Nostálgicamente empapada

Ayer la lluvia me sorprendió, bañandome de pies a cabeza… a las 4 y media empezó una garúa delicada que colgaba pequeñas gotas en los transeúntes que subían al bus en el que yo estaba embarcada. La gente sudaba, el olor era indescriptible, asqueroso. La lluvia se volvió más abundante, y las ventanillas del bus empezaron a cerrarse, encerrándose el nauseabundo hedor dentro de la lata transporta-populacho, conocida como bus. Ahi iba yo, asqueada y absorta escuchando música que me aisle de la bachata que inundaba el bus. Las calles empezaban a inundarse. Resguardada en el pestilente vehículo, ajena al griterío exterior, mis pensamientos divagaban a meses atrás, cuando inesperadamente, la música de mi celular se interrumpía al recibir llamadas “para saber cómo estoy” y al responder “estoy en el bus”, recibía un “bueno, entonces la llamo más tardecito cuando llegue a su casita”… Ahora mi teléfono está mudo, silente, la música que me protege del vallenato no es interrumpida por aquella llamada de la tarde.

Al atravesar el puente, la lluvía se convirtió en diluvio. El agua se filtraba por todas partes, la gente se amontonaba, el bus bajó la velocidad. No se podía ver nada al exterior. Tears for fears sonaba en mis oidos… y las lágrimas del miedo que siento por mi incierta situación se confundían por las gotas de lluvia que ingresaban por una rendija del techo del bus. Al llegar al pueblo, mi destino, el cielo literalmente se derramaba. No se podía escuchar nada más que el agua, como dentro de una catarata. Me bajé del bus. El agua me daba por las rodillas (a otras personas les daba por la cintura, las ventajas de ser alta…) Corrí a casa. En esos momentos de “corre que te mojas”, en los que aparentemente lo único que importa es llegar a ponerse a buen recaudo, yo seguía en mi nostalgia… de no enviar ningún mensaje diciendo “llegué bien, aunque empapada”… de no esperar ninguna llamada. De no tener ya nada que esperar. Y no entender lo que realmente pasa. Corrí. Di largas zancadas para llegar a casa. Son aproximadamente doscientos metros los que separan mi casa de la calle. Llegué con el corazón en la garganta. Mojada hasta la médula. Tiritaba. Como aquella vez que salí del baño, solo cubierta con una toalla de motel, que apenas me cubria los pulmones, y pude tener su cuerpo tibio para darme calor. Ya no. Llegué. Mi familia me esperaba, “a Pitonizza le cogió el aguacero…” Y no llevé paraguas, por eso llovió, cada vez que lo cargo, no llueve, el buen Murphy tenía razón… pantalón casi nuevo + blusa de estreno + zapatos prestados = lluvia asegurada. Llegué directamente a la ducha. Me saqué todo. Estaba usando mi hilo favorito, el verde perico, “alianza país”, el que me puse cuando fui a votar por Correa… el que me puse cuando salía con ese “alguien” especial que ya no está… mi hilo estaba mojado, el agua había atravesado mi jean. Estaba mojado de agua de lluvia, no de fluidos secretados por estímulos del amor. Era lluvia, fría, intempestiva. Me bañé rapidamente. Twittié al respecto. Almorcé un gran plato de arroz con sardinas. Y al prender mi pc, una sorpresa. Bueno, sin esperanzas, hopeless, cuidado me estrello. No temo en “venganzas”, “los hombres son malditos”, “ten cuidado con lo que hagas”.. No, porque NO. Y a pesar de no tener una conversación normal, ni una charla que se extienda más allá de 10 líneas en el msn, NO lo creo capaz de “la venganza”. Aunque la merezca. La nostalgia persiste. Las largas conversaciones de la noche ya no se dan. Estoy callada, frente a la pantalla. Ya no tengo mi celular siempre a la mano. Ya no cuido de tener conectado mi teléfono. No desgasto el F5 para ver si llega un mensaje nuevo. No estoy pendiente de mi e-mail. Supongo que la nostalgia se quedará ahi. Y que las cosas que me recuerdan el ayer siguen ahi, recordandome el ayer. Y mis imprudentes posts que pueden aproximarlo más a decidir “yo no me vuelvo a meter con esa man” continúan publicándose. ¿Aprenderé? La soledad es mala consejera.

Anoche, fieros truenos retumbaron mis “regresa…”… hoy, el cielo me acompañó en mi llanto, que se ha hecho más discreto, más interior…

¡¡¡Extraño terriblemente la barrenadora…!!! ¿Vendrás por tu tesoro? … sigue ahi, esperando… reservado exclusivamente para ti… hasta que te decidas volver.

© 2008, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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Comments

  1. No sabes como te entiendo, cada palabra, cada gesto escrito por ti lo vií en carne propia y duró mucho el dolor,pero al fin respiro nuevos aires, no te digo el tiempo pues podrías quedarte sorprendida. tú sabes perfectamente quien soy y digas lo que digas EXISTE ALGUIEN QUE NO TE SUELTA DE LA MANO.

  2. Me había alejado un poco de tu blog, pero he vuelto, quiero regalarte unas líneas de una canción muy especial para mí, que me hacen recordar tu situación actual y la mía hace algún tiempo, del maestro Sabina…

    Extraño como un pato en el Manzanares,
    torpe como un suicida sin vocación,
    absurdo como un belga por soleares,
    vacío como una isla sin Robinson,
    oscuro como un túnel sin tren expreso,
    negro como los ángeles de Machín,
    febril como la carta de amor de un preso…
    así estoy yo, así estoy yo, sin ti.
    Perdido como un quinto en día de permiso,
    como un santo sin paraíso,
    como el ojo del maniquí,
    huraño como un dandy con lamparones,
    como un barco sin polizones…,
    así estoy yo, así estoy yo, sin ti.

    Más triste que un torero
    al otro lado del telón de acero.
    Así estoy yo, así estoy yo, sin ti.
    Vencido como un viejo que pierde al tute,
    lascivo como el beso del coronel,
    furtivo como el Lute cuando era el Lute,
    inquieto como un párroco en un burdel,
    errante como un taxi por el desierto,
    quemado como el cielo de Chernovil,
    solo como un poeta en el aeropuerto…
    así estoy yo, así estoy yo, sin ti.
    Inútil como un sello por triplicado,
    como el semen de los ahorcados,
    como el libro del porvenir,
    violento como un niño sin cumpleaños,
    como el perfume del desengaño…,
    así estoy yo, así estoy yo, sin ti.

    Amargo como el vino del exiliado,
    como el domingo del jubilado,
    como una boda por lo civil,
    macabro como el vientre de los misiles,
    como un pájaro en un desfile…,
    así estoy yo, así estoy yo, sin ti.

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