de delincuentes, contaminantes, desconsiderados, portadores del mal. Por si fuera poco, a más de etiquetarnos como sucios de mal aliento, nos amenazan con cánceres, enfisemas y fetos de bajo peso.

Si bien es cierto, el tabaquismo es un hábito nada saludable, que va mermando la vida y ensuciando el ambiente, nuestro vicio no es razón para ser estigmatizados por los puros y sonrosados pulmones inquisidores. Yo fumo, pero jamás lo hago en lugares restringidos. Nunca enciendo mi cigarrillo en una casa donde no me lo permitan. Siempre le pregunto a quienes están a mi alrededor si les molesta mi tabaco. Jamás lo hago en una habitación cerrada donde hayan otras personas. Nunca uso un ascensor si estoy impregnada al delicioso aroma del tabaco. Soy considerada a pesar de las marginaciones de los límpidos alveolos de quienes me juzgan de atrevida viciosa que voy impregnando de alquitrán su purificada atmósfera.


Cada quien viva su drama. Live and let die. Or live and let me die.

Y si no has empezado a fumar NO LO HAGAS. Para que no te marginen y no pierdas esos 7 años de expectativa de vida.

© 2010, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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Comments

  1. Hace algunos años yo pase por mi etapa de odio hacia el tabaco y de intolerancia a los fumadores, más que nada porque los desgraciados cigarros estaban empezando a mermar la vida de mi madre; intento mil veces dejarlo y fallo por 999, durante todos esos intentos el cigarro era razón de diario discutir entre nosotros (mis hermanos y yo) y ella. Llegue a odiar a mi papá por ofrecerle un cigarro cuando ella ya llevaba cerca de dos meses sin encender uno. Finalmente logro juntar voluntad suficiente para dejarlo (ya lleva varios años sin fumar), pero pasaron unos más en que mi odio hacia el cigarro fue enorme, llegue a rechazar citas con chicos que ciertamente me gustaban solo por el hecho de que fumaban. Nuevos amigos llegaron, amigos fumadores, pero fueron amigos antes de conocer su habito, me hicieron darme cuenta que no puedo juzgar a una persona centrandome en que fuma.
    Aun asi, me da gusto el haber presionado a mi mamá a que lo dejara…

  2. No niego que más de una vez me he dejado seducir por el picante y tusivo aroma de un cigarrillo encendido o mas aun un cigarro que necesita de continuas absorciones para tenerlo encendido. Si fumase, serían cigarros. Habanos tucos. O quizá pipa. El caso es que si bien sé todas las consecuencias de introducir nicotina en tu organismo, hasta teniendo un cuento sobre el tema (te recomiendo leer A dos Centímetros de mi Epiglotis), no será necesario molestarte nuevamente con el punto de vista de un médico.
    Espero pases a visitarme. Un abrazo.

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