No fumarás

Cuenta la leyenda en el Génesis, que Dios puso al hombre y a la mujer en un Edén paradisíaco, un jardín impresionante lleno de frutas y flores maravilloso. Entonces Dios les dijo: “podrán disfrutar de todas los frutos de este jardín, excepto el árbol del bien y del mal”. En las traducciones subsecuentes, se interpretó este árbol como un manzano. ¿Pero no sería más lógico pensar que era un arbusto de cannabis? El consumir el árbol del bien y del mal abre los ojos al conocimiento. Tal y como sucede con aquella yerba malsana inspiradora, que hace escuchar los colores y percibir los sonidos como nunca antes. Pero mi artículo no quiere tocar este punto de ninguna manera. Solo fumo tabaco, y de esto es que voy a hablarles hoy:

Es un vicio horrible, lo tengo claro, y no se lo recomiendo a nadie. Inexorablemente va minando mi vida, adentrando humo cargado de toxinas, alquitrán y nicotina a mis pulmones, formando células cancerígenas o en menor grado, un bonito enfisema que me matará algún día… pero será ese día. Mientras, seguiré fumando. Aprendí a fumar a los 16 años, como toda adolescente curiosa, entre amigas, escondidas, pero no fue hasta mucho después que me envicié. Adquirí este feo vicio ya bien adentrada en mis veinte años, exactamente a los 26 años, es decir, llevo una década inhalando veneno, con un paréntesis de casi 3 años mientras me embaracé y di de lactar. Un cigarrillo es mi compañero post-sexo, bajativo tras un copioso almuerzo, inspirador en momentos de vacío intelectual, expiador en mis furibundas reacciones. Adoro caminar en las calles de mi salvaje ciudad con un infaltable cigarrillo en mis manos, su cuerpo ardiente que se consume entre mis labios, su exquisito y amargo sabor llenando mis entrañas produciendo pequeñas felicidades con un alto precio posterior.

A pesar de las advertencias sobre no fumar que se muestran en el 25% de la superficie de las cajetillas, sigo suicidandome lentamente. A pesar de que ya no aparecen las publicidades de Marlboro en la televisión a ninguna hora, sigo gastando en cigarrillos. Estoy consciente del daño que hago en mi organismo. Sé que fumar mata, al igual que los microondas, teléfonos celulares y comidas enlatadas.  Mi bisabuela fumó desde mucho más joven que yo, a los 14 años ella fumaba 10 cigarrillos diarios hechos con tabaco y líados por sus propias manos. Luego cambió al dañino tabaco industrializado y siguió así hasta adentrados sus 90 años, cuando falleció de aburrimiento, su cuerpo fue inmune al cáncer. Recuerdo verla fumar, ella inhalaba de forma muy sensual el humo, lo retenía en la boca y lo exhalaba formando anillos, como los dibujos animados. Acompañada de una taza de café caliente recién colado, se notaba el placer que le producía el tabaco, y me transmitió ese deseo insano que ahora es propio.

Mi madre odiaba verme fumar. Yo evitaba a toda costa hacerlo en su presencia. Pero ahora que ella no está, fumo impunemente pues mi padre no me dice nada, y mi marido es tan o más fumador que yo. Evitamos hacerlo en casa, para no contaminar la atmosfera que respira mi pequeña hija.

Cuando empezaron las prohibiciones de dejar de fumar en centros comerciales, restaurantes y demás lugares cerrados, me sentí tan relegada por  ser fumadora. Simplemente ya no hay un reservado para fumadores, ya no se puede fumar. Y debo escapar de cuando en cuando a lugares abiertos donde mis venenos no perturben al prójimo. Nadie prohibe el asqueroso vicio del alcohol, será porque no hay emanaciones que afecten a los demás. Pero a los demás nos perturba la charla de borracho. Creo que estamos a mano, pues hay muchos sensibles a quienes les perturba el delicioso aroma del humo del tabaco.

No quiero de ninguna manera alentar a nadie a fumar. ¡Es horrible intentar dejarlo! Pero es uno de los placeres mundanos que mayormente disfruto, por ello, les pido abstenerse de darme consejos en los comentarios sobre cómo dejar de fumar, no quiero que me acupunturen, ni que me hipnoticen, ni ponerme parches, ni masticar chicles raros, no quiero autosugestión ni leer sobre las nefastas consecuentas del hábito del tabaquismo. Reitero, estoy consciente de todo ello. Y si yo misma no quiero dejarlo, no se preocupen por mí. He elegido una forma de morir, y espero sea respetada.

Los dejo, me voy a pegar un tabaco.

© 2010, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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Comments

  1. jajajaajajajajaj pues somos 2 también ya me resigne a morir de este rico mal, por cierto prueba esos tabacos de dealextreme electrónicos jajajajajajaja

  2. Pues más allá de las particulares aficiones de cada uno, creo que la paranoia antitabáquismo está alcanzando niveles de un paroxismo total. Como fumadores estamos obligados a respetar espacios abiertos y aquellos en los que estén personas que no puedan expresar su incoformidad con el humo de cigarrillo. Pero somos dueños de nuestro cuerpo y en ese sentido tenemos derechos a espacios en los que podamos satisfacer nuestro hábito. Aho incluso buscanb prohibir que fumemos en bares u otros lugares privados, lo cual está rayando en la idiotez. Debemos reclamar nuestro espacio y no permitir que se empiecen a crear guettos como si fueramos unos delincuentes. Tenemos derechos y hay que exigir su cumplimiento. Salud¡¡¡¡¡

  3. Esta bien Pito, no te voy a sermonear esta vez, pero que pena con quienes te quieres, porque estas decidiendo dejarlos siendo joven todavia; bueno, pero te tengo un par de buenas noticias:
    1) Voy a visitarlos y, si lo deseas, puedes comprar uno de esos cigarrillos electronicos a mi nombre para llevartelo en Junio; y
    2) Yo logre eliminar el vicio a los 10 años, que coincide con el tiempo que llevas, cambiando al consumo de los no industrializados como los que envolvia tu abuelita.

    Asi que es muy probable que siguiendo la misma estrategia, logres salirte de los componentes adictivos que le pone la industria tabacalera, como lo cuentan en la pelicula “El Informante” que tanto recomiendo en
    http://fernandoylet.wordpress.com/2008/10/25/el-informante/

  4. Yo lo dejé hace ya un año y no he vuelto a probarlo, y lo logré porque había un mal mayor: me empezó a dar migraña y el tabaco era uno de los principales desencadenantes. Ahora sólo pienso en cigarrillo y ya me duele la cabeza, no soporto ni su olor en las manos de alguien que ha fumado. Así que a todo el que quiera dejar de fumar le recomiendo que le dé migraña.

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