¿Por qué nos arreglamos las mujeres?

Aunque no estemos descompuestas, las mujeres nos “arreglamos” en mayor o menor medida, igual que los hombres. Es cierto que las mujeres nos vestimos para atraer a los hombres quienes nos buscan para conseguir sexo, su “única” motivación para salir o estar con una mujer es para poder “poseerla” sexualmente. Entonces el hombre impone sus parámetros, él es quien decide que este año las mujeres nos tengamos que planchar el pelo y treparnos en tacones tipo plataforma, ya no en stilettos, esos serán requeridos por los hombres en otoño del 2016. Son los hombres los que se inventaron las proporciones 90-60-90, y los mismos cochinos hombres fueron los que idearon los corsettes y fajas para oprimirnos. Y hablando de opresión, el sostén es un invento machista que busca ir contra natura, al poner las tetas fuera de las leyes de la gravedad, suspendidas justo a la altura que el hombre lo quiere. Es el hombre el que nos exige el uso de pestañas postizas. El Patriarcado, el sistema para oprimir mujeres, liderado y manejado absolutamente por hombres machistas que no cuestionan sus privilegios, pues al ser hombres tienen el privilegio de lucir su pancita cervecera. Mientras tanto, a las mujeres nos oprimen las fajas y las abdominoplastias, auspiciadas por hombres, claro está, y utilizando como objeto a la pobre Kim Kardashian, clara víctima de opresión. Sobretodo en las partes que se faja.

Siendo esta teoría correcta, según los grupos femihembristas que consulté, las mujeres debemos huir de las construcciones sociales impuestas por el patriarcado y sus estandares opresores de belleza. Así surgen las mujeres con una mitad de la cabeza rapada porque a los hombres no les gusta eso. Y si no les gusta eso, no podrán ejercer su cultura de violación. Luchando contra los estandares de belleza evitamos ser violadas. El look femihembrista nos protege de posibles acosos, miradas obscenas y piropos que merecen la muerte.

pitonizza

Ejemplo de macho con vulva.

Pero resulta que esta “teoría” femihembrista no funciona, se queda sin piso desde que culpa a los hombres de sentirse atraído por mujeres con atributos físicos que simbolicen una mujer sana y fértil, rebosante de salud y con carne donde debe haber carne. El hombre por causas relacionadas con rezagos de la evolución, busca mujeres para satisfacer su necesidad de inseminar a alguien. A quien sea le garantice una prole numerosa. Para extender esta especie. Porque los primeros primates que se fueron levantando en dos patas entendieron que eran pocos, que su mundo era hostil y lleno de depredadores. Y por eso la mujer prefirió ser hembra y no hombre, se quedó en la cueva, para proteger y alimentar a las indefensas crias. Mientras el macho, más fuerte, iba de cacería o a hacer labores de carroñería, lo que sea por alimentar a las crías. Y ella permanecía con las crías durante la larga infancia y por ende, dependencia a la teta de la madre. La hembra sacrificaba sus tetas, lo que sea por alimentar a las crías. En ese entonces, los hijos eran muy valiosos. Ese equipo inicial de primates tuvo éxito. Hoy somos más de 7 mil millones de personas. Pero en ese entonces, cuando estos homo-erectus intentaban prosperar en la Tierra siendo pocos tenían urgentes necesidades de copular para tener más y más crías. Por eso la fidelidad no era un valor muy importante. El macho que se encontraba con una hembra hallaba en ella una posibilidad de perpetuar su especie. Y no le importaba si ella no tenía pestañas postizas, pero sí le importaba si tenia pechos bien desarrollados que alimenten las crias. Y ella no se salía de la cueva a intentar cazar ella misma la cena, siendo una tarea muy peligrosa, como todas las que le ha tocado asumir a los privilegiados hombres. Benditos hombres. Las hembras entonces, se quedaban en la cueva y cuidaban a las pequeñas crías. Benditas ellas también.

