Cuidado con la Perezitonitis

Los parásitos del tiempo son aquellas actividades que nos hacen desperdiciar la oportunidad de aprender, mejorar, colaborar o avanzar. Cualquier actividad que nos aleja de esos verbos —acciones— es un parásito del tiempo. Una actividad que necesita de tu atención para existir, por eso es un parásito, se alimenta de los momentos en que consumes con ella. Adicciones, malos hábitos, proyectos dejados a medias, todo esto debido a no haberse desparasitado a tiempo.

La pereza es uno de los parásitos de tiempo que mantiene al afectado en un estado de sopor, inactividad, desidia, síntomas que llevan a la postergación de tareas, búsqueda de satisfacciones efímeras y vanas, y un obvio bloqueo en nuestro proceso de expansión. Un individuo que enferma de perezitonitis sufre la inflamación del niveles aceptables de pereza. Por que admitámoslo, ver esa cocina llena de trastes por lavar nos causa una natural repulsión. Es natural que pretendamos ahorrar la energía. Pero al dejarse dominar por la pereza, se inflaman esos niveles, cayendo en los anteriores estados no deseados de existencia: inactividad, desidia, sedentarismo, conformismo y medriocridad.

El ojo es el primer afectado por la perezitonitis. Tus ojos ven un lavadero lleno de platos sucios. Tu mente calcula el esfuerzo a realizar y el tiempo que le costará. Si dejas que la perezitonitis avance, es decir, no tomas acción pronta, el proceso se agudiza y haces un trato mental que mantiene a la perezitonitis inflamando el buen uso de tu tiempo.

  • Más tardecito lavo todo.
  • Dejo las ollas remojando.
  • La cocina solo la lavo en las noches.
  • Mañana los lavo.

Bla, bla, bla. Ese cotilleo mental es como la perezitonitis empieza su inflamación. Así la perezitonitis se vuelve aguda, y hace que tus ojos se acostumbren a evadir la acción. “Un ahorro de energía fantástico”, piensas mientras miras para otro lado. Hacia lo que te distrae. Consumiendo tu tiempo. Consumiendo tu vida.

La vida es lo que hacemos con los minutos que nos quedan. Así de sencillo. Cada minuto que pasa es pedacito de vida que se va. Cuando eres joven, no te das cuenta de ello, vives haciendo de tu vida una fiesta, o un melodrama. Crees que el tiempo es infinito, crees que la juventud no se te marchitará. Vives lo que tú has creído que vas a vivir. Hasta que haces consciente que cada minuto que pasa te mantiene en una condición de vida, o te arrastra a algo peor. O a algo mejor, mucho mejor. La probabilidad de expansión es enorme. Todos tenemos ese potencial, pocos tenemos el control sobre lo que nos arrastra a una u otra situación. Para tener ese control debemos visualizar lo que hacemos con el tiempo que nos queda de vida, tiempo que es incierto, por ello la urgencia de aprovecharlo al máximo.

 

Foto tomada de Flickr.

© 2017, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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