Novelita turra, parte 1

Con el dolor de cabeza provocado por el sol incandescente e implacable que hizo hervir hoy el asfalto guayaquileño, no tengo ánimos de postear. Asi que ahi les va la primera parte de una novelita turra que escribí hace algún tiempo. Sé que no les gustará, pero no me importa. Es un tema trillado, ya lo sé. Yo escribo porque me gusta hacerlo. ¿Críticas? Allá donde ya saben.

Lo último que Lisa recordaba eran las luces del vehículo que velozmente se dirigía hacia ella, como ojos de felino en la oscuridad. Un fuerte impacto… fue todo. Al abrir los ojos, una escena mil veces vista en aquellas películas de ficción. Ambulancias ululando, policias acordonando el área. Paramédicos sacando un cuerpo destrozado de entre los hierros retorcidos. Extrañada, miraba a su alrededor. Vio su vehículo hecho trizas, en iguales condiciones que otro, el que la embistió… En medio de aquellas ruinas, encontró la cadena de oro que siempre usaba… No consiguió asirla entre sus dedos. Notó entonmces que nadie podía verla, ni escucharla. Fue en ese momento que comprendió… ¡Las doctrinas de la vida despues de la muerte tenían razón! Su espíritu era el que rondaba la escena del horrible accidente. Su cuerpo estaba bañado en sangre, su rostro deformado, parecía haber explotado. Viró la cara con horror, no podía seguir viendo su propio cadaver mutilado. Sin embargo, al virarse, vió otro cuerpo… Un hombre, destrozado también… Muchas personas empezaron a llegar; vio llegar a su madre, quién al reconocer el cadaver se desmayó… Nada podía hacer para consolarla: “estoy bien mamá” trataba de decirle… “Estoy bien?” se repitió para sí misma.. ¿Estoy? ¿Donde estoy? Se alejó un poco, hasta tropezarse con un hombre, quien parecía igualmente desorientado.
– Disculpe… ud… ¿puede verme?
Perplejo, él le contestó
– Sí… obviamente ud también…
Lisa advirtió que aquel hombre era el mismo cadaver destrozado que reconoció en la escena del accidente…
– Estamos…
– Muertos. Ya lo advertí. – dijo mientras se sentaba en la vereda. Lisa se sentó junto a él…
– Y ahora… pensé que sería distinto.. me dirigía a una cita a ciegas.
– Mi mujer me llamó… entró en labor de parto… por eso no medí la velocidad y…
Estalló en sollozos. Lisa comprendió que habían razones para llorar. Todo quedó paralizado para ellos. Puso su brazo sobre el hombro de aquel desconocido, y cerró sus ojos, recordando aquella tarde.

– ¿Vas a salir, Lisa…? Las luces del carro no andan muy bien.
– Sí mamá.. solo voy a dos cuadras de aquí, además, la noche está muy clara. Si me va bien, me regreso en el carro con Julio.
– Julio, Julio.. no sé porqué no me termina de inspirar confianza tu amigo.
– Mami, lo conozco ya por seis meses… ya es hora de que nos veamos cara a cara.
– Tratar a una persona por Internet no es conocerla… No vayas Lisa… tengo un mal presentimiento…
– Mami.. por favor.. qué crees, que Julio es un sicopata que atrae mujeres por Internet para asesinarlas y coleccionar sus fémures.
– Callate Lisa… no te burles de mi.
– No pasa nada mami.
Se había puesto un vestido negro, a media pierna. Un sugestivo escote en el que se escondía un dije que colgaba de su “cadena de la suerte”. Mientras terminaba de arreglarse, su madre entró a la habitación…
– No vayas… siento algo muy feo aquí… – y tomó las manos de su hija, llevandolas a su pecho.
– Mami, por favor, tranquila, voy a llevar el celular, yo te llamo. Ya tengo 19 años, no debes sobreprotegerme. Me siento tan cómoda con Julio, tenemos tanto en común…
Lisa tenía uno de esos “romances cibernéticos” que la gente adulta no entiende. Se quedaba por horas “chateando” con Julio, intercambiaron fotos, videos, conversaban a diario por teléfono. En las fotos, Julio se veía muy atractivo. Y esa noche, finalmente, Lisa lo conocería.
– Chao mami. Voy a estar en Tony’s.

