Metamorfosis

burns

Yo en estos momentos.

No, no me estoy convirtiendo en cucaracha, pero sí en una clase de bicho que puede volar y siente el poder de esas alas. Que entiende lo efímero de la vida lo suficiente para no derrotarse y emprender el vuelo mientras duren las alas. Que estuvo demasiado tiempo como oruga, en lo oscuro, acurrucada, y que ahora, tras esta mutación, se abre y se lanza.

Lo primero que hice tras sentir que había cambiado fue sacudirme el polvo, el herrumbe que se había formado a mi alrededor por mi inactividad. Era como una zona a la que me había acostumbrado, y a cuyos límites me remitía, sin arriesgar más allá. Era como rezar y cerrar los ojos a esperar que la plegaria sea escuchada y que suceda desafiando la lógica naturaleza de las cosas, que siempre suceden porque algo las hace cambiar. Sino, por principio de inercia, seguirán así como están, inmóviles o siguiendo una trayectoria rectilínea y uniforme. Y cambié las cosas empezando desde adentro.

Los detalles de mi metamorfosis no los voy a narrar aquí, no es necesario. Ya aprendí a convertir en algo productivo la increíble energía que genera mi espíritu cuando me enojo. Y ya sé como canalizar mis deseos exhibicionistas de manera en que los comunico sin exponerme. Así que yo sé que en algún momento he de narrar ese episodio crítico que se da en personas como yo, cuando atraviesan una crisis existencial.

Mudar de piel duele. Arrancarse esos pedazos, que permanecen adheridos en algunas partecitas de vida que se resisten al cambio, es doloroso, ouch, cuánto me dolió. Ahora lo revivo en mi cerebro y sonrío: “Pudiste con eso Pitonizza, ¡bravo!”. Como cuando tras haber sido arrastrado y revolcado de forma antiestética por una ola, ante el escarnio de los presentes, uno entiende que lo único que proporcionará alivio ante la vergüenza es reírse de si mismo. Ahora me río de lo que antes me hacía sentir mal. Y me siento con nueva piel, una más fuerte, a la que no le pega nada, una piel renacida mas no delicada. Fuerte, mas no acorazada. Sensible, mas no vulnerable.

Mi nueva forma exige centrar mi atención en lo que quiero, para no deformarse por influencias ajenas a lo que mi voluntad espera cumplir para la experiencia que quiero en mi vida. Así como una alimentación más natural, que estoy llevando de forma paralela al trabajo psicológico que estoy haciendo sobre mi misma. Empujarme hacia la naturaleza aunque sea una vez cada doce horas, pisar la tierra, abrazar árboles y protegerme de los mosquitos con repelentes hechos por mí misma, usando aceites y hierbas. Negarme a lo artificial lo más posible, y usando la tecnología lo estrictamente necesario como para no desmoronarme si me olvido de pagar la planilla de energía eléctrica. Sin llegar a extremos de internarme en una montaña, hago uso de las comodidades de la vida moderna sin que me esclavicen o me empujen al consumismo, que es lo mismo. Con todo ello, mi forma se mantiene moldeable y sin influencias contaminantes.

Estoy muy contenta con el estreno de mi nueva forma, pues más allá de la figura externa y superficial que todos ven, estoy en contacto con una fibra muy interna de mí, ese ente que habita en mi ser al que siempre he querido entender, apreciar y valorar, haciendo uso de sus habilidades y estando consciente de su falibilidad, de su eterno aprendizaje y constante evolución. Me gusta la forma que he adoptado. Descartando de hoy en adelante todo lo que no se ajuste a la experiencia que quiero en esta vida. Ignorando todo lo que no me aporte. Buscando cosas que me gusten a donde quiera que vaya. Viviendo aquí y ahora sin necesidad de aprobación de terceros.

El beneficio adicional que estoy obteniendo con mi nueva forma adaptable es el poderme filtrar en lugares que nunca había imaginado, recolectando más tesoros para trabajar en mis historias. El enfoque de mis objetivos está más claro que nunca. La eliminación de distracciones propende a aclarar aún más mis metas y su consecución. La esencia que hay en mí se está revelando ante mis ojos, y es algo que conmino a todos a que lo vivan. ¡Vivan y búsquense! ¡No le teman a los cambios! ¡Evolucionen! ¡Muten! ¡Para que cuando se encuentren se lleven una grata sorpresa!


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