Los pelos de más

Como una forma de reinvindicación de la libertad de la mujer, algunas chicas han optado por dejarse el pelo de las axilas. A pesar de ser algo tan irrelevante que no afectaría ni al capitalismo ni al cuco patriarcado, estas niñas alzan sus brazos victoriosas, su pilosidad abundante es un trofeo. Es un gran contraste con el bando de las depiladas. En este bando están las que ven con desprecio sus pelos y los arrancan aunque duela. E invierten ingentes cantidades de dinero para combatirlos. Hasta ahí, todo bien. Hasta que las peludas quieren imponer sus pelos a las depiladas y éstas tachan de “sucias” a las peludas.

Sean las razones que sean para enmarcarse en una estética determinada, nadie tiene derecho de imponer sus canones a nadie. Al que le guste el pelo, que se lo deje, que se lo decolore y se lo pinte de colores. Hágase rastas, trenzas, péinelo con la raya a un lado. A la que no, quémelos, electrocútelos, héchele rayos laser. Y a los espectadores, no juzguen precipitadamente a toda mujer con aletas peludas como feminista. Por causas dermatológicas he debido de parar con mis depilaciones cotidianas hasta segunda orden y los pelos asomando por mi manga no me han hecho menos anti-feminazi. No vayan a juzgarme como feminazi odia hombres solo por eso. Es más, conozco muchas feministas legítimas que no odian hombres y tienen axilas de bebé. Y otras que tienen más pelos que un oso y nunca han escuchado la palabra “feminismo”. Los hombres golpeadores no se detienen ante el “empoderamiento” del sobaco poblado. Y he visto mujeres machistas que tienen más pelo que el tío Cosa. Detenerse en el estereotipo es evidencia de carga de prejuicios y mentalidad cerrada.

En cuanto al bando de las depiladas, del que deserté momentáneamente, les comento que he hecho paz con mis pelitos. Más que paz, digamos, estamos en tregua. Por ahora, no me molesto en cubrirlos porque todas mis blusas son de tiras o sin mangas. Casi no uso pantalones. Sí, se ven fatal, fuchi. Pero acepto mis piernas de Patty y Selma, total, cuando regrese la cera a mis piernas todo será igual que antes. Ahora me da igual, y no es descuido, ni falta de higiene, ni feminismo de cualquier clase. Es una decisión tan superflua como lo son esos rezagos que nos dejó la evolución, y seré feliz cuando pueda volver a tener piernas sedosas. Mientras tanto, soy feliz con mis piernas abrigadas, justo ahora que finalmente Julio entendió que Julio es un mes fresco y una noche juliana siempre debe ser fría en Guayaquil.

© 2015, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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