Mujer de caro mantenimiento

A todo hombre, o al menos, a la gran mayoría, le gustan las mujeres arregladas. El arreglo femenino es costoso y toma tiempo. Para que el cabello nos luzca sano y sedoso, nos lleva horas en la peluquería, cepillándonos, planchándonos, aplicando keratina, tintes iluminadores, cubriendo canas, o cambiando el color para vernos diferentes. Las manos lucen atractivas usando crema a diario, y yendo a la peluquería al menos una vez a la semana. Los pies ¡oh sagrado fetiche! necesitan pedicure semanal, para eliminar asperezas, callosidades, uñeros y todo resquicio de descuido que opacan su belleza. El vestuario moderno es costoso también. A eso sumemos gimnasio, spa y para casos desesperados, bisturí. Yo siempre abogo por la belleza natural, destacar puntos reales sin tratar de cambiar lo que la naturaleza por genética nos ha dado. Sin embargo, no me niego los placeres del dolor que la cera otorga, pues la belleza de una piel sin pelo lo valen.
El hombre que tache de superficial a la mujer que se dedique a estos menesteres, o es hipócrita -pues bien se le van las babas por aquellas chicas perfumaditas-, o es tacaño -todo lo que he enumerado, que no es todo lo que las féminas hacemos por seguir bellas-, cuesta, y bastante. Cuesta no solo dinero, se debe invertir tiempo para estar nítidas, lindas y hermosas.
Toda etapa de la mujer es bella. Desde la lozanía de la juventud hasta la serena madurez. ¿Por qué no tener paciencia cuando una mujer se toma horas en el baño, peluquería o spa para estar espectacular? Sobretodo cuando a partir de cierta edad, los poros nos lucen abiertos y las piernas celulitosas por tanto, necesitamos más tiempo y esfuerzo para mantener esa belleza que atrae y que enamoró al principio. El estar casada no debe ser la trampa en la cual la mujer se vuelve fondonga, desarreglada y perfumada solo con menticol. La convivencia implica verse en todo momento, así que el reto es mantenerse preciosa. Cuando el intelecto logró enamorar, que no sea el aspecto el que decepcione y envíe al marido directo a mirar a las otras mujeres que sí se dedican tiempo para sí.
Seguiré en la peluquería, entraré al quirófano cuando lo requiera… sin cargos de conciencia. Porque no quiero ser la vieja fea que siempre critiqué.

© 2012, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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  1. Es irónico pensar que tenemos que arreglarnos tanto por alguien que tarde o temprano va a babear igual por otra mina, porque más que mal, no se puede evitar la edad. Me molesta en demasía sentir que así es, porque el hombre no es capaz de ver la belleza femenina tal cual es, valorándola incluso mientras envejece. Y por lo demás me resulta patético que muchos sean tan cobardes. Porque la mayoria de los problemas de infidelidad, vienen cuando aparecen más problemas familiares, de los cuales los hombres torpemente se quieren alejar llegando al regazo de otra mujer. ¿Porqué preocuparnos tanto de ellos? Si al final, son ellos los que no pueden vivir sin nosotras, porque lo que son las mujeres, muchas podemos estar solas valiéndonos de nuestros trabajos y sueños.

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