Malos comentarios

No suelo prestarle atención a los ataques a los que se expone Pitonizza cada vez que escribe sus posts polémicos, pues un troll merece total indiferencia. Ella lo ha aprendido, está consciente de que estas reacciones aún se dan, se ha “acostumbrado”, pero lo del día de hoy me parece se escapa de lo común. Lejos de darle importancia a los trolles que atacaron a mi mujer, me motiva escribir este artículo como un llamado a los lectores de este y cualquier otro blog a la madurez y al respeto a la opinión ajena. Pitonizza, la blogger sin pelos en la lengua, sobretodas las cosas es mujer, es madre. Aquello no significa que tiene inmunidad para hablar piedras a diestra y siniestra porque no lo hace. Nunca ataca a una persona en específico. A pesar de sus equivocadas posturas políticas, su fe ciega que muchísimas veces raya en el fanatismo verde limón, y las utópicas creencias socialistas que ella acaricia, esto no la hace merecedora de las infames palabras que fueron dirigidas hacia su humanidad. Muchas de las cosas que se dijeron y que no saldrán al aire, de forma infantil atacan con insultos fuera de tono a Pitonizza, evidenciando la falta de argumentos que apoyen a quienes pretenden refutarla. Si bien es cierto, yo puedo hacer añicos ese y todos los posts políticos que escribe Pitonizza desde su postura romántica e ilusa, (recuerden, yo soy economista, un empresario que va viendo las secuelas de la revolución ciudadana, sé de lo que hablo), jamás ofendería a una dama, solo porque está equivocada.

Admiro a las personas que conviven a pesar de sus diferencias ideológicas, religiosas, incluso en gustos musicales. Mi Pitonizza padece de muchísima intolerancia, sobretodo a quienes escuchan reggaeton, elección perfectamente válida (aberrante, pero válida) que es fruto del entorno y educación, entre muchos factores que no deben ser sometidos a juicio por ninguno de nosotros. De manera que entendiendo su intolerancia musical, a Pitonizza le queda como experiencia aprender a respetar los gustos, preferencias, opiniones y elecciones ajenos, pues nadie tiene derecho a menospreciar a nadie por sus opiniones. Para los que vejaron cibernéticamente a mi mujer, mi Pitonizza, solo me resta la lástima, pues un verdadero hombre nunca se escudaría en la aparente inmunidad de emitir un comentario en un blog sabiendo que quien lo recibe es una respetable dama. Por ello retomo la moderación de comentarios. Insulten con confianza, ahora seré yo quien los lea.

© 2009, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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Comments

  1. Estoy en gran desacuerdo con algunos puntos de este post; sin embrago, a mi humilde e incipiente modo de apreciar las cosas aun estoy profundizando en la investigacion de “el arte de vivr y convivir”.

    Uno de mis conceptos de libertad es el respeto o tolerar todo aquello que es diferente de mi o mi criterio/percepcion personal.

    La tolereancia es lo que se pierde inmediatamente cuando tratamos de imponer nuestro criterio sobre algo de lo que creemos dominar o saberlo todo.

    Por muy profesional, academica o empiricamente apto que sea para cualquier tema la verdad de algo/todo se compone de tu version, la mia y la del resto.

  2. Uno de los inconvenientes de quien expone sus ideas en publico consisste en ser vejado, no pocas veces, por quien desde la impotencia del insulto, pretende menospreciar al contrario. Sin embargo, a pesar de tu somera advertencia, es poco propabable que los ataques a los que se expone Pitonizza cesen del todo. Por eso, los invito a, como decia el gran Quevedo y Villegas, repetir con el “Pero no he de callar/ por mas que con el dedo/ Ya tocando los labios, ya la frente/ Silencio avises o amenaces miedo”.
    Por el resto, de acuerdo contigo Eustaquio, excepto por lo de “hacer añicos facilmemte” la postura ajena, algo no solo intolerante, sino prepotente, situacion que te sugiero, con todo respeto, revisar a conciencia.

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