Cuando todo conspira para incrementar mi mal humor

Como decía ayer en un “Twitteo” salí por asuntos que no vienen al caso para relatarlos ahora. Sin almorzar, pues no esperaba demorarme. Al intentar cruzar la avenida de Las Américas (tarea titánica y realmente difícil), empezó mi mal humor. Casi 15 minutos parada en el parterre central intentando atravesar la calle. Me paré junto a una chica, que según la opinión popular, estaba “buena”. Metro y medio, blusa de tiras, pantalón adherido a la piel. Mi idea era, cuando ella cruce, yo cruzo. Y mientras tanto desvío la atención de los choferes morbosos que suelen pasar chiflando a las mujeres paradas en las calles, pues quién querría piropear a una chica tan flaca como yo, teniendo a tremendo pedazo de muslo al lado. Pues me equivoqué. Los “piropos” se duplicaron.

– ¡Suban mijitas!

– ¡Están bueeeeenas!

– ¡Muack!

La histeria empezaba a apoderarse de mí. Mi estrategia de desviación de la atención de los machos en celo no funcionó. Y el buitre (como les llamamos cariñosamente en Guayaquil a los policías, vigilantes de tránsito) que estaba parado en la esquina, solo se dedicaba a la infame tarea de detener buses para ver “como hablamos”, coimar y reunir el dinero sucio que deben entregar a sus superiores. Mientras, las dos mujeres (la buena y Pitonizza) seguíamos siendo vitoreadas por estar paradas en el parterre, incapaces de cruzar la calle.

En ese instante me cabrié. Avancé unos cien metros más y me lancé a los carros. Estaba tan enfurecida que seguramente ningún trailer podría hacerme daño. Fui directo a un kiosko a buscar un cigarrillo, pues cada vez que entro en cólera, fumo como chimenea. Al encender mi tabaco, placebo que calma mis nervios, vi impotente como el bus que esperaba se me iba como agua entre los dedos. ¡Maldición! ¿Y qué será lo que pasa que hay tanta gente en las veredas?

De pronto me fijo bien. La calle estaba inusualmente atestada de buses. Y de buses que habitualmente no pasan por la Ave. de las Américas. La 21, la 48, buses que van a la Florida, noroeste de la ciudad. Yo me dirigía a Urdesa. Decidida a caminar las miles de cuadras que me separaban de mi destino, empecé a avanzar en contravía de los carros. Ya sin cigarrillo, y sin “suelto” para comprar más, caminé hasta encontrarme con una 52 que me supo a gloria.

Dentro del bus, los payasos terminaban su agria función. Empezó el maldito, maldito, maldito regeton. Quise bajarme en el acto, pero fue tan difícil encontrar un bus, que introduje el audífono hasta el fondo de mi canal auditivo con la esperanza de reventar mi tímpano. Pero yo no tengo Ipod, me aislo con la radio de mi humilde nokia. Y al ir navegando en el dial, oigo los últimos acordes de Master of Puppets. Damn it! Mi canción favorita, remedio cuando estoy mal genio, en sus últimos minutos. Justo cuando la bendita guitarra de Hammett iba a arrancar los sonidos más potentes escritos en la historia del rock, la estúpida de la radio la corta para poner comerciales. “Venimos con más…” Hija de la gran… exclamé en voz alta. Todos los presentes me miraron estupefactos. Seguramente pensaron que enloquecí. Y no se equivocaban en su diagnóstico.

El tráfico era insoportable. Al llegar a la altura de El Bucanero, comprendí la razón. Un bus escolar se había salido de la vía, seguramente por venir a alta velocidad. No sé si hubo heridos, no tengo idea. Pero no podía discernir mis pensamientos entre la rabia por estar en un bus regetonero, y la frustración de haberme perdido mi himno. Al menos REM me recordaba que todos sufrimos, y me abstraje del mundo por unos momentos. Hasta los siguientes cortes comerciales.

Seguí dando vueltas, The Misfits. Últimos acordes. Ch- de tu m-. ¿Por qué las cortan? ¡Mejor no las pongan! Me recuerdan a esos dislleys de pueblo que mezclan las “músicas” para crear estupidos “popurris” bailables interminables. Odio que corten la música. Odio los dislleys. Grrr!

Finalmente llegué a mi destino. Hice lo que tenía que hacer. Al regresar a casa, mi hija borra todo ese mal humor mostrándome orgullosa el 20 que sacó en el dictado. Un 20 domestica a la fiera más salvaje. Hasta a la fúrica Pitonizza.

© 2008, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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Comments

  1. tienes problemas jajaja… odio al reggeaton pero no tanto asi como para permitir que dañe mi dia… pero supongo yo que fue ese asunto, el que te hizo salir sin almorzar (eso si me pone mal genio) y del cual no quieres hablar lo que en verdad te daño el dia…

  2. Una recomendacion Pito: la proxima vez que vayas por la bahia, comprate un reproductor MP3 (que son como tampons plateados, pero mas chiquitos) con audifonos, para que bajes la musica que prefieras de la Internet, y las escuches completas en esos momentos de crisis; mucho mas baratos que los famosos Ipod, claro que no tienen tanta capacidad, pero te cumplen con la misma funcion.

  3. jajaja odias los djs los djs de pueblo… Pilas con esa movida u know what I mean… muuuuaaaajajajajaja…

  4. el trafico de kito también es muy perturbante… por todos lados buseteros impertinentes.. y el trébol con su pequeño cráter completa la típica escena de tráfico mañanero para los que desgraciadamente vamos del valle hacia kito…

  5. Pitonizza malhumorada??? que raro!!!
    Pero es mejor reirse de uno mismo a que se rian de tí…

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