Lágrimas corrieron por sus mejillas. A la distancia, veía a su madre llorar a gritos. Su presentimiento se había cumplido de la peor forma. Quiso persistir en sus propios pensamientos, cuando el desconocido a su lado le habló.
– Iban a ser gemelos. Por fin mi mujer pudo quedar embarazada. ¿Porqué debí dejarla sola?
– No es justo.. yo apenas tengo 19 años, iba a tercero de Comercio Exterior. Y me habían contratado de Jefa de Comercialización en la empresa en la que hice las pasantías.
– Pero no tenías un amor a tu lado… mi mujer, Eloisa, ¡la he dejado sola!
– Quizá esta noche conocería a mi verdadero amor.. pero tú te interpusiste.
– ¡No te vi!
– Ibas a 120 kilómetros por hora.
– ¡Mis hijos iban a nacer hoy!
Los dos espíritus se abrazaron, llorando. ¿Qué caso tendría encontrar un culpable?

El destino puede ser tan intrincado.
– Desde que Eloísa cumplió 30 semanas, empecé a llegar a casa a las 5 y media de la tarde. Ella ya no podía moverse con facilidad, y prefiero estar a su lado, a pesar de que ella nunca se queda sola en casa. La cesárea se había programado para pasado mañana. Yo estaba firmando un contrato que me haría rico.. por eso me quedé hasta tarde… cuando me llamó mi suegra para decirme que Eloísa rompió fuente y que estaban saliendo para la clínica. Por eso salí como loco… Yo nunca tomo esta calle, siempre me pareció oscura y peligrosa. Pero por querer escapar del tráfico, me encontré con la muerte.
– Te encontraste conmigo… – dijo Lisa. Había advertido en los ojos de… cómo se llama…- disculpa, ¿cómo te llamas? Me llamo Lisa
– Disculpame Lisa, pero no estoy de humor para hacer amistades “espirituales”…
Y se levantó de ahi, aproximándose nuevamente a la escena del accidente.

Lisa lo siguió. Lo vió acercarse a un hombre, casi de su misma edad, quien hacía llamadas desde su Blackberry. Intentando inutilmente que éste lo viera, retrocedió. Lisa lo tomó del brazo..

– No puede verte.
– Es mi socio. Estará llamando a Eloisa. Él no sabe que ella está en trabajo de parto.
– Déjalo. No puede verte. Ya no puedes intervenir en sus vidas.

Pero él, ignorando las palabras de Lisa, insistía…

– Daniel, mirame, estoy aquí, soy un fantasma.. mírame… no llames a Eloísa.. está a punto de dar a luz. Soy Martin.

“Ajá.. se llama Martín… Y es muy guapo..” pensó Lisa. Y un frio de nostalgia la sacudió… De pronto, un sonido familiar la sacó de sus recuerdos… era su celular, sonaba insistentemente. Un policía lo tenía. Ella, olvidando que no podía interactuar en la escena, se dirigía a gritos a aquel policia:

– deme acá.. es Julio, mi novio… debe estar preocupado… preste.. deme mi teléfono.

El policía pareció escuchar las súplicas de Lisa. Y sacó el teléfono de su bolsillo, solo para apagarlo.

Lisa y Martin se derrotaron en el mismo momento. Volviendo a alejarse, se sentaron en la vereda nuevamente.
– Es inutil… estamos muertos, somos fantasmas… espíritus.- dijo Lisa
– Si al menos pudiera espantar en alguna vieja casa.
– Eso no lo sabemos todavía. No sabemos si podriamos. Yo ni siquiera puedo asir las cosas… – y demostrandolo, trató de agarrar una hoja de un arbol que volaba haciendo circulos con el viento.
– Qué hizo Patrick Swayze en este momento?
– Patrick ¿qué?
Martin sonrió por primera vez…
– No viste Ghost.
– ¿Casper? ¡No me gustan las peliculas animadas!
– No… con Demi Moore y Woody Golpherg
– No, no veo películas..
– Bueno, en esa película, el novio es asesinado y trata de hacer justicia….
Lisa lo interrumpe…

continuará el otro sábado…

© 2008, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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