Palabras que ofenden involuntariamente

No solo las “malas palabras” resultan altisonantes para todos. Hay algunos con tímpanos tan delicados, tan sensibles, tan vulnerables y frágiles que se returcen de dolor ante la vibración de las siguientes palabras.

Anormal. Cuando a una persona le dicen que no es normal, se ofende, como si anormalidad es decir, el escaparse de una norma es algo “malo”. Lo paradójico es que esa misma gente que se enfada cuando le dicen que es anormal, también se enfadará si no reconoces su “original individualidad”.

Ignorante. Todos somos ignorantes de algo. Yo por ejemplo ignoro sobre agroquímica, hebreo antiguo, la hidrografía de Europa… Soy ignorante de muchas cosas. Eso no es algo malo, al contrario, es aliviante saber que todos somos ignorantes, que no debemos que tener las respuestas a todo siempre.

Chola. Decirle chola a una chola despierta la fiera chola que mora en su interior. Es que la chola intenta tantas cosas para dejar de parecer chola sin lograrlo. Y como no se escapa del formato “chola” se enfurece cuando alguien nota esto y lo menciona en voz alta. Cuando en este país todos somos mestizos, cholos, serranos, indios, negros. Sí, este apartado va para esas palabras también, ahora el lenguaje políticamente correcto con su grisacea forma de expresar las “debilidades” y evitar discriminación verbal: la-que-más-duele.

Señora. Para algunas mujeres ya mayorcitas pero que no se han casado ni tienen hijos, el llamarles “señora” es una ofensa mucho más grave que si la confuden con una trabadora profesional del oficio más antigüo del mundo. Hay que corregir de inmediato con un sonoro “señorita” que reinvindique la virginidad de la mentada dama. Que el “señora” también añade años es otra razón para que algunas jóvenes treintonas que parecen cuarentonas parecen enfadarse con especial ahínco.

Tú. Tutear a alguien de mayor edad creo era inapropiado en el medievo. Sin embargo, aún hay quienes hacen que sus hijos los traten de ud. Ese “ud.” que es un pedestal imaginario de autoridad o superioridad, que denota poder, que aleja. Será que soy tan dada a que me tuteen, que no puedo comprender cuando alguien se siente ofendido porque le tratan de “tú”. La excepción que le doy a esta regla es cuando el tuteo va acompañado de señales de coqueteo no deseado. Yo cerré las puertas a los flirteos furtivos hace mucho tiempo, por ello en ciertos casos marco distancias infranqueables que incluyen el trato de “ud”.

—– . Existen palabras que ofenden cuando NO se mencionan. Una profesión o título nobiliario es algo que debe ostentarse, repetirse como letanía y grabarse en letras de oro. Y claro, añadirlo al nombre en Facebook.

En todo caso, ante esta y otras situaciones que presentan resentimientos y malos entendidos por la hipersensibilidad ajena, revisaré lo que dicen las Sagradas Escrituras:

 

Words like violence break the silence (…) Words are very unnecessary, they can only do harm.

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