Manabí se va a levantar

Las consecuencias del desastre empiezan a verse en rostros y voces que nos desgarran el alma. Esa fibra nos dolió tanto, que la ayuda solidaria no se hizo esperar. Mas sin embargo, esta ayuda se empaña con críticas ante los modos de donar de cada uno, o las apariciones oportunistas de políticos y candidatos para figurar como Mesías salvadores, usando la tragedia ajena para fines particulares, no altruistas. O misses repartiendo Biblias en vez de vituallas, comida, agua al menos de la llave. Y aún más excecrable: los delincuentes que roban y revenden las donaciones a los damnificados. Sí, hemos visto cosas indignantes. Y no las vamos a callar, las debemos denunciar. Pero en este artículo no quiero detenernme en esos aspectos desagradables.

Quiero señalar la luz de ayuda que va a levantar pueblos enteros.

Los obstáculos que atraviesan los voluntarios no son excusa para ellos no seguir poniendo el hombro, de la forma más práctica posible, sin tiempo para selfies, la idea es darle a alguien de beber, o limpiar la herida de un niño, o rescatar un perrito atrapado entre las ruinas. En Bahía por ejemplo, se han organizado grupos de voluntarios entre los sobrevivientes. Uno de ellos, Henry Wonsey, bombero retirado residente en Bahía desde hace ya varios años, es un gringo conocido por los entrenamientos públicos que realiza en las playas todas las mañanas con gente de la comunidad. Hoy, Wonsey es líder de los grupos de rescate y salvamento. Un héroe de carne y hueso. henry wonsey

No todos podemos ayudar allá. Particularmente soy una completa inútil en situaciones caóticas, soy de las viejas que gritan y lloran histéricas. Para ser voluntario en la zona 0 hay que tener entrenamiento básico, y la sangre bien fría. Lo bueno de esto es que no todos son inútiles como yo. Muchos de mis amigos han ido ya en persona, allá donde la destrucción llenó de muerte y oscuridad pueblos enteros. Lugares otrora paradisíacos ahora son un montón de bloques polvorientos. Allá han ido mis amigos, a brindar su ayuda, llevando comida pagada con sus bolsillos, durmiendo en la calle con los que perdieron todo, apoyando con abrazos y esas cosas que no las paga la plata y de las que no se pueden aprovechan los faranduleros.

Pero les tengo buenas noticias. Los inútiles para ver sangre, sí vamos a tener oportunidad de ayudar de verdad. Cuando las ciudades empiecen a levantarse podremos ir y ayudar en eso. O ir a reactivar la economía del lugar, consumiendo los deliciosos platos que se preparan allá, regresando con buenas vibras. Si todos aunque sea un poquito, seguimos ayudando comprometidos a esa gente, saldremos adelante, y lo más importante, fortaleciendo el espíritu de los que hoy sufren y lloran sus muertos. Esas personas, que sientan nuestro amor y solidaridad constante, hasta que alcen cabeza y aguerridos como se caracterizan los manabas, nos den una lección de coraje y tenacidad ante la adversidad. Nosotros estaremos desde este pedazo menos maltrecho del país, ser parte del final de esta pesadilla, la luz de esperanza para nuestros hermanos manabitas debe mantenerse constante.

© 2016, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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