Petronila capítulo 5

Petronila se trepa a un árbol

Decidida a dejar de hincar al mango verde para que caiga en sus redes, Petronila decide ir hasta él. Sin importarle nada, se trepa por sus ramas, hasta llegar al habitat donde cuelga verde, brillante y ácido, que delicioso es el manguito inmaduro. Mmm.. luce apetitoso, piel firme, pulpa aún aceda, irresistible. Lo degusta un buen rato, incrementando el estado alucinógeno en el que se encontraba, pues todos saben que comer yerbas y mangos verdes causa alucinaciones. Una vez satisfecha, mira a su alrededor.

Un caos, y no se refería al aparente desorden imperante en las ramas del árbol. Eso no la sorprende, pues Petronila vive en un chiquero aún más caótico. Lo que le sorprendió fue ver la desorganización propia de los mangos a esa tierna edad, que lo llevan a abrir monton de ventanas, dejando inconclusas tareas. Petronila mira una vez más a su alrededor, poniendo ahora atención en los demás habitantes del árbol. Ardillas que juguetean con el mango, lindas, traviesas, con colas de colores exóticos, parecían pelucas. De inmediato Petronila entendió que la ardilla jugaba con el mango. Todo a su alrededor estaba inmaduro. Miró todo el jardín… lindo, muy lindo. Pero Petronila no vive en árboles, vive en una casa. Y se bajó, feliz de haber comido algo de fruta aceda y tropical. Y segura de que regresaría a esas alturas. ¿O ya no más?

Una vez abajo, y algo alterada, se refugió en Journ, quien le debia un café y 10 mil abrazos salpicados de colores. En un reducido refugio inmerso en la gran ciudad, dieron rienda suelta a sus instintos, por una hora Petronila se dedicó a sentirse saboreada. Y se marchó.

¿Volverá Petronila a comer mango?

¿Se hará adicta Petronila al café?

¿Dejará la salprieta para siempre?

¿Y el candadito del sur?

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