Olvida tus metas

Siempre nos dicen que debemos tener objetivos, metas claras, ambiciones. Para la sociedad actual, aquello significa acumular cosas materiales, alcanzar logros ya sean profesionales, deportivos, artísticos luego de ardua disciplina y perseverancia. Sin embargo, durante la búsqueda de dichos objetivos nos perdemos en un mar de ansiedad y estrés. Las metas nos obligan a mirar hacia adelante, el futuro, lo cual nos podría hacer perder de lo único tangible que tenemos: el momento presente.

El momento presente es todo lo que tenemos. Está aquí, es valioso, es un recurso que aprovechamos cuando hacemos consciencia. Es ahora cuando podemos hacer algo por nuestras metas, en plena presencia. Elimina la presión de lograr objetivos, y presta atención a tu guía interna, todos la tenemos. En los animales y plantas, esta guía es instintiva. En los humanos y seres más evolucionados, esta es una conexión directa con la fuente de infinita inteligencia, esa que llamamos inspiración o intuición.

Olvida tus metas, vive aquí y ahora.

Olvidar las metas no implica falta de disciplina, autoindulgencia o procrastinación, al contrario, la presencia plena es una disciplina para la mente y una mente disciplinada es una mente clara. Cuando estamos aparentemente en silencio, nuestra mente indisciplinada suele divagar en el pasado o el futuro, buscando respuestas en recuerdos pasados o excesivos planes que buscan controlar lo incierto. Esto es un desperdicio de nuestro recurso más preciado: el ahora mismo, aquí, este momento.

Por muchos planes que tengamos, por mucho que pensemos en todos los imprevistos posibles, siempre hay la probabilidad de que las cosas no salgan como las habíamos programado. La mente que está en el presente, sabe cómo sortear las dificultades que aparecen en el camino, como cuando hacemos rafting, nadie espera tener un mapa con las piedras exactas de lo que hay que esquivar. Eso se verá en el momento. Cuando llegue. En otras palabras, tenemos dirección, pero los detalles no están escritos en piedra.

La guía interna nos habla en el silencio.

Para acallar la perenne conversación interna de nuestra mente indisciplinada, a mí me funcionó la meditación. Recomiendo cinco minutos al día, cada día antes de hacer nada. Este silencio al principio es interrumpido por la voz interna: “no hay tiempo para esto Priscilla, hoy tienes esto y esto pendiente por hacer”. Poco a poco, esa voz se va callando. Los pendientes se resuelven en orden, la inspiración me llega, el plan divino me es transmitido.

Se te va a notar en tus reacciones, manejo de ansiedad, aceptación de situaciones, entre muchos otros beneficios. Olvida tus planes y empieza a meditar cada mañana. Resultados garantizados si lo haces con perseverancia.

 

© 2018, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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