Mi reconciliación con Cristo

Los últimos meses me he retirado casi en un 90% de las redes sociales, apagando el bullicio de opiniones, temas poco trascendentales, y discusiones entre bandos. Ese silencio me llevó a cuestionar muchas cosas, posiciones e ideologías que creía sustentadas en la razón fueron cayendo de mi cabeza, como la corona de un rey que se cree que lo sabe todo y por ello ostenta el símbolo de su sabiduría.

Un rayo me iluminó despojándome de algunos prejuicios*

Al quitarme esas caretas me fui volviendo etérea. Ya no tenía forma, así, pude husmear en otras creencias, algunas para mí, sin sentido alguno: “yo no necesito un salvador, yo me valgo por mí misma”, era mi permanente respuesta a quienes cuestionaban mis creencias. Las creencias opuestas a las mías son sin embargo, válidas para otras personas, con otro punto de vista, otras vivencias, otras herencias, diferentes cargas y talentos.

Entendiendo esa infinita posibilidad de opciones, los milagros encuentran espacio en iglesias, sean estas católicas o evangélicas, a pesar de la presencia de un sacerdote que ha hurtado la inocencia de un niño o un pastor que utiliza la iglesia como un medio de ganar dinero. Esos personajes cumplen un rol que sirve para muchos, por sobre el dolor o la estafa que ocasionen por otro lado. Ahora entiendo que no es mi posición juzgarlos, ni el sacerdote violador o el pastor aprovechado, prefiero no ser yo quien los juzgue, ya la vida sabrá hacerlo, a mí no me compete, prefiero no involucrarme.

Así como para mí hay un gran confort cuando enciendo una vela a la luna y danzo desnuda imaginando que Venus toma posesión de mi cuerpo, así supongo que sentía mi mamá cuando le prendía una vela a la virgen María. No, no equiparo a Maria con la diosa Venus. A María le falta esa sensualidad, esa lubricidad de las diosas que rigen la noche y el mar. Sin embargo, habrán otras mujeres que admiran los dones de una virgen madre. Para mí, ambos conceptos son irreconciliables, pero para otros puntos de vista, son virtudes. Allá cada quién, prefiero la desnudez de mis diosas que los mantos sagrados. Se los dejo a aquellas personas que se cobijan bajo ese abrigo maternal y sienten ese confort que siento yo. Llegamos a lo mismo.

Yo equiparo la imagen de los dioses con arquetipos. En otras palabras, modelos a seguir. Sus mitos y epopeyas donde interactúan con seres humanos han marcado patrones de conducta que aún en nuestra sociedad moderna y altamente cambiante, se pueden aplicar. Si uno hace una pausa y presta atención, puede detectar cual es la jornada que estamos interpretando, a cual dios de mi repertorio debería emular, meditar en sus fortalezas y tomar acción. En mi religión no hay pasividad, hay momentos de reflexión que algunos cristianos llaman “oración” o “plegarias a Dios”. ¡Yo hago lo mismo! ¡Yo le llamo meditación! Por eso dejé de apuntar con el dedo a quienes tuiteaban #prayforsomething. He reconciliado la idea de meditación como herramienta de sincronización con los ritmos de la naturaleza y el Padrenuestro, la oración que comparten los cristianos, y que les sintoniza también con su Dios, que es todo lo que la naturaleza contiene. ¡Volvemos a lo mismo!

Mis amigos cristianos no comprendían mi ateísmo y como mayor argumento intentaban volverme a su rebaño con la contundente frase “Jesús me habla personalmente”. En esos tiempos de ateísmo de Internet, me reía. ¡Ja! ¡Tienes un amigo invisible! Retiro todos los comentarios sarcásticos que emití en su momento, pues he recordado los buenos ratos que pasaba con mi amiga invisible, la señora Binika, un dibujo que hice en el armario de mis padres que cobró vida. Vivía en las paredes, siempre hablamos, ¡era real! ¿Quién soy yo para negar la experiencia mística de otros? ¿Quién puede dudar de las emociones propias? Hay que ser necio, y yo lo fui. Pero al abrirse mis ojos a todos los colores y la vibración constante en absolutamente todo, entendí que hay un mundo invisible donde habitan hadas, gnomos y duendecillos, seres que veía en mi infancia y que últimamente se han vuelto a dejar ver. ¿Cómo puedo demostrarlo? No necesito hacerlo. Por eso ahora no le pido evidencias a quienes me dicen que encontraron a Cristo en su corazón, que lo recibieron en su vida y que desde entonces viven a plenitud. Me pasó exactamente igual, solo que a ese amigo invisible que es real, yo le llamo de otra forma. Pero es la misma entidad, la misma esencia. Y soy tan feliz de haberlo descubierto que me desbordé y vine aquí a escribirlo.

A mí me funciona de otra forma, yo no sigo mandamientos, y estoy escribiendo yo misma las sagradas escrituras que rigen mi vida. Parecido a lo que hacen los cristianos, solo que yo elegí otro camino, uno más solitario, sin congregaciones ni iglesias organizadas. En la contemplación diaria a la naturaleza divinizo mi vida, mientras otros asisten a sinagogas o templos, yo prefiero lo profundo de un bosque. Mientras otros son felices alabando a un Dios, yo alabo a muchos, me glorifico a mí misma como portadora de la esencia de la diosa femenina, la madre, luna llena, caverna húmeda que recibe y acoge a mi compañero, mi dios favorito, al que le ofrendo mi vida y los manjares que le preparo. El acto ceremonial más importante de mi religión es el intercambio íntimo, la representación de las fuerzas duales de la naturaleza, un acto de creación. Son actos devocionales todos. Diferente nomenclatura, diferente dogma, en esencia la misma unidad, la fuente de la que procedemos todos.

Todo es parte de lo mismo. No somos ni mejores ni peores que nadie. Somos diferentes, pero somos hechos de lo mismo. Diferentes vibraciones cuya meta es moverse en armonía. Estamos llamados a evolucionar. Debemos aprender a convivir, paganos y cristianos, somos diferentes pero al final creemos en lo mismo. Incluso los ateos más racionalistas guardan esa parte espiritual, ya sea por considerarla parte de su privacidad, o de forma inconsciente. Todos tenemos esa parte etérea, sin forma, que nos aviva y nos empuja a vivir. Cada quien ve la experiencia de la vida dependiendo de donde se encuentra y de todo lo que le ha pasado. Por eso renuncio a juzgar a nadie ni a imponer mis creencias, porque ni siquiera me las impongo a mí misma.

* Acuatic Tarot por Andreas Schröter

© 2017, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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