No hables sobre lo que no te gusta

Trata de no pensar en un elefante. Ajá, por eso, no hables sobre lo que no te gusta. El hacerlo solo le da fuerza a esa realidad, la alimenta, la pone por doquier, la hace aparecer por todos lados. Desde que ya no me quejo del regetón ya ni siquiera sé cual es el “éxito del momento”. Igualmente, no tengo que quejarme del fútbol, a nadie le importa que a mí no me gusta. ¿Para qué perder el tiempo pensando en eso?

A pesar de parecer tan obvio, tan de “libro de autoayuda”, siempre me regodeaba hablando de cosas que no me gustan, quejándome o burlándome. Y sí, fue tiempo perdido, lo acepto. Acepto que estaba equivocada y ahora que me he dado cuenta intentaré no caer más en la tentación de quejarme o hacer comentarios cargados de cinismo.

En lugar de eso, porque no alimentar los intereses, preferencias, investigar las pasiones de siempre, retomar ese hobbie de adolescente, aprender eso que siempre se pospone. Es increíble como al dirigir nuestra atención hacia aquello también atraemos a gente afín a esa experiencia. Y esto lo digo también como un testimonio personal de los maravillosos cambios que se están dando en mi vida.


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