Ahora la humanidad es un poco más sofisticada que los primeros primates. El hombre que ha evolucionado cuida donde pone su semilla, sobretodo ahora, en tiempos de enfermedades de transmisión sexual y demandas de alimentos. La mujer ahora no se deja inseminar tan fácil. Sigue eligiendo, eso sí, al hombre que pudiera ser mejor proveedor, el que tenga los mejores genes, por eso los hombres guapos tienen ventaja. Y los que tienen dinero también. Para los hombres que son feos y “chiros”, les toca aplicar la “labia” que es ese poder de convencer a la mujer de que él es un buen partido. A veces incluye detalles. Y ahí la mujer cae. Pero ya no es tan fácil, la mujer ahora es independiente y no necesita de un proveedor. La mujer ahora puede acceder a trabajos que antes eran solo exclusivos para hombres, pero vemos muy pocas mujeres trabajando en minas, o alcantarillas, o andamios muy altos. Esos trabajos siguen siendo privilegio masculino.

Son las propias mujeres las que deciden comerse el cuento de la Barbie Patriarcal. Habemos otras a las que no nos interesa que asocie la cabeza rapada con ser feminista, tanto es así que yo, sin serlo, llevo mi cabeza rapada, pero no porque un movimiento ideológico que no comparto lo diga, sino porque hace mucho calor donde yo vivo. Las mujeres que caen en la trampa y acuden a “Cirugías con Marián” están en su libre derecho de hacerlo. No hay un patriarca pidiendo eso, es más, si le preguntan al marido, el 90% de las veces preferiría ahorrarse el dinero de los implantes de su señora y comprarse una potente motocicleta.

Son las mujeres las que suelen acabar a otras con la crítica. ¿Han escuchado a una mujer criticar la apariencia de otra? A veces somos -me incluyo- muy crueles. Muchas mujeres -esta vez no me incluyo- llaman a otras mujeres “putas” por dar facilidades en entregar sexo a un hombre, cosa que una mujer considera como su “súper poder”. Una mujer empoderada que niega a su marido tener sexo, que lo manipula con eso, que lo usa, sobretodo cuando es su esposa y usa el sexo para esposar a su marido. Que haya una puta suelta por ahí pone en peligro a las mujeres que sobrevaloraron su himen. Es como si alguien pusiera un puesto de mangos al pie de un árbol de mangos. Para qué pagar si puedo obtenerlos gratis. Y extrapolando el factor “dinero” en este ejemplo, vendría a ser el matrimonio, ese contrato que algunas personas consideran como titulo de propiedad sobre la otra persona. Las mujeres que atraen hombres y les dan lo que ellos quieren son mala competencia, rivales peligrosas.

Afortunadamente, cada vez vemos más mujeres luchando por la verdadera igualdad. Mujeres que a más de arreglarnos para vernos bonitas, nos preocupamos por cosas menos superfluas como que hay índices alarmantemente altos de demandas falsas de mujeres contra hombres. Hay mujeres que hemos cuestionado nuestros privilegios y le cedemos el asiento a un bus a un hombre que luce cansado o cargado de paquetes. El femihembrismo está cayendo tan bajo que parece una parodia de sí mismo, y cada vez hay más mujeres feministas que buscan alejarse de la androfobia tanto de las feminazis como de las “cabronas” que beben lágrimas de hombres. Muchas veces las mismas feminazis que se quejan de la “cosificación” se contradicen pidiendo “libertad para todas las mujeres” y nos llaman “machirulas” a las mujeres que simpatizamos con los movimientos pro derechos de los varones. Somos mujeres que hemos sabido ser honestas al aceptar que la “brecha salarial” y la “cultura de la violación” son falacias refutables con hechos y cifras. Que muchas ya hemos madurado lo suficiente para que no nos humillen las palabras escritas en masculino, que apreciamos nuestro idioma sin cambiarlo por caprichos que debería tratarlos un psiquiatra. Somos muchas las mujeres que nos preocupan los índices de suicidio tan altos en hombres, la falta de recursos para enfermedades que solo los afectan a ellos, y la nula seriedad con que se manejan temas de hombres maltratados por sus parejas. Somos mujeres que agradecemos en la medida justa el hecho de tener derecho al voto y la educación conseguido por la primera ola del feminismo, y que no vemos necesario en la actualidad victimizarnos señalando histéricamente al malvado patriarcado y una supuesta deuda histórica que debe pagar todo ser humano que tenga pene y lo ejerza. Somos muchas las mujeres que defendemos los derechos humanos sin preferir un género sobre el otro. Lo bueno es que cada vez somos más las mujeres que nos preocupan los problemas de los varones porque amamos a alguno, o en mi caso, a algunos: mi marido, mi padre, mis cuñados, mis sobrinos, mis amigos.

Crédito de la imagen: Unsplash.

© 2015, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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