Mis tetas

Conociendo tu debilidad, y dadas tus miradas furtivas a mi escote, reciclo este post de la extinta e.s.o.t.e.r.i.c.c.a solo para que tú leas.

Con el libro del colombiano Gustavo Bolívar Moreno “Sin tetas no hay paraíso”, salió de la oscuridad la palabrita tabú, así como nuestro presi nos recordo la acepción de la otra palabrita tabú. Bueno, yo nunca uso el horrible eufemismo “chichis” para referirme a mis tetas… me suena a palabra de farandulera rosa. Tampoco me refiero a ellas como “senos” (muy Trigonométrico). En ninguna circunstancia les digo así a mis hermosas tetas.

El mito urbano en mi colegio era que las tetas crecen en función de cuantas veces te las dejas manosear de los chicos. Yo tenía 14 años, ningún chico me había tomado siquiera la mano, mis tetas eran del tamaño de limoncitos verdes. Y dolían mientras crecían. El mito se derrumbó mientras mis incipientes tetas eran exploradas en adolescentes juegos, negándose sin embargo a crecer.

Hasta los 18 años, debí rellenar mi brassiere. Primero lo hacía con medias, luego le pedí a mi madre unas copas para dar forma femenina a mi tórax. No llegaron hasta su tamaño sensual actual hasta los 22 años.

Un día en las playas de Ballenita, una violenta ola arrancó la parte de arriba de mi traje de baño, quedando topless, revolcada y avergonzada. El espectáculo debió ser fantástico hasta que alcancé cubrir mis impúdicas tetas con las manos.

Cuando salí embarazada, fueron ellas quienes me lo hicieron notar. Me dolían. Y justamente eso le dije al ginecologo: “¿Por qué me duelen tanto mis tetas?”

Cuando di a luz, mis tetas no tenían nada que envidiarle a las de Pamela Anderson. Hinchadas, rebosantes de vida, con el calostro fluyendo, alimentando a mi hija recién nacida. Es hermoso dar de lactar. Ver los ojos cerrados del bebé, su mandíbula aferrada a la aureola oscurecida por la explosión hormonal, la rítmica succión que estimula las glándulas para asegurarse una producción láctea abundante. Cuando el bebé llora, las tetas lo intuyen… aunque esté separada de mi hija, mis tetas empezaban a llorar gotas de leche. Le di de lactar hasta los 3 años. Alimenté también a mi sobrino. Adoro dar de lactar. Vergonzoso. Pero lindo.

Adoro usar blusas escotadas que muestren mis lindas y pequeñas tetas talla 36 B, orgullosamente en su puesto anatómicamente original, a pesar de los 3 años de lactancia. Ellas aman ser acariciadas delicadamente, es la única parte de mi cuerpo que no tolera salvajismos. Son sensibles, erotizables, indiscretamente denotan cuando tengo frío o estoy excitada. Gritan mi feminidad. Mis tetas son mi paraíso. La antesala de mi corazón.

© 2007 – 2008, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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Comments

  1. MMMM. Admito q una de las partas mas erogenas de una mujer sos sus tetas. Una vez una a mis aliadas me pregunto cómo me gustaban y yo respondi término medio.

    en fin Soy un demonio y un degenerado, y eso me encanta.

  2. Yo no pude renunciar a las tetas hasta que cumpli 4 anios. Crei que lo habia superado pero reincidi a semanas de cumplir 19 y desde ese entonces…. Me confieso un adicto declarado de las tetas

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