Microcuento: ejercicio de escritura libre 

No suelo compartir los escritos que hago que son parte de talleres o ejercicios de escritura creativa. Sin embargo, en esta ocasión el resultado me ha dejado sorprendida. 

Os dejo con este microcuento improvisado, gracias a la app de @literautas. Si gustan pueden sugerir un título para este cuento. 

Sin evidencias no podemos ayudarlo.

Las anécdotas no constituyen una prueba para el método científico.

Ningún médico serio, psiquiatra o psicólogo va a perder tiempo en un caso como ese.

Ya lo había escuchado todo. Entonces visitó a una adivina. Nathan tuvo la idea de que una bruja le ayudaría a descubrir la verdad sobre Jimmy. Ya lo había escuchado todo. Qué más podría perder.

El bosque donde Laura solía llevar a Jimmy a jugar estaba cerca. La casa de la adivina estaba enclavada en lo profundo de ese bosque.

Nathan abrió la puerta y entró con recelo. Laura fue tras Nathan. Un temblor recorría todo su cuerpo. Ella iría donde sea con él, lo asistiría en todo. Hasta embarcarse en esta aventura de terror. Estaba intimidada por el oscuro tugurio donde la vieja adivina hacía gala de su clarividencia.

—Siéntate Nathan, —dijo señalando la enclenque silla de madera—no te asustes, yo sé el nombre de todas las personas del mundo, su nombre me llega a la mente cuando las miro. Así mismo, yo sé las razones que los traen por aquí— añade la anciana entre el denso humo del cigarro —tú estás aquí para descubrir porqué tu hijo supo que estaba a punto de morir.

—Tenemos que ir a casa,—intervino Laura. Nathan no desistiría, la adivina era su última esperanza de descifrar el misterio. Llegar ahí era parte de su plan.

—Sírvase un café, señorita, el frío la tiene temblando.

La imagen de otra anciana mujer aparecio en el umbral, apoyada en un bastón y sosteniendo la humeante taza.

Nathan entretanto se ve interrumpido en sus cavilaciones por una vocecita aflautada que como un suave cántico, susurrando dentro de su cabeza: “Escucha mi voz en vez de la de esta adivina, soy la voz de tu intuición, soy tu guía divina.”

—Gracias por el café pero no puedo aceptarlo —dijo Laura— ya nos vamos. Quedarnos es muy peligroso—se levanta y con la mirada suplica complicidad a Nathan.

“Sigue los pasos de Laura, síguela como a ninguna, confía en ella así como confías en el regreso de la luna”

Nathan sacudió su cabeza por un segundo. Tomó de la mano a Laura y salieron del lugar dándole la espalda a las ancianas brujas.

En su camino, el espacio a su alrededor fue mutando. El claro en el espeso bosque donde encontraron la casucha de las brujas, se fue convirtiendo en un lugar diferente. Parecía un templo budista. Así eran los caminos de Laura, inesperados.

—¿Qué dice tu intuición? Preguntó Laura a Nathan, quien la mira recordando la vocecita de su cabeza cantando: “confía en ella, síguela como a ninguna, confía en ella así como confías en el regreso de la luna”

—Que confíe en ti, voy a seguir tus pasos.

Laura se sacó los zapatos y entró en el salón del templo. Nathan la siguió, copiando sus movimientos, rindiendo un homenaje a su valor que se sobrepuso al miedo. Juntos descifrarían el enigma en torno a la muerte de su hijo. El plan de Nathan y los pasos de Laura.

Nathan caminó a lo largo del salón tras de Laura. El caminar de su delgada asistente era hipnótico, poco a poco Nathan parecía caminar dormido. Pero ni el bamboleo de Laura lo hacían escapar un poco de la conciencia y el momento presente. En su mente no dejaba de rememorar a su hijo y su rara muerte.

“Papi, estos últimos días juntos los quiero pasar contigo y con mamá. ¿Mamá puede venir al zoológico con nosotros? ¿La dejarán salir si les explicas que estos son mis últimos días en el planeta tierra?”

Laura tiene miedo de reconocer que para Nathan, ella era solo su asistente, una amiga, una compañera de investigación. Él no la veía como una mujer. La cabeza de Nathan solo tiene espacio para su hijo. ¿Habrá espacio en su corazón?

”Es una trampa” escuchó en su cabeza Laura. Se detuvo de golpe, y se giró abruptamente hacia Nathan, sacándolo de su trance.

—No puedo hacerte esto Nathan, yo no soy así. No me sigas más, no puedo llevarte hacia la verdad sobre lo que pasó con Jimmy.

Laura echó a correr. A su paso, el salón del templo desapareció. Poco a poco, su entorno cambió. Sin darse cuenta, ambos corren en medio del bosque espeso. Ahí donde buscaban pistas que resuelvan las enigmáticas últimas semanas de Jimmy.

Nathan alcanza a Laura y la toma del brazo. “Trata de ver en el fondo de sus ojos”. La vocecilla aflautada silba entre sus sienes. Nathan se acerca a Laura, y siguiendo las órdenes que su mente escuchaba, se sumerge en el fondo verde de sus ojos.

—Laura, ¿qué esconden tus ojos?

Laura pintó sus mejillas de un rojo intenso. Tener a Nathan tan cerca de ese modo. Su mirada la quemaba. Ella cierra los ojos, y él la besa, un inesperado beso en los labios. Ella se entrega por completo al beso. Pero él…

Era la primera vez que Nathan besaba a otra mujer, luego de haber tenido que encerrar a Susy en el sanatorio mental. Tuvo que encerrarla por su bien. Por el bien de Jimmy. Y para que no termine matando a Laura.

No tenía porqué sentirse culpable por fijarse en Laura. Su matrimonio estaba a punto de anularse por la demencia de Susy. Jimmy hubiera terminado aceptando a Laura, por momentos eran tan buenos amigos. Si tan solo la muerte no se hubiera llevado a un niño tan pequeño. Cuatro años, muchos sueños. Todos los pensamientos al final derivan en Jimmy.

—No puedo Laura.

¡Lo sabía! Nathan no podrá sacarse a su hijo de la cabeza. Ella podrá hipnotizarlo, hacerle escuchar cosas a él hasta enloquecerlo. Con Susy fue tan fácil.

Pero Laura no quiere volverlo loco así, lo quiere en sus cabales, con voluntad para ascenderla de asistente a esposa. Sin estorbos infantiles.

Mas ninguno de sus métodos mágicos funcionaron para que Nathan le dedique su entera atención. Ni deshaciéndose físicamente de Jimmy. Desde donde está, él sigue hablando con su padre directo a su corazón.

La voz de su conciencia se unió a su voz interior. Debería cortar el hechizo. Contar la verdad. Entregarse a la justicia. Renunciar. Tanto al cargo de asistente como a sus poderes sobrenaturales.

© 2017, